1 DE MAYO 2024 ¿UNOS SINDICATOS ANQUILOSADOS CON REIVINDICACIONES DECIMONÓNICAS?

Las metas a corto plazo son la prioridad de los sindicatos, que de nuevo este 1 de mayo piden mejoras en los salarios y la jornada.

Dejan de lado, un año más, el gran reto que acecha a las relaciones laborales: la digitalización de la economía y el empleo

 

La celebración del Día del Trabajo en el 1 de mayo se remonta al año 1886 y, aunque los tiempos han cambiado y la economía ha avanzado, las reivindicaciones históricas de este movimiento que abanderan anualmente los sindicatos han sido siempre más o menos las mismas.

Los sindicatos Comisiones Obreras (CCOO) y Unión General de Trabajadores (UGT) han convocando a la ciudadanía madrileña a manifestarse este 1 de mayo de 2024, con una serie de reivindicaciones que se sitúan tanto en el ámbito sindical como en el ámbito social y económico.

Reivindicaciones del ámbito sindical:

  1. Pleno empleo, que incluye la mejora de la calidad, estabilidad y dignidad del empleo
  2. Mejora de los salarios, para continuar elevando los salarios, respaldado por la efectividad de la subida del SMI (Salario Mínimo Interprofesional).
  3. Avances en el diálogo social, destacando la reforma laboral de 2021, que ha reducido la temporalidad y ha elevado el empleo a máximos históricos, aunque aún con una tasa de desempleo alta.
  4. Mejora en la protección por desempleo y políticas activas de empleo, como parte de la estrategia de pleno empleo.
  5. Reducción legal de la jornada de trabajo, que incluye mejor regulación del trabajo a tiempo parcial y extensión de la «Ley Rider» a la economía de plataforma.
  6. Acabar con las discriminaciones laborales, abordar la brecha de género, la precariedad de la juventud, y la discriminación de personas trans, LGTBI y con discapacidad.
  7. Regularización administrativa de trabajadores extranjeros, para prevenir la sobreexplotación y discriminación.

 Reivindicaciones del ámbito económico:

  1. Política industrial y de desarrollo sectorial, para impulsar la industria local y adaptarse a los retos de la digitalización y la transición energética.
  2. Reforma fiscal, para aumentar la equidad y capacidad de desarrollar políticas públicas.
  3. Democratización de las empresas, para involucrar a los trabajadores en los centros de decisión.

 Reivindicaciones del ámbito social:

  1. Derecho a la vivienda, por la necesidad de promover vivienda pública y crear un parque público de alquiler asequible a los salarios que se perciben en la Comunidad Autónoma.
  2. Estrategia de cuidados, para conseguir una sólida estrategia de cuidados dentro de una recuperación de los servicios públicos, para crear empleo de calidad y combatir la brecha salarial por feminización de los cuidados.

Las reivindicaciones también abarcan preocupaciones internacionales y políticas más amplias como el apoyo a la población civil palestina, el respeto al derecho internacional en Ucrania y la participación en las elecciones europeas promoviendo opciones progresistas.

 

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Entre el 1 de mayo de 2023 y el 1 de mayo de 2024 se ha producido un punto de inflexión en el mundo de las relaciones laborales. Aunque resulte curioso, su epicentro no está ni en la legislación que emana del Congreso de los Diputados ni en las propuestas de sindicatos o patronales, sino en una huelga de guionistas sin precedentes que arrancó el 2 de mayo y que se extendió durante 148 días, donde las reivindicaciones salariales no eran el núcleo de las protestas sino la influencia de la Inteligencia Artificial en sus puestos de trabajo. El conflicto se saldó con un acuerdo con las productoras que dio paz al gremio. Esta huelga muestra el camino por el que transitará a no muy largo plazo la negociación colectiva y la lucha sindical a nivel mundial.

 

Los denominados sindicatos de clase (de qué clase hablamos), UGT y CCOO, no incluyen el reto de la digitalización y de tener presencia e importancia en la economía digital entre sus prioridades para reivindicar un día como hoy. En su manifiesto conjunto por el 1 de mayo apenas hay menciones al respecto. Se centran, en su lugar, en peticiones clásicas como la mejora de los salarios, el incremento del empleo y la tan de moda reducción de jornada. El sueño de cualquiera: trabajar menos y ganar más.

 

Buscan así cómodas batallas cuantificables que ganar en el corto plazo con las que contentar a sus afiliados y ganar influencia. La estrategia al igual que en la política se fija metas cercanas y cuantificables (con potencial rédito electoral), pero no aborda los grandes asuntos que preocuparán al país a más largo plazo: ¡del futuro que se ocupen las siguientes generaciones!

 

Logros a más corto plazo permiten a los representantes de los trabajadores paliar la tendencia de la caída generalizada de la afiliación sindical. En el caso concreto de España, la OCDE cuantifica que el porcentaje de empleados afiliados a un sindicato ha pasado del 17% a principios de siglo al 12,5% en 2019 (los datos más recientes), un nivel por cierto muy alejado de los niveles del Norte de Europa (en torno al 67%).

 

Según los últimos datos divulgados por los sindicatos, en España se contabilizan casi 300.000 representantes sindicales en las empresas, que supondrían un 2% del universo de 14,5 millones de asalariados del sector privado.

 

Dado que el peso de los sindicatos es mayor en los empleos de baja cualificación, el mordisco que puede pagar en las próximas décadas la IA a los puestos que requieren menos formación debería preocupar a estas organizaciones. Ya lo ha advertido la Organización Internacional de los Trabajadores (OIT), que avisa de que “la transformación digital de la economía tiene implicaciones considerables para las condiciones de trabajo y, por tanto, para el empleo colectivo y las relaciones laborales”.

 

Entre los riesgos que detecta esta organización

  • que “la agenda del diálogo social se centra más en temas y prioridades tradicionales como los ya mencionados salarios y jornada;
  • que “la negociación colectiva va a la zaga de la digitalización, ya que normalmente reacciona lentamente al cambio estructural”;
  • que “la demanda laboral provocada por la transformación digital tiende a favorecer a perfiles más cualificados, cuyo nivel de sindicalización es menor”;
  • que “falta implicación de los representantes de los trabajadores en las primeras etapas de la transformación digital”;
  • que “existen efectos potencialmente negativos en la representación colectiva de los trabajadores, ya que la reducción de puestos de trabajo debido al uso cada vez mayor de máquinas puede alterar los umbrales mínimos requeridos para la representación”;
  • que “la fijación total o parcial de salarios individualizados y/o la remuneración complementaria socavan la negociación colectiva”;
  • que “los sindicatos enfrentan dificultades cada vez mayores para representar y organizar a los trabajadores geográficamente dispersos”;
  • que “la subcontratación por parte de las empresas puede dificultar la sindicalización” o
  • que en un mundo digitalizado “las relaciones laborales están individualizadas y fragmentadas”.

 

Los sindicatos en España dicen ser conscientes de la transformación que tienen por delante y del reto que supone. “Ese es el gran reto y la gran dificultad. El nuevo modelo de empresa ya había cambiado mucho, la gran empresa integrada ya se había descentralizado en un montón de redes de empresas en las que la acción sindical era muy diversa. Ahora con la irrupción de la digitalización y la utilización perversa del trabajo autónomo esto se ha hecho más complejo”, valoraba el año pasado Unai Sordo, secretario general de CCOO, en la víspera de esta efeméride.

 

“Lo primero que hay que hacer es modernizar el marco regulatorio de esta nueva realidad. La ley rider es muy importante porque posibilita que los representantes de los trabajadores puedan acceder a la información sobre cómo se configura el algoritmo de esas plataformas, que es el que marca las condiciones y organización del trabajo, lo que antes hacía un responsable de recursos humanos o de fábrica. A un algoritmo no le impresiona que te subas a un barril y le amenaces con que le vas a convocar una huelga general o le digas ‘obrero despedido, patrón colgado’. De un algoritmo tienes que conocer cómo se ha configurado para negociar con ese ente, que aspira a no ser una empresa pero lo es, y negociar los términos de la organización del trabajo. Es un proceso de transición muy complicado para el sindicato y es en lo que estamos y creo que se van dando pasos”, aseguraba.

 

En la misma línea se pronunciaba Pepe Álvarez, su homólogo de UGT, quien asegura que “la gente acaba necesitando al sindicato, y a veces más en estas empresas, porque hay un cierto aislamiento. Hay personas que están en empresas y han venido a pedir ayuda para organizarse en ese régimen de teletrabajo o dispersión entre personas. El sindicato se va reinventando conforme lo hace la sociedad y se va adaptando a estos cambios“, prometía.

 

La adaptación, no obstante, debe ser rápida. “La gran revolución tecnológica en curso sigue dando sus pasos de una manera inexorable, con efectos transformadores en todos los aspectos de la vida social: las relaciones interpersonales, la cultura, la política democrática, la economía. Se trata de un proceso extraordinariamente complejo (…) De un modo más o menos incipiente, muchas de las transformaciones anunciadas ya están con nosotros, y en casi todos los ámbitos. Los sistemas productivos, la logística, los modelos de gestión o la propia idea de consumo son hoy fenómenos muy diferentes de lo que eran hace veinte años“, advierte Antón Costas, catedrático de Política Económica en la Universidad de Barcelona y presidente del Consejo Económico y Social.

 

Los representantes de los trabajadores deben hacerse cargo de esta gran revolución y, para sobrevivir en un mundo cambiante, anticiparse a los retos que supone la disrupción tecnológica para el trabajo e idear soluciones para calmar el miedo de guionistas, actores y cualquier otro sector que pueda sentirse amenazado.

 

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