¿ UN PENSIÓN UNIVERSAL EN ESPAÑA ?

 

Esto obligaría a revolucionar el sistema: de contributivo a universal financiado con impuestos”

 El sistema de pensiones es objeto de debate en nuestro país, como no podía ser de otra manera en un contexto de progresivo envejecimiento de la población. En este debate hay cabida también para los partidarios de que el importe de la pensión de jubilación sea universal, es decir, igual para todos.

Eso supondría una revolución del sistema de pensiones, ya que dejaría de ser contributivo (·”tanto cotizas, tanto será tu pensión de jubilación”) para pasar a ser universal, lo que implicaría que la financiación ya no estaría basada en las cotizaciones previas al sistema y además quedaría la duda de saber qué cuantía tendría una pensión de jubilación que fuese igual para todos.

El objetivo es que el nivel de vida de los jubilados sea equivalente al de un trabajador medio en activo, eliminando la brecha intergeneracional en términos de renta disponible, con lo que una pensión igual para todos los jubilados tendría un valor entre 1.700 y 1.750 euros netos al mes en 12 mensualidades, sin pagas extraordinarias. Esta solución tendría un coste de unos 150.000 millones de euros anuales, una cantidad muy similar a la que destinó el Estado al pago de las pensiones de jubilación en 2024, de acuerdo con los datos de la Seguridad Social. Este cambio en la financiación podría afrontarse en a base de impuestos: aumentos en el IRPF para hacerlo más progresivo y con mayores aportaciones de las rentas altas, un Impuesto de Sociedades más eficaz, impuestos a grandes patrimonios y a herencias y un impuesto sobre transacciones financieras o tecnológicas.

Pero esa pensión media no cubriría de la misma manera las necesidades de los jubilados pues, por ejemplo, una pensión de 1.400 euros en Soria es una renta holgada, pero en Madrid puede apenas cubrir lo básico. Por ello si se quiere una pensión igual para todos sin generar injusticias territoriales, lo más viable sería un modelo combinado una pensión base universal para toda España con determinados complementos territoriales y un refuerzo de los servicios públicos en todo el país, reduciendo el coste de la ciudadanía en transporte, sanidad…

Los complementos territoriales (habría diferencias en función de las comunidades autónomas) vaiarían entre 200 y 300 euros, basándose en el IPC (Índice de Precios al Consumo), el precio medio de la vivienda y el salario medio de cada autonomía. Con ello se respeta la equidad, evitando empobrecer a quienes viven en zonas caras.

Pensiones: Bismarck o Beveridge, he aquí el dilema

En España no se optó por el modelo Beveridge, que supone la existencia de una pensión para todos de igual cuantía, se haya cotizado o no, y que tenía una función esencialmente asistencial,  y se optó por el modelo Bismarck, que supone cobrar en función de lo cotizado, y por lo tanto su financiación depende fundamentalmente del empleo y el volumen de puestos de trabajo es la clave de bóveda de un sistema de reparto como el español, en el que los trabajadores en activo pagan la jubilación de los pensionistas.

Lo cierto es que hay muchos puntos intermedios entre sistema de pensiones contributivo puro con una relación absoluta entre lo aportado y lo cobrado y el modelo asistencial puro en el que cobran todos lo mismo independientemente de lo cotizado y además, no hay ningún país en uno de los dos extremos. Puede haber buenos argumentos y críticas relevantes a favor y en contra de las dos opciones:

El modelo contributivo o bismarckiano (Francia, Alemania, Austria, Suiza, Grecia, Suecia, y en parte España e Italia,…) suele ser menos sostenible pues depende fundamentalmente de la demografía y necesita un reemplazo generacional constante. Además, puede considerarse menos solidario intrageneracionalmente pues como las pensiones dependen de lo aportado, puede haber muchas personas que no han generado apenas derecho a nada porque no tuvieron una carrera laboral convencional (interrupciones, mercado negro, etc.). Sin embargo, genera un fuerte sentimiento de legitimidad pues el lema del «tanto aportas, tanto recibes», suena a retribución justa y recompensa lo generado durante muchos años de esfuerzo. Por eso a menudo se utiliza la expresión del «salario diferido»

 

El modelo asistencial o Beveridge (Reino Unido, Dinamarca, Países Nórdicos y en parte España e Italia, …) tiene a su favor que suele ser más sostenible y deja más margen para el ahorro privado. Pero la pensión se percibe como lo que es en realidad: un subsidio. En contra de lo que pudiera pensarse, algunas de las socialdemocracias nórdicas más envidiadas son las que más han avanzado en esta dirección y con muy buenos resultados. Por ejemplo en Dinamarca la pensión es una prestación universal no asociada a contribución alguna y que se determina como el resto de los subsidios del Presupuesto anual. Sería más parecido a una renta básica universal garantizada a los mayores que a una pensión como aquí la entendemos, aunque su cuantía es baja y así se anima a todos los trabajadores a ahorrar en su bolsa privada y a hacerlo cuanto antes. Pero si todos los trabajadores tienen igual pensión tanto si cotiza mucho como si no… puede que deje de hacerlo y empiece a cobrar en negro, o pida retribuciones en especie, etc

En realidad nuestro sistema de pensiones sigue siendo bismarckiano pero cada vez se acerca más al modelo asistencial (pensiones no contributivas, complementos a mínimos,…) y lo que ha hecho José Luis Escrivá con la colaboración de los sindicatos es dar el mayor golpe que recordamos al modelo contributivo, reduciendo los lemas de «salario diferido» y el «tanto cotizas, tanto cobras». A partir de ahora, los españoles saben que una parte creciente de sus cotizaciones no se reflejarán en su pensión, es decir, pagarán más para no generar una pensión más elevada.

Esto es muy peligroso por lo obvio (encarece el coste salarial y, por lo tanto, el empleo y la competitividad), pero también porque esos mismos sueldos altos y trabajadores de alta cualificación a los que les estamos cargando la reforma son los que ya sostienen nuestras finanzas públicas con el IRPF y el IVA (pues consumen más al tener más renta disponible para ello).

Lo cierto es que hoy cotizar sirve menos que ayer; y dentro de diez años servirá de mucho menos todavía y casi lo único que salva al esquema bismarckiano es la legitimidad y el incentivo del derecho generado.

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