Sánchez existe como líder omnipotente y como víctima indefensa al mismo tiempo, hasta que la realidad le obliga a ‘colapsar’ en una de las dos versiones
Entre lobbies familiares y juergas de burdel con carné socialista, el presidente presume de estar al mando… excepto cuando conviene que no lo esté
Cuando arrecian las imputaciones, el relato gira: «Gobernamos en coalición, decidimos entre todos». Traducción simultánea: «Si sale bien, fui yo; si sale mal, fue Yolanda, ERC o la física cuántica». Esta «deslocalización» de la responsabilidad permite que el poder se mantenga concentrado mientras la culpa se dispersa por todo el espectro político. Es la aplicación práctica del gato de Schrödinger: el presidente está y no está al mando, según qué caja abra el observador.
El sanchismo ha conseguido una pirueta comunicativa digna de Nobel de Física cuántica aplicada a la Política: Sánchez debe aparecer como hombre fuerte para los votantes moderados y, simultáneamente, hombre de paja cuando estalla un nuevo escándalo..
Entrelazamiento cuántico y el principio de incertidumbre
El experimento mental del gato de Schrödinger es la la historia de un gato, un bote de veneno y un átomo dentro de una caja. Si el átomo –por el motivo que sea– se desintegra, se libera un mecanismo que destapa el veneno, y este, irremediablemente, mata al gato. Si el átomo no se desintegra, el gato sobrevive. Hay un 50% de probabilidad de que el átomo se desintegre, pero realmente sorprendente de la física cuántica es que, hasta el momento que se decida abrir la caja, el átomo radioactivo está en una superposición, es decir, que se desintegra y no desintegra al mismo tiempo. Esto significa que mientras la caja esté cerrada, el gato está vivo y muerto al mismo tiempo (superposición cuántica). Por lo tanto, es el acto de mirar lo que fuerza la decisión de la naturaleza. La paradoja radica en que, en la física clásica, los objetos tienen estados definidos (vivo o muerto, por ejemplo) independientemente de si son observados o no. Sin embargo, la mecánica cuántica sugiere que, a nivel subatómico, las partículas pueden existir en múltiples estados simultáneamente hasta que se realiza una medición
Como el famoso gato de Schrödinger, Sánchez existe como líder omnipotente y como víctima indefensa al mismo tiempo, hasta que la realidad política le obliga a «colapsar» en una de las dos versiones. El resultado es un primer ministro que gobierna y no gobierna según convenga al momento. El efecto observador: cuando alguien mira, todo cambia y así las partículas políticas adoptan configuraciones diferentes según quién las esté midiendo.
Pero la física cuántica del sanchismo alcanza su máxima expresión en el núcleo mismo del poder. Como en el paradójico experimento del gato, Sánchez mantiene simultáneamente dos estados contradictorios: es el defensor de la unidad de España ante los votantes constitucionalistas y el aliado de quienes quieren fragmentarla ante sus socios parlamentarios. Negocia privilegios fiscales con el PNV –que aspira a la «soberanía compartida»– al tiempo que asegura la solidaridad territorial. Entrega competencias a ERC –que sueña con la República Catalana– mientras garantiza que España «no se rompe».
El entrelazamiento es un fenómeno cuántico, sin equivalente clásico, en el cual los estados cuánticos de dos o más partículas cuánticas pueden permanecer fuertemente conectadas cuando están lejos y sin estar físicamente conectadas.
El truco está en el «entrelazamiento cuántico» político: el presidente y los independentistas comparten un destino común que desafía la lógica clásica: él necesita sus votos para gobernar España, ellos necesitan su poder para desintegrarla.
El principio de incertidumbre
En mecánica cuántica el principio de indeterminación de Heisenberg o principio de incertidumbre de Heisenberg afirma que no se puede determinar, simultáneamente y con precisión arbitraria, ciertos pares de variables físicas, como son, por ejemplo, la posición y el momento lineal de un objeto dado.
En política sanchista, no puedes saber simultáneamente quién manda y quién es responsable. Cuanto más precisa es la ubicación del poder (Sánchez en la Moncloa), más difusa se vuelve la responsabilidad (siempre recae en otros). Y viceversa: cuando la responsabilidad se concentra en él, el poder se dispersa mágicamente entre «la coalición», «el consenso» o «las circunstancias».
En estado de superposición, Pedro Sánchez está presente como jefe supremo en las fotos oficiales, ausente como responsable cuando llegan las imputaciones. Según la física cuántica el observador (la justicia) altera el resultado del experimento.
El presidente duerme con la primera investigada por tráfico de influencias en la historia reciente de la democracia española. Begoña Gómez ha acudido a los juzgados en calidad de investigada por corrupción y está bajo lupa judicial por presuntas gestiones para favorecer a empresas amigas. Sánchez mantiene un «entrelazamiento» matrimonial que le permite estar íntimamente conectado con los negocios de su esposa y, al mismo tiempo, completamente ajeno a ellos. Como dos partículas entrelazadas, comparten cama y destino, pero cuando una colapsa en el escándalo, la otra permanece en estado de inocencia cuántica.
El túnel cuántico de la amnistía: atravesar lo imposible
En física clásica, una partícula sin energía suficiente no puede superar una barrera. En física cuántica, puede «tunelizar» y aparecer al otro lado por arte de magia.La amnistía a los golpistas catalanes representó el fenómeno del «túnel cuántico» llevado a la política: atravesar una barrera constitucional aparentemente infranqueable.
Sánchez aplicó el mismo principio: sin mayoría constitucional para reformar el código penal, logró que la amnistía «tunelizara» a través del Parlamento. El truco estuvo en mantener la coherencia cuántica hasta el último momento, evitando que la «decoherencia» –es decir, la realidad constitucional– colapsara el experimento.
Hacia el multiverso político
La paradoja final combina todos los principios cuánticos: si no sabes quién manda, asume que manda Sánchez; si hay que señalar un culpable, descubre que no manda. Una innovación de liderazgo sin responsabilidad.
Es el milagro de la coherencia cuántica aplicada al poder: mantener simultáneamente estados contradictorios hasta que la realidad –electoral, judicial o europea– fuerce el colapso de la función de onda política.
España asiste a una obra donde el protagonista firma los éxitos, delega los fracasos y sobrevive a escándalos que tumbarían gobiernos enteros en cualquier democracia aburridamente clásica. Sánchez ha demostrado que la política puede funcionar como la mecánica cuántica: con múltiples realidades superpuestas, efectos que preceden a las causas y partículas –electorales– que se comportan de manera completamente diferente según quién las observe.
Quizá por eso el sanchismo fascina a los suyos: es la prueba viviente de que, en política cuántica, lo imposible no solo es posible, sino que puede mantenerse indefinidamente en estado de superposición.
¡ Hasta que alguien abra las urnas !
Fuente: La mayor innovación de Pedro Sánchez: la política cuántica, por Martin Varsavsky




