LA PREHISTORIA DEL SANCHISMO
A lo largo de todos estos años, he venido manteniendo que para entender el comportamiento de Sánchez y todo lo que en este tiempo ha sucedido, incluso para adelantarnos a sus acciones, hay que remontarse al origen, al menos desde el momento en que gana las primeras primarias. Por una parte, el Sánchez de ahora estaba ya en germen en el Sánchez de entonces. Y, por otra, resulta difícil de explicar cómo un desconocido a nivel nacional puede hacerse con el PSOE para transformarlo radicalmente, si no analizamos las circunstancias en las que en ese momento se encontraba el partido.
Porque consideraba de interés esta etapa, publiqué en El Viejo Topo, en plena pandemia, un libro titulado Una historia insólita, EN el que recopilaba una serie de artículos escritos a lo largo de ese tiempo. En cada uno de ellos trataba de uno de los muchos acontecimientos que se habían ido sucediendo en los cinco o seis años anteriores y que consideraba inauditos. Todos ellos explicaban lo que ya entonces me parecía una situación totalmente sorprendente, aunque nada comparable, desde luego, con lo que se ha producido luego, pero que ya lo presagiaba. He creído siempre que se ha tratado poco y se ha dado poca relevancia a esa época previa al mayo de 2018, que podríamos denominar la prehistoria del sanchismo, lo sucedido antes de que Sánchez, con 85 diputados y apoyado en un haz de intereses espurios y bastardos, se hiciese con el gobierno. Y he creído también que su estudio explica mucho de lo que ha acaecido después.
Es significativo que Pedro Sánchez ingresara en el PSOE en el año 1993, precisamente cuando algunos antiguos militantes, como mi amigo Luis Velasco, se daban de baja escandalizados por la corrupción y por el cambio que iba experimentando el partido hacia el socialiberalismo. Fue ciertamente después de que Felipe González ganase por última vez las elecciones. Quizás, si el resultado hubiese sido otro, también habría sido otra la elección política de Sánchez.
No es preciso detenerse demasiado en esos primeros años suyos de militancia socialista. Se supone que, como otros muchos, intentando medrar en el escalafón, concejal en el Ayuntamiento de Madrid desde 2004 hasta el 2009, fecha en la que sustituye a Pedro Solbes en el Congreso; sus escarceos de profesor en una universidad privada de tercer orden, su tesis copiada y un doctorado regalado.
Al mismo tiempo, se junta al grupo de los que pretendían hacer méritos con José Blanco —Pepiño—, aquel personaje de los teleñecos que parecía como el más bobo del grupo de Zapatero. A pesar de todo ello, en el 2011 Sánchez no logra salir de diputado, ya que se le sitúa en la lista en un lugar muy secundario, el número 11. El PSOE solo sacó 10 diputados.
Tuvo que esperar al año 2013, con la dimisión de Cristina Narbona, para retornar de nuevo al Congreso de los Diputados. A pesar de ello, de no haber pertenecido nunca a la Ejecutiva del partido, ni al Comité Federal, tan solo un año después, julio de 2014, cuando a nivel nacional era casi un desconocido, fue nombrado en un congreso extraordinario secretario general del partido como consecuencia de haber ganado las primarias. Tal ascenso meteórico hubiese sido totalmente imposible si no hubiese contado con el apoyo del ya dimitido Pérez Rubalcaba y de la entonces presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz.
En los mentideros corre la versión de que, tras la dimisión de Pérez Rubalcaba, Susana Díaz aspiraba a ocupar la Secretaría General, pero pretendía que su nombramiento fuese por una especie de aclamación, sin que hubiese ningún candidato alternativo, y por lo tanto sin obligación de presentarse a las primarias. El plan se frustró cuando Madina presentó su candidatura. Según cuentan, Rubalcaba y Susana buscaron entonces a un hombre de paja que prometiese y tuviera buena imagen, al tiempo que fuese dócil, para oponer a Madina, y apareció Pedro Sánchez. Sea esta historia real o no, lo cierto es que en el triunfo de Sánchez en esas primarias fue fundamental el apoyo de Rubalcaba y de Susana Díaz con toda la federación andaluza detrás. Todo ello, contemplado desde los acontecimientos posteriores, no puede por menos que inducir a la hilaridad.
El nombramiento de Sánchez como secretario general tampoco hubiera sido posible si el PSOE no hubiese introducido el sistema de primarias. Siempre he criticado este procedimiento. Me ha parecido que era una invitación al caudillismo dentro de los partidos. Si el líder es designado por las bases, difícilmente se va a someter luego a ningún órgano colegiado. El jefe conecta directamente con el pueblo. Pedro Sánchez era el primer secretario general socialista que era elegido por este sistema. Muy pronto, el hombre de paja se convirtió en hombre de hierro. Desde el principio acaparó toda la autoridad. Fue él quien eligió a la Comisión Ejecutiva, en lugar de que la Ejecutiva le nominase a él.
No tuvo ningún reparo en intervenir en las federaciones. En Madrid destituyó sin motivo explícito y sin ningún tipo de expediente al secretario general y a toda la Ejecutiva, llegando en el colmo de las malas formas a cerrar de la noche a la mañana los despachos para que no pudiesen entrar los anteriores responsables, y muy pronto dejó ver que él no responde ante ningún órgano colectivo, sino tan solo frente a las bases, es decir, frente al pueblo, sueño de cualquier dictador.
La situación se hizo patente en las elecciones de 2015. Como había sido elegido por los militantes, no se creyó en la obligación de dimitir por haber sacado los peores resultados de la historia del PSOE desde la Transición, contraviniendo así el ejemplo de Almunia y Rubalcaba, que lo hicieron a pesar de obtener resultados más favorables.
Los resultados electorales habían configurado un espectro del espacio político muy fragmentado. El entonces presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, fue consciente desde el primer momento del nuevo escenario, y siendo el PP el partido que más escaños había obtenido, invitó a una negociación inmediata a los líderes del PSOE y de Ciudadanos, partidos que consideraba claramente constitucionalistas, lo cual tenía sentido dado que la crisis económica aún no se había solucionado por completo y la cuestión catalana se vislumbraba como uno de los principales problemas de la legislatura. Su ofrecimiento era abierto, sin prejuzgar el tipo de alianza. Podría tratarse de un gobierno de coalición, un acuerdo de legislatura o simplemente de investidura. Dada la situación de Cataluña, quedaba descartado cualquier posible acuerdo con los partidos catalanes.
La oferta de Rajoy chocó con la oposición más radical de Sánchez y su famoso «no es no». Desde el inicio, se negó incluso a sentarse a negociar. La razón de esa postura tan cerril es que acariciaba la idea de conseguir la presidencia del Gobierno. Estaba dispuesto a dialogar con todos los partidos, excepto con el PP. No porque fuese de derechas, tal como argumentaba —Ciudadanos lo era tanto o más—, sino porque Rajoy le sacaba 33 escaños y lógicamente en cualquier acuerdo con el PP la presidencia del Gobierno caería en manos de los populares. Curiosamente fue ese «no es no» el que abrió la puerta a la ultraderecha en España, al tiempo que posibilitaba que el golpismo independentista terminase mandando en el Estado.
Lo primero que Sánchez intentó fue un acuerdo con Ciudadanos y Podemos, lo que resultó imposible ya que estas fuerzas políticas estaban en las antípodas tanto en el tema económico como en el territorial. Fracasada esta vía, comenzó a acariciar el único camino que le quedaba libre, la unión con todas las fuerzas independentistas que ya estaban en un proceso subversivo y pergeñando un golpe de Estado. Aun cuando Sánchez no formulaba abiertamente su objetivo, las sospechas se extendieron por el Comité Federal, supremo órgano entre congresos, de manera que sus disputas y desacuerdos con el secretario general se hicieron frecuentes, hasta el punto de que a Sánchez se le prohibió sentarse a negociar (no solo pactar) con cualquier formación política que defendiese el derecho a decidir, y Podemos lo hacía. El mismo Sánchez reconoce este hecho en su libro.
Sánchez confió en que unas nuevas elecciones le diesen mayor fuerza para imponer su tesis. Pero el resultado fue el contrario, el PSOE perdió cinco escaños y el PP ganó 14. Consciente de que el Comité Federal nunca aceptaría su alianza con los independentistas, proyectó astutamente convocar a 15 días vista unas nuevas primarias a la Secretaría General. Era evidente que estando en el cargo, contando con el aparato y con los medios económicos y en un plazo tan perentorio, estaba asegurado el triunfo. Pensaba convertirlo en una especie de referéndum, de manera que le diese la legitimidad necesaria para imponer su proyecto.
Fueron muchos los miembros del Comité Federal que se dieron cuenta de la maniobra, y decidieron abortarla. Dimitió la mitad de la Ejecutiva, con lo que según los estatutos, el secretario general debía dimitir automáticamente. Pero Sánchez era ya Sánchez y no estaba dispuesto a dejar el cargo bajo ningún punto. Se convocó un Comité Federal para dilucidar la situación, el 1 de octubre de 2016, comité que en los últimos días se nos ha hecho totalmente transparente,
Sánchez y sus acólitos sabían que estaban en minoría y se plantearon desde el principio abortar por todos los medios posibles el Comité Federal, medios que la publicación de los vídeos hace innecesario detallar. Tan solo aludir que entre ellos se encuentra una llamada a los militantes para que se manifestaran a la puerta de Ferraz. Parece que más que afiliados del PSOE fueron de Podemos e independentistas, los que acudieron. El mismo Torra, el que fuera después presidente de la Generalitat, apareció en las fotos. Señal inequívoca de que el proyecto estaba más adelantado de lo que parecía.
El propio Sánchez dio una versión incorrecta e interesada de ese comité afirmando que lo que se discutía era si se hacía o no a Rajoy presidente del Gobierno. No es cierto. Eso era tan solo la consecuencia. La cuestión principal se centraba en si el PSOE promovía y lideraba un gobierno Frankenstein. El corolario era que, si bajo ningún punto se quería la coyunda anterior y tampoco repetir las elecciones y perder aún más escaños, había que abstenerse en la votación de la investidura de Rajoy. Esta es la opción que por fuerza tuvo que tomar la gestora posteriormente y sirvió de argumento a Sánchez en las primarias, manteniendo que la causa de su cese era su posición negativa a dar el gobierno a la derecha.
También a veces se ha extendido la opinión de que el partido se dividió en dos partes más o menos iguales. Tampoco es cierto. Todo el que representaba algo en el PSOE, comenzando por los barones territoriales, se oponían a esa unión contra natura, mientras que en la otra acera se encontraban Sánchez y sus seguidores, la mayoría advenedizos y de muy segunda fila. Borrell era una excepción. Las huestes de Sánchez se redujeron aún más tras su dimisión. Væ victis. ¡Ay de los vencidos!, que exclamó el jefe galo. Se quedó casi aislado, con un pequeño grupo, la mayoría de ellos de muy dudosa condición y cualificación. Entre todos ellos destacaba Ábalos, que fue el que le animó a presentarse de nuevo a las primarias y le dio principalmente soporte, ya que contaba con una cierta estructura al ser el secretario general de la provincia de Valencia.
La pregunta relevante es cómo es posible que Sánchez ganase de nuevo las primarias. Al margen de la mediocridad de los candidatos alternativos, y las muchas trampas que, según van apareciendo, es que supo hacer una campaña claramente demagógica, despertando las pulsiones más sectarias de los militantes, en contra de lo que se consideraba el máximo enemigo y que peyorativamente denominaban «la derecha». Intentó que se olvidase —o al menos pasase desapercibido— su objetivo de pactar con los que ya entonces estaban preparando un golpe de Estado en Cataluña. Centró la campaña en atacar a la gestora acusándola de haber hecho a Rajoy presidente del Gobierno, ocultando que la convocatoria de unas nuevas elecciones habría dejado al PSOE en posiciones críticas. Esta estrategia de presentar un enemigo exterior, la derecha, será algo que utilizará en el futuro y empleará permanentemente.
Elegido de nuevo secretario general, no dudó ni un instante en establecer un régimen caudillista en el que el líder se comunica directamente con la base y solo ante ella responde. Convocado un nuevo Congreso, cuya composición fue a su conveniencia bajo el eslogan «somos la izquierda», modificó los estatutos a su voluntad y eligió un Comité Federal y una Ejecutiva compuestos por personal de su total confianza, y lo mismo hizo en cuanto tuvo ocasión con los grupos del Congreso y del Senado.
Había desaparecido el PSOE y había nacido el sanchismo, y con él, el acuerdo espurio con todos los grupos separatistas, mayo del 2018, llegada al poder de Sánchez con 85 diputados, y gobierno Frankenstein. De aquellos polvos, estos lodos, ha dicho Page. Panta rei.


Santos Cerdán
Fue secretario de Organización del PSOE y diputado de este partido por Navarra hasta el año pasado, cuando dimitió y dejó el acta tras un demoledor informe de la UCO que desvelaba la trama de mordidas que este mantenía con José Luis Ábalos y Koldo García. Se le investiga en dos causas: una que se sigue sobre los presuntos amaños de contratos públicos, y en la que está imputado por cohecho, organización criminal y tráfico de influencias, y otra sobre la presunta financiación irregular del PSOE a las ‘cloacas’ del partido, en la que se le ha imputado por presuntos delitos de pertenencia a organización criminal, cohecho, tráfico de influencias, revelación de secretos, falsedad documental, prevaricación y delito contra las instituciones del Estado. La UCO investiga al entorno familiar de Santos Cerdán por lucrarse de una «fuente de ingresos no declarada»
Gaspar Zarrías
Exdirigente del PSOE andaluz, desempeñó cargos destacados en la Junta de Andalucía, fue secretario de Estado y diputado y renunció al acta en 2015, cuando el Supremo solicitó el suplicatorio para investigarlo en el caso de los ERES. Fue condenado a 9 años de inhabilitación por prevaricación en esta trama de corrupción. Si bien, el Constitucional admitió su recurso de amparo y anuló esa condena en 2024. En su día declaró que contrató a Leire Díez en 2024 para indagar en la posible relación del excomisario José Manuel Villarejo con el procedimiento de los ERE y sostuvo que el PSOE no tuvo relación con esa contratación; un auto de Pedraz apunta a que se utilizó una sociedad suya para canalizar cuatro pagos de 4.000 euros del PSOE a Díez.
Leire Díez
Conocida como ‘la fontanera’ de Ferraz, fue concejala socialista en Vega del Pas (Cantabria) entre 2011 y 2015, jefa de comunicación en la empresa pública Enusa entre 2018 y 2021 y directora de Filatelia y Relaciones Institucionales en Correos entre 2022 y 2024. Dejó el PSOE en junio del año pasado después de ser citada en la sede nacional de los socialistas para explicar unos audios en los que se le escuchaba pedir información comprometedora sobre miembros de la UCO de la Guardia Civil. Según la investigación de la Audiencia Nacional, formaba parte de una trama junto a Santos Cerdán para «obstaculizar de forma sistemática y continuada» procedimientos judiciales o actuaciones policiales que pudieran perjudicar al PSOE o al Gobierno. También es uno de los pilares sobre los que pivota la conocida trama SEPI, que ha provocado la imputación de la presidenta de este ente público, Belén Gualda.
Juan Manuel Serrano y Juan Francisco Serrano
El magistrado Pedraz ve indicios de colaboración de ambos en la trama de las cloacas y la financiación ilegal del PSOE, ya que ejecutaron «concretos y aislados actos en auxilio a su ilícito plan». Según las pesquisas, participaron en la primera reunión que Cerdán mantuvo con Díez en Ferraz el 26 de abril de 2024. Juan Manuel Serrano fue jefe de gabinete de Sánchez en el PSOE entre 2014 y 2018 y presidente de Correos. Y Juan Francisco Serrano fue mano derecha de Cerdán en la Secretaría de Organización del PSOE, y es actualmente miembro de la Ejecutiva y diputado por Jaén.
Ana Fuentes
Gerente del PSOE desde 2021, antes fue responsable de la oficina de cumplimiento normativo del partido y diputada por Málaga, entre otros cargos. Pedraz ve indicios de su responsabilidad, al menos como cómplice, en la comisión de los delitos que investiga y, en todo caso, aprecia un posible delito de falsedad en documento mercantil por la emisión de facturas «mendaces» que permitían transferir fondos a Díez. En junio de 2025 Pedro Sánchez la incorporó al equipo provisional que asumió la Secretaría de Organización del partido tras la salida de Santos Cerdán. El presidente del Gobierno la defendió y aseguró que «ha llevado las cuentas del PSOE de manera escrupulosa».
Javier Pérez Dolset
Empresario vinculado al sector tecnológico y de contenidos digitales, en 2017 fue detenido y la Audiencia Nacional le investiga por delitos como insolvencia punible, administración desleal, fraude en subvenciones y tráfico de influencias. Ha reconocido que ha colaborado con Leire Díez en diversas investigaciones, y la investigación judicial recoge varias reuniones de ambos, entre ellas la primera cita que mantuvieron en la sede del PSOE en 2024. Según el juez, el PSOE llegó a abonarle un viaje a Zaragoza con el objetivo de mantener una reunión acompañado de Díez.
José Luis Rodríguez Zapatero
El expresidente del Gobierno y exsecretario general del PSOE fue imputado por el juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama –en el marco del caso Plus Ultra– por presuntos delitos de blanqueo de capitales, organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental. Sus hijas Alba y Laura Rodríguez Espinosa, también están siendo investigadas, como administradoras de la empresa Whathefav, consultora digital, que según los informes policiales, sería uno de los principales beneficiarios finales de los ingresos de la presunta trama. En su despacho se encontraron joyas por valor de 1,3 millones, aunque el pretextó que no tenía «afán patrimonial».
Gertrudis Alcázar
Gertrudis Alcázar fue secretaria de la oficina de Zapatero, y, según los informes policiales, «quien ejecutaría las órdenes directamente dictadas por éste», y era al parecer la encargada de la «elaboración y cobertura formal de la documentación».
Vicente Fernández
Presidente de la SEPI hasta 2019, pero, según la UCO, este miembro de la trama Leire ejerció «de facto» como el máximo representante de esta sociedad incluso un año después de su dimisión. «Se ha constatado su asistencia a reuniones en representación de este organismo público ante terceros, el acceso a información interna, la toma de decisiones o la impartición de instrucciones a otros directivos», manifestó el Instituto Armado. Además, según las pesquisas, cobró 132.500 euros de Tubos Reunidos, empresa que fue rescatada por el Gobierno con 112,8 millones.
Julio Martínez Martínez y Julio Martínez Sola
Conocido también por su entorno como «Julito», Julio Martínez Martínez es una persona de confianza del expresidente Zapatero. Es empresario y dueño de la empresa Análisis Relevante. De acuerdo con los informes policiales ocupa un lugar clave en la trama del caso Plus Ultra. En concreto, la Policía le sitúa como «receptor y ejecutor de órdenes» del expresidente del Gobierno en esa red relacionada por el rescate a la aerolínea. Por su parte, Julio Martínez Sola es el dueño de la aerolínea Plus Ultra, y está también imputado en el caso. En los informes policiales figura una conversación entre él y Zapatero 10 meses antes del rescate de la aerolínea. El accionista de Plus Ultra Rodolfo Reyes le dijo a Martínez Sola que había «conseguido» acceder al expresidente a través de Manuel Aarón Fajardo.
José Luis Ábalos
Exministro de Transportes hasta 2021, cuando fue cesado, y exsecretario de Organización del PSOE. El Tribunal Supremo le condenó en junio a 24 años y tres meses de prisión por la corrupción de la trama de las mascarillas. Para el tribunal quedaron probados los delitos en la adjudicación de 13 millones de mascarillas por parte de entidades de Transportes como Puertos del Estado y Adif a la empresa Soluciones de Gestión, vinculada a Aldama; la remuneración mensual de 10.000 euros para «gastos fijos» de Ábalos, y la contratación de dos mujeres relacionadas con el exministro en empresas públicas, Claudia Montes y Jéssica Rodríguez, a la que la trama pagó el alquiler de un piso.
Koldo García
Trabajó en el Ministerio de Transportes entre de 2018 y 2021, primero como asesor personal del exministro José Luis Ábalos, desde finales de 2019 como consejero de Renfe Mercancías y posteriormente como vocal del Consejo Rector del Organismo Público de Puertos del Estado. Condenado en junio a 19 años y ocho meses de cárcel al formar parte de la «organización criminal» que encabezó Ábalos.
Víctor de Aldama
El comisionista del caso mascarillas fue castigado por el Alto Tribunal a cuatro años y medio por irregularidades en la compra de mascarillas en la pandemia. No obstante, suspendió la entrada de Aldama en prisión por su colaboración y con la condición de que no delinca y haga un año de trabajos comunitarios.
Begoña Gómez
La mujer del presidente del Gobierno está a la espera de juicio –que se hará mediante un tribunal jurado– por presuntos delitos de malversación y tráfico de influencias. El juez Juan Carlos Peinado acordó abrir diligencias en abril de 2024, y desde entonces han salido a la luz diferentes actividades que han acabado con su procesamiento.
Cristina Álvarez y Juan Carlos Barrabés
Es la asesora de Begoña Gómez. Será juzgada por un jurado popular por un presunto delito de malversación y sólo en relación con el supuesto desvío del ‘software’ de la cátedra que codirigió Gómez en la Universidad Complutense de Madrid (UCM).
Juan Carlos Barrabés es un empresario cercado a Gómez que está siendo investigado en el caso Begoña en lo relativo «a la legalidad o ilegalidad de las adjudicaciones de los contratos públicos». Fue profesor del máster que codirigía la mujer de Sánchez y adjudicatario de una serie de contratos públicos. Según declaró en su día, se reunió varias veces con Begoña Gómez en la Moncloa y en dos de esas citas estuvo presente el presidente del Gobierno.
David Sánchez
También conocido por su nombre artístico, David Azagra, es el hermano del presidente del Gobierno. La Audiencia Provincial de Badajoz le condenó en julio –como autor por cooperación necesaria de un delito de prevaricación administrativa por su enchufe en la Diputación de Badajoz– a la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público y para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo por un tiempo de nueve años. En la sentencia, el juez establece que son «múltiples los indicios acreditados mediante prueba directa» que permiten inferir «con arreglo a las reglas de la lógica y de la razón», que ninguno de los acusados era ajeno al plan delictivo «ideado por las más altas instancias de la Diputación de Badajoz», para la creación de la plaza que posteriormente se adjudicó al hermano de Pedro Sánchez.
Miguel Ángel Gallardo
También fue condenado el mes pasado –en el caso hermanísimo– como autor de dos delitos de prevaricación administrativa, a sendas penas de inhabilitación especial para empleo o cargo público y para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo por tiempo de nueve años.
El que fuera secretario general del PSOE de Extremadura desde marzo de 2024 hasta el pasado diciembre, concurrió como cabeza de lista en las pasadas elecciones extremeñas, y tras la debacle electoral, dimitió como líder de los socialistas en esta región y pocos días después también renuncio a su escaño, perdiendo así el aforamiento.
Fuente:
El gran eclipse del sanchismo: quién es quién en sus múltiples tramas de corrupción
Mapa de la corrupción del PSOE
Fuente: La prehistoria del sanchismo, por Juan Francisco Martín Seco


