1 CUANTO PEOR, MEJOR PARA SÁNCHEZ (O ESO CREE ÉL)

Ceuta es la prueba de que el presidente ya no busca la solución de los problemas, sino cómo utilizarlos en su beneficio»

Este verano marca un nuevo punto bajo en la carrera política de Pedro Sánchez. haciendo gala de un poder absoluto y no de la empatía y la discreción que se le suponen a un dirigente democrático. Es incomprensible que queden votantes socialistas que apoyen semejante comportamiento, pero su explicación no puede encontrarse en la ideología, sino en el predominio identitario del mundo en el que vivimos.

 

su pasividad ante un conflicto de la gravedad y la complejidad del de Ceuta. Existen a estas alturas pruebas suficientes como para creer que el Gobierno había sido informado previamente de la preparación de un asalto masivo sobre esa ciudad española y que decidió no actuar para impedirlo. Aún si esa hipótesis no fuera cierta, desde que se produjo el asalto ha habido tiempo suficiente para que las autoridades acudieran de forma masiva y contundente a resolver los problemas que la invasión ha causado. En lugar de eso, Sánchez no  ha creado un comité de crisis para afrontar el enorme desafío que representa ese episodio y las apariciones de ministros sobre el terreno se han limitado a breves «photo opportunities».

 

Es imposible que tamaña inoperancia y desatención a los ciudadanos sea únicamente fruto de la negligencia del Gobierno o de su falta de previsión o de recursos. Tampoco el temor a molestar al régimen de Marruecos explica por sí sólo un abandono tan ostensible de miles de españoles que expresan miedo e incertidumbre. Algo así tiene que ser necesariamente deliberado: Sánchez está en la fase en la que cree que cuanto peor estén las cosas, mejor para él. El caos puede, al menos, generar un escenario nuevo que pueda serle más favorable que el actual.

 

Es el último giro de Sánchez en su letal estrategia: cuando la solución de los problemas se hace ya imposible por su falta de apoyos en el Parlamento, por su marginación en Europa y por su estruendosa carencia de respaldo popular, es mejor dejar que se pudran y culpar de ellos a la extrema derecha. Era lo que algunos nos temíamos y  la cosa irá a peor a medida que se aproxime la fecha electoral.

 

Los más ingenuos o los que aún se resisten a creer que un líder de izquierdas pueda ser como Sánchez se refugian en la idea de que él no es el responsable de todos los problemas que afectan a España. Es cierto, por supuesto que no. Pero la realidad nos enseña no sólo que Sánchez es incapaz de resolverlos, sino que en este momento ni siquiera se esfuerza en conseguirlo. Su objetivo es exclusivamente encontrar la forma de instrumentalizar esos problemas de tal forma que él pague el menor precio posible y, mejor aún, hacer responsable de ellos a la oposición. Desde luego que el problema no lo ha causado Sánchez o sólo Sánchez. Pero si se consigue confundir con batallas ideológicas y agravarlo hasta un punto de desesperación, cabe la posibilidad de que una parte de la población acabe culpando a la derecha.

 

Sánchez es consciente de que el devenir más o menos tranquilo de los acontecimientos, incluidas las múltiples investigaciones judiciales en su entorno, conduce inexorablemente a un fracaso electoral del PSOE cuando toque, sea el próximo verano o antes. Al ritmo actual  cuanto más tarde, más rotunda será la derrota. Solo le queda, pues, darle una patada al tablero y tratar de crear un escenario nuevo. Puede hacerlo introduciendo en la agenda política asuntos graves y de enorme potencial divisorio, como el debate sobre la Monarquía o la autodeterminación en Cataluña. Puede tratar de hacerlo también como lo está haciendo ya: en la convicción de que cuanto peor estén las cosas, mejor para él.

 

Fuente: Cuanto peor, mejor para Sánchez (o eso cree él), por Antonio Caño

 

CONTRA EL REY

El ataque de Óscar Puente no es un hecho aislado y supone un aviso infame del gobierno

 

Esta semana, entre las múltiples escenas indecorosas de un presidente y un gobierno consagrados al ocio y al dispendio pese a la crisis de Ceuta y el cúmulo de problemas, escándalos y negligencias que arrastra, ha dejado una imagen lamentable y peligrosa: la de un ministro de Pedro Sánchez, el pendenciero Óscar Puente, acusando al Rey de cometer una ignominia por saludar y retratarse, en un acto público en Colombia, con un comunicador polémico que se le acercó. Fue un gesto educado e inevitable de Su Majestad, que no tenía otra opción obviamente que atender la petición, por lo demás rutinaria en este tipo de acontecimientos, que sin embargo fue utilizada para arremeter contra él con la burda excusa de que en realidad se le intentaba proteger de supuestas malas compañías.

 

Como si don Felipe necesitara los consejos y la protección de un grotesco político que, a sus malos modos proverbiales, le añade una incompetencia visible en la tragedia de Adamuz y una turbia relación con el condenado Ábalos, al que sometió a una auditoría exculpatoria no mucho antes de que el Tribunal Supremo lo condenara a 24 años de prisión por graves delitos de corrupción. Es imposible que un ministro ataque así al Rey sin el permiso de su superior, que se ha caracterizado por padecer un complejo de inferioridad ante el Monarca, por imponerle una ejemplaridad que nunca le ha faltado mientras se saltaba con estrépito la propia y por querer silenciarle en la medida de lo posible, consciente de la abismal distancia que hay entre ambos en términos de autoridad y de aprecio de los españoles.

 

Señalar al Jefe del Estado después de que recibiera al presidente de Ceuta y le diera permiso para anunciar su próxima visita a las dos ciudades autónomas acosadas por Marruecos no es, pues, una casualidad ni una torpeza: responde a la incipiente tentación de Sánchez de buscar tal vez en la crisis de la Corona una especie de comodín con el que asegurar su nefanda alianza con el separatismo y movilizar a sus alicaídas huestes.

 

Porque si Sánchez depende de quienes quieren acabar con el Estado y Felipe VI es quien lo simboliza, es previsible que de una manera paulatina avance por la senda de la reformulación de la idea constitucional de España, sustentada en la unidad y la igualdad, justo los dos valores que quieren demoler quienes han hecho presidente al líder socialista. Y si con esa propuesta, enunciada de otra manera y a sabiendas de que fracasará, el denostado presidente encuentra una bandera más para incrementar la crispación y el enfrentamiento entre bloques, nadie puede descartar que lo haga llegado el caso.

 

No le ha tocado al Rey reinar en un buen momento, con un Gobierno populista y extremo que además ataca a los poderes del Estado mientras lo trocea, y seguramente sobrevivir a esta etapa sea su mayor y mejor contribución a la estabilidad de España, sometida desde dentro a un vapuleo incesante y sin precedentes, pues procede nada menos que de su propio gobierno.

 

Pero ese es su reto histórico, saber proteger el legado de la Corona y su valor en la España moderna, que es el que le dan los españoles al custodiar una idea de país abierto, histórico, cohesionado y sin agravios cantonalistas ni ideológicos. Es evidente que el Rey lo sabe perfectamente y, por eso, con su buen hacer y formación, enfrenta el desafío ya en marcha: la amenaza a España y a la Corona.

 

Fuente: Editorial | Contra el Rey

 

 

Óscar Puente convierte a Felipe VI en objetivo a batir del sanchismo: «Ha cruzado una línea roja»

El enfrentamiento adquiere especial relevancia porque Óscar Puente no habla como un dirigente socialista de base, sino como miembro del Consejo de Ministros

 

Óscar Puente ha elevado su ofensiva contra Felipe VI y ha situado a la Casa Real en el centro de una batalla política que trasciende la polémica fotografía del Rey con el periodista Javier Negre. El ministro de Transportes sostiene que quien ha cruzado la «línea roja» no es él por cuestionar públicamente al jefe del Estado, sino Zarzuela por permitir aquella imagen. El ministro considera que la institución «debería haber medido mucho más» su actuación y mantiene que Felipe VI «se ha equivocado gravemente» al posar junto a Negre durante  toma de posesión del presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella.

 

«Quien ha sobrepasado el límite es la Casa Real», ha afirmado Puente en una entrevista con Europa Press.  La expresión utilizada por Puente supone un salto cualitativo respecto a sus primeras críticas. La semana pasada, el ministro calificó de «ignominia» que el Rey se hubiera prestado a la fotografía y aseguró que el jefe del Estado es «un símbolo y no es inocuo, y se contamina según junto a quién se fotografía».

Ahora, el dirigente socialista no solo mantiene esa acusación, sino que la convierte en un reproche directo a la Casa Real. A su juicio, la fotografía fue «intolerable» y no debería haberse producido. «Espero que no se repita nunca», ha señalado.

 

Puente ha situado además la cuestión en términos de comportamiento institucional del jefe del Estado. «El jefe del Estado que yo tengo en mi cabeza no tocaría a Javier Negre ni con un palo», ha afirmado. El ministro justifica su posición por los antecedentes del periodista, entre ellos su condena por la publicación de fotografías de la hija de Puente cuando era menor.

 

El enfrentamiento adquiere especial relevancia porque Óscar Puente no habla como un dirigente socialista de base, sino como miembro del Consejo de Ministros. Sus palabras suponen, por tanto, un cuestionamiento público de la actuación del jefe del Estado por parte de uno de los integrantes del Gobierno de Pedro Sánchez.

La «línea roja» que Puente coloca ahora en Zarzuela

La clave de la nueva ofensiva del ministro está precisamente en la inversión de responsabilidades. Puente no acepta que su crítica al Rey pueda interpretarse como un exceso institucional. Al contrario, sostiene que el límite lo ha sobrepasado la propia Casa Real.

 

La afirmación coloca a Felipe VI en una posición inédita dentro de la actual disputa política: un ministro del Gobierno le reprocha públicamente haber actuado de manera incorrecta y sostiene que debería haber valorado mejor con quién se fotografiaba.

 

«Creo que debería indignar a todo el sector periodístico de este país, pero sorprendentemente me he encontrado con cierta complicidad por parte de algunos», ha añadido Puente, que mantiene que su reacción responde exclusivamente a su valoración personal de los hechos.

 

El ministro también ha negado que exista una estrategia del Gobierno de Pedro Sánchez contra la Monarquía. Ha descartado que sus palabras formen parte de una operación para impulsar la República y ha asegurado que se trata de «la reacción de un ministro» que se expresa «libre y espontáneamente».

 

Sin embargo, Puente ha reconocido que, «como cualquier socialista», tiene «alma republicana». A continuación, al referirse al papel histórico de la institución, ha afirmado que la Monarquía «ha sido útil y ha servido para unir al país».

La polémica llega pocos días después de que Felipe VI reclamara una respuesta del Estado ante la crisis de Ceuta. El Rey manifestó el pasado 1 de agosto su «preocupación e indignación» por la entrada masiva de inmigrantes en la ciudad autónoma y recordó que «el Estado debe velar» por la seguridad de Ceuta y Melilla y evitar que hechos similares volvieran a repetirse.

 

En aquel momento, las palabras del monarca pusieron el foco sobre la responsabilidad del Estado ante la situación en la frontera española. Ahora, la ofensiva de Puente vuelve a colocar al Rey en el centro del debate político.

 

La cuestión ya no se limita a una fotografía tomada en Colombia. Puente ha convertido el episodio en un debate sobre los límites de la actuación de Felipe VI y sobre qué comportamiento debe mantener el jefe del Estado. Y lo ha hecho utilizando una expresión especialmente contundente: la «línea roja».

 

El ministro considera que esa línea no la ha cruzado él al criticar al Rey. Según su versión, la ha cruzado Zarzuela. Una acusación que eleva la tensión entre un miembro del Gobierno y la Corona y que vuelve a abrir, aunque Puente niegue que exista una estrategia política detrás, el debate sobre el papel de la Monarquía en el sanchismo.

 

La fotografía de Felipe VI con Javier Negre se convierte así en el detonante de una ofensiva mucho más amplia. Puente no reclama únicamente que aquella imagen no vuelva a producirse. Está cuestionando públicamente el criterio con el que la Casa Real decide cómo y con quién aparece el jefe del Estado.

 

Fuente: Óscar Puente convierte a Felipe VI en objetivo a batir del sanchismo: «Ha cruzado una línea roja»

 

El Gobierno confirma que el rey visitará Ceuta «cuando sea oportuno»

 El ministro para la Transición Digital y Función Pública, Óscar López, ha confirmado que el rey Felipe VI visitará Ceuta, como este jueves adelantó el presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, tras reunirse con el monarca. Ha situado este viaje dentro de la “normalidad” y ha dicho que tendrá lugar “cuando sea oportuno” y en «coordinación» con el Gobierno.

 

El viaje sería el primero del rey a la ciudad autónoma desde que ascendió al trono y fue anunciado por el presidente de la ciudad de Ceuta tras ser recibido por el jefe del Estado en el Palacio de Marivent (Mallorca), para compartir la situación en la ciudad tras la llegada masiva de 72.000 migrantes. «No me cabe la menor duda de que el rey nos va a visitar y no me cabe la menor duda de que el rey nos va a apoyar, manteniendo el papel constitucional que le corresponde», dijo en rueda de prensa.

 

«El rey está comprometido con su visita a Ceuta, es un compromiso que ha adquirido», desveló Vivas tras la audiencia. Desde que accedió al trono, Felipe VI no ha viajado a ninguna de las dos ciudades autónomas españolas, y antes tendrá que ser refrendado por el Gobierno porque así lo marca la Constitución. El rey emérito, Juan Carlos I, sólo se desplazó a Ceuta y a Melilla en una ocasión durante su reinado, en 2007.

 

El presidente de Ceuta explicó este jueves al monarca la situación que vive su territorio tras la llegada de más de 70.000 personas en situación irregular la semana pasada; entre 3.000 y 6.000 permanecen allí todavía, según Vivas. «Me voy reconfortado», dijo tras hablar con el rey. «Ha sido una entrevista alentadora porque su majestad me ha transmitido cariño, apoyo y ánimo para todos los ceutíes para uno de los momentos más duros de la historia reciente de nuestra ciudad», relató.

 

El presidente de la ciudad autónoma lleva días pidiendo ayuda y «socorro» al resto del Estado para poder hacer frente a esta situación. Esa misma es la que le transmitió al rey en su encuentro: «Es una situación extraordinariamente grave; no es una crisis migratoria al uso, es la vulneración de la integridad territorial de España». Ante esta situación, Vivas ha reiterado que Ceuta necesitará de la solidaridad del resto de España. «Confiamos en la solidaridad de todos los españoles para salir adelante», ha insistido.

 

En cualquier caso si el Rey Felipe VII o visitas la ciudad d<e Deuta caerá en una falta de una promesa y si la visita caerá en una inconstitucionalidad pues es precisa la utprización del Goberno. El dilema es en principio “irrosolubre” lo que es camino abonado para que Pedro Sánchez su maldad política y humana para aprovechar l situación en su propio benefivio

 

Fuente: Gobierno confirma que rey irá a Ceuta «cuando sea oportuno»

 

PEDRO SÁNCHEZ Y LA TERCERA REPÚBLICA

Pedro Sánchez podría encontrar en un referéndum monarquía-república su última y más audaz salida política: una jugada capaz de desarmar a la derecha, recomponer a la izquierda y abrir la puerta a la Tercera República

 

 

La perspectiva de que Pedro Sánchez prometa en la campaña electoral de las elecciones generales un referéndum consultivo que pregunte a la ciudadanía española si quiere que España siga siendo un reino o si prefiere que España se convierta en una república ha dejado de ser una mera teoría de la conspiración.

Si las elecciones generales se celebraran hoy, el PSOE las perdería de manera estrepitosa. La coalición PP-Vox llegaría al poder y España tendría a la extrema derecha ocupando ministerios de la máxima relevancia. Además, Pedro Sánchez y posiblemente personas pertenecientes a su familia acabarían, tarde o temprano, en la cárcel. No creo que ni siquiera el exilio salvara al actual presidente de entrar en la trena.

 

Hasta su llegada al poder, en España existía un statu quo que Pedro Sánchez ha roto. Según ese pacto entre caballeros, la transición estableció un sistema de corrupción moderada del que todo el arco parlamentario salía favorecido. A Fraga Iribarne no se le procesó por firmar sentencias de muerte. A la izquierda se le permitió volver libremente al país e integrarse en el sistema político, siempre y cuando la preservación del sistema económico no fuera puesta en peligro. Los nacionalistas e independentistas también se tomaron su café para todos.

 

Así, cuando Felipe González hizo lo que hizo con los GAL nadie le metió en la cárcel, lugar en el que sí acabaron Vera y Barrionuevo, pero fueron indultados inmediatamente por Aznar, el presidente que nos metió en la guerra genocida e ilegal de Irak y que mintió sobre los atentados del 11M. A Aznar nadie le hizo nada, como tampoco le hizo nadie nada a Rajoy por la caja B del PP, la destrucción a martillazos de los discos duros de Bárcenas y los pagos con dinero negro de, entre otras cosas, la sede del PP en la calle Génova de Madrid.

 

Pero entonces llegó Pedro Sánchez y las cosas cambiaron. Se enfrentó a Felipe y al felipismo para más tarde llegar a la Moncloa mediante una moción de censura contra Rajoy. La moción salió adelante con el apoyo de las fuerzas independentistas catalanas y vascas, que además le apoyaron en el Congreso de los Diputados para investirlo Presidente. Después se echó tierra sobre el asunto del 1 de octubre. Sin embargo, los agravios a la derecha continuaron cuando Ciudadanos decidió suicidarse políticamente y, si bien es cierto que contra su voluntad, Sánchez se vio obligado a incorporar a Podemos a su gobierno. Pedro Sánchez estaba tensando las costuras. Lo siguió haciendo cuando en su gabinete sustituyó a Podemos por Sumar, lo cual supuso que personas con el carné del Partido Comunista ocuparan carteras ministeriales.

 

No obstante, las costuras parecían aguantar. Al capitalismo los ministros de Sumar le resultaban absolutamente inofensivos. Pero entonces Sánchez sacó a Franco del Valle de los Caídos el 24 de octubre de 2019. Fue en ese momento cuando las costuras se rompieron. Eso no se perdona. Simplemente, no era lo pactado. “El que pueda hacer que haga” dijo Aznar el 2 de noviembre de 2023 y lo volvió a repetir el 24 de mayo de este año. El mensaje era claro. Se abría la veda. Ya no había ni statu quo ni pacto entre caballeros ni café para nadie, solo guerra abierta. Lo que le están haciendo a Zapatero no es nada comparado con lo que van a intentar hacer con Sánchez. Las joyas y las facturas de las niñas góticas del expresidente son minucias comparadas con las puertas giratorias de Felipe o Aznar. También son muestra de falta de matera gris por parte de Zapatero. Da igual. Ya no hay freno. Zapatero estaba del lado de Sánchez y había que ir a por él. Ahora van con todo contra Sánchez.

 

¿Qué alternativa tiene el Presidente? ¿Ir a las elecciones generales como un corderito que va al matadero? Sánchez ha demostrado en innumerables ocasiones que no es ese tipo de persona. Sabe perfectamente que en el momento en el que ponga un pie fuera de la Moncloa toda la jauría se le echará encima hasta que, como poco, de con los huesos en chirona. Pero hay una escapatoria: la gloria. Pongámonos en situación. Primer plano del morenazo, traje morado, corbata roja. El Presidente más guapo de nuestra historia y su 1,90 de estatura. Mirada fija a la cámara. “Si el próximo 14 de abril de 2027 gano las elecciones generales, convocaré un referéndum consultivo con la pregunta ‘¿Quiere usted que España siga siendo una monarquía o quiere usted que España sea una República?’ Pediré el voto a favor de la República. Si gana la opción republicana, yo mismo le instaré al rey Felipe VI a que abdique y a que sea él personalmente el que pida a los partidos parlamentarios que promuevan una reforma constitucional para que se declare cuanto antes la Tercera República Española”.

 

De un plumazo desarmaría al nacionalismo catalán y vasco, a la corona, al felipismo del PSOE, a toda la derecha y a toda la izquierda. En el horizonte, los libros de historia. Se convertiría, por los siglos de los siglos, en la persona que nos devolvió la república que nunca debimos perder. Los militares no harían nada, han perdido el respeto por Felipe VI desde que permitió la exhumación de Franco. España se mantendría en la OTAN, en la UE y en el euro. Eso importa mucho más. Ni siquiera habría que cambiar el color de la bandera. Los jueces franquistas no podrían hacer nada. Los referéndums consultivos son perfectamente legales. El rey perdería toda legitimidad y él, Pedro Sánchez, seguiría en La Moncloa, incólume y libre. Al exmonarca y a su familia no se les tocaría ni un pelo, por supuesto. Se les inundaría de dinero y seguirían viviendo plácidamente en el país. Asunto resuelto y todos contentos.

 

No creo que el Presidente tenga otra opción. La salida de la OTAN, por ejemplo, no es una propuesta que gane a día de hoy unas elecciones que están perdidas. Creo que solo un referéndum sobre monarquía o república sería una propuesta ganadora. La izquierda a la izquierda del PSOE y la abstención de izquierda desaparecerían. Todos votarían al PSOE. La perspectiva de poder instaurar la Tercera República sin derramamiento de sangre (a priori) a cambio de meter la papeleta del PSOE en una urna sería irresistible. Ganaría el sí a la República, estoy convencido. ¿Usted qué votaría? Confiese… La persona correcta en el lugar adecuado en el momento preciso.

 

Fuente: Pedro Sánchez y la Tercera República

 

Confesión de Felipe VI: «Si la mayoría no me quiere me voy y hago otra cosa»

Una de las anomalías de Felipe VI que siguen alejándolo, para peor, de su padre es su animadversión en la prensa. Juan Carlos hizo pocas entrevistas y sin ir más lejos cuando abdicó concedió una a Jesús Hermida para TVE. Aquí todo el mundo mundo habla excepto Felipe VI. Nunca ni una sola entrevista. En diez años como rey ha huido de los periodistas y no ha contestado nada. Y es el primer funcionario del Estado, vitalicio y a la cima de la estructura, jefe del Estado, no concede entrevistas.

 

Muchos ciudadanos si entrevistaran al rey seguramente le preguntarían “¿qué necesidad ve él de que la institución monárquica siga existiendo?. Lo cierto es que en España hace 47 años que no se puede hacer esta pregunta. Se votó dentro del trágala de la Constitución, como un pack de o democracia con rey o nada. Y nunca más se ha repreguntado. Hoy quedan ya pocos votantes vivos de aquel referéndum de 1978.

En una conversación privada Felipe VIcon el expresidente de El Mundo  afirmó: Esto es una democracia y si algún día una mayoría no me quiere, no tendré problema ninguno en marcharme y dedicarme a otra cosa». El director del diario añade «Por la forma en la que me lo dijo supuse que lo había deseado en alguno de sus días grises«. No solo él.

Fuente: Confesión de Felipe a un periodista catalán: «Si la mayoría no me quiere me voy y hago otra cosa»

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