Con la sostenibilidad de las pensiones no podemos seguir mirando de lado como vemos hacer a nuestros dirigentes. Otro gran asunto pendiente, como la vivienda, la inmigración, o la búsqueda de la productividad, bloqueados por la instrumentalización política. Los problemas no desaparecen solos. Pero lo cierto es que aún estaríamos a tiempo de salvar nuestro preciado sistema de pensiones, público y solidario, si se introducen cambios. Son cambios posibles, y por eso es irresponsable no acometerlos
Necesitamos un sistema más equitativo y funcional. Enfrentar el problema de sostenibilidad no consiste en recortar sin más, sino en repensar el sistema contestando dos preguntas: cuáles son las pensiones que queremos asegurar por encima de todo, y cuál es el sistema más eficiente posible que nos facilite los recursos para ello. En España Mejor hemos contestado a esas dos preguntas como modo de abrir el debate. Admitimos que puede haber otras propuestas y soluciones, pero deben debatirse con realismo.
Por encima de todo significa priorizarlas frente a otras partidas de gasto o inversión pública. Esa es la decisión que nuestros dirigentes han de tomar cada vez con mayor rigor y sería bueno enfrentarla ya, de modo transparente, para que los impactos sean equitativos. La que proponemos sería:
- No reducir nunca la pensión de quien ya está jubilado.
- Mantener siempre el poder adquisitivo de la actual cobertura de suficiencia (pensión mínima).
- Asegurar que quienes hayan cotizado para percibir más que ese importe de suficiencia puedan cobrar lo que corresponda exactamente a sus cotizaciones, según un cálculo individual equitativo.
Esto afectaría a futuros jubilados que, con el sistema actual, cobrarían pensiones superiores a las asegurables. Pero si ese es el futuro al que estamos abocados, ¿no sería más justo empezar ya a formularlo así para evitar futuros ajustes precipitados e inequitativos?
Segunda pregunta: ¿cuál es el sistema más eficiente posible que permita generar más recursos de cotizaciones? El sistema actual es disfuncional. No incentiva la generación de recursos (cotizaciones), sino más bien lo contrario. Trabajadores y empresarios valoran las elevadas cotizaciones como un impuesto más, y no como una hucha. Es el resultado de normas no equitativas que incentivan la desocupación y el fraude.
El sistema más eficiente será precisamente el que garantice al trabajador que cobrará las pensiones que hemos decidido asegurar, y no más (salvo evolución óptima de la economía). Esto implica estrechar la adecuación de la pensión a lo cotizado, sin perjuicio del derecho a las pensiones de suficiencia (mínima contributiva y no contributiva), y de no afectar a los ya jubilados. Adecuar pensión a lo cotizado incentivará el empleo legal y las vidas laborales extensas. Es un sistema que, garantizado de verdad, genera confianza y más recursos.
Implantación paulatina
Proponemos implantar paulatinamente un sistema de cuantificación de la pensión inicial de los futuros jubilados según lo cotizado por cada persona, estrechando progresivamente esa adecuación, en cada generación anual de nacimientos un poco más, lo que se haría primero en una modalidad transitoria con ajuste de dos parámetros de la norma actual, mediante prorroga de la reforma de 2011, hasta converger para los nacidos desde el año 1975 en un sistema definitivo de cuentas nocionales individuales, similar al de otros países europeos.
En el sistema nocional, los trabajadores tendrían una cuenta virtual de jubilación cuyo saldo año a año, acumulando cotizaciones actualizadas como mínimo con IPC, sería certificado por el Estado, y determinaría la futura pensión. Proponemos añadir a la hucha virtual, para incentivar vidas laborales largas, primas de antigüedad gratuitas del mismo importe para todos los activos que superen cierta edad.
El sistema nocional es considerado muy apropiado a la situación española por muchos expertos. Destaquemos el reciente informe de Fedea Transición hacia un Sistema de Pensiones de Cuentas Nocionales en España, que ha estimado un impacto medio en las futuras pensiones de los hoy activos del 12%. Aunque nuestra propuesta recoge factores diferenciales respecto a dicho informe, estimamos que el impacto medio de la propuesta podría aproximarse a ese mismo porcentaje, aplicando los mecanismos que incluye. No son impactos del orden de otras estadísticas sobre la generosidad de las pensiones, que deben contextualizarse.
En todo caso, planteamos que los nacidos antes de 1965 mantengan para siempre el sistema actual, con un mínimo ajuste de solidaridad consistente en que la actualización del IPC en las pensiones elevadas sea solo parcial, durante los primeros años tras la aprobación de la reforma.
Asimismo, para fortalecer la necesaria confianza proponemos modificar la Constitución para blindar el pago de las pensiones de jubilación de la cuenta nocional, de igual modo que se modificó en 2011 para blindar el pago de la deuda pública. Lo cotizado es deuda.
Por último, está claro que se requieren más tareas: una política económica más orientada a mayor productividad y mayores salarios, la eliminación del gasto público innecesario, una política migratoria más responsable. También adaptaciones del sistema fiscal y de prestaciones.
Fuera inercias. No tiene sentido, por ejemplo, ante la gran caída de la proporción de activos frente a pasivos, mantener el actual reparto de recursos de cotizaciones entre desempleo y jubilación, formulado décadas atrás. Hay un gran margen para reasignar recursos de desempleo hacia jubilación.
Hay que acometer todas esas tareas, pero la reforma del sistema de pensiones es la que más depende de una simple voluntad política que clama por su ausencia.
Fuente: Un cambio para asegurar de verdad las pensiones | Opinión


