La reducción de la jornada laboral que pretende llevar a cabo el Gobierno está dando mucho que hablar durante las últimas semanas. Se espera que esta iniciativa se haga efectiva este año para acabar el año 2025 con una reducción hasta las 37,5 horas semanales, por las 40 que hay en la actualidad legalmente.
Esta reducción de la jornada laboral por la vía legal puede significar una mejora para la vida de los trabajadores, pero también tiene otros aspectos negativos asociados, como una posible disminución del empleo, una pérdida de beneficios de las empresas que aumentarán el precio de sus servicios, etc.
Algunos políticos (como Yolanda Díaz o Rita Maestre) y ¿periodistas? (como Yago Álvarez Barba) sin aportar ningún tipo de fuente o documento, argumentan textualmente que : “En los últimos 100 años la productividad y la riqueza no han dejado de aumentar y la jornada laboral no se ha reducido. Las revoluciones industriales no sirven a ese propósito si el aumento de las ganancias sólo recae sobre el capital y no se comparte con los trabajadores.”
LAS HORAS TRABAJADAS
De acuerdo con los datos obtenidos tanto en Eurostat como en Our World in Data, esta sería la evolución de la jornada laboral en España desde 1870 hasta 2023.

Como se puede observar en el gráfico, desde 1880 el número de horas semanales trabajadas por los españoles no ha hecho más que caer, pasando de las 64,7 horas trabajadas en el año 1870 a las 36,4 del año 2023. Si nos limitamos al periodo señalado por los políticos y periodistas “¿progresistas?, vemos que en el año 1929 la jornada laboral era de 48,5 horas, en 1938 de 47 horas, en 1980 de 40 horas, en 1990 de 38,9 horas, en el año 2000 fue de 38,5 horas, en 2010 de 37,8 horas y en 2023 de 36,4 horas.
Este proceso de reducción de la jornada laboral es algo que se ha producido de manera generalizada en toda Europa

España, con mayores o menores diferencias, siempre se ha ubicado en la media de horas semanales trabajadas en otros países referentes en Europa, como son Francia, Italia, Alemania o los Países Bajos. Esto es, por tanto, algo que no es exclusivo de la economía española, sino que se extiende a todas las economías medianamente desarrolladas.
LOS SALARIOS
También se afirma que no han aumentado nada los salarios en los últimos 100 años, pero la evolución del salario medio real en Europa desde 1990 ha crecido en casi todos los países, a excepción de España (e Italia) donde los salarios reales y la productividad llevan estancados 30 años
En el año 2020 asistimos a una caída del PIB en España del 10,8% siendo la economía que más cayó de toda la Unión Europea. Esta caída del PIB supuso un empobrecimiento general de la población, y el salario medio español cayó desde los 27.957 euros en 2019 a 26.939 euros en 2020, una caída del 3.6% aproximadamente.
Según datos de la OCDE, el estancamiento de los salarios se lleva produciendo prácticamente desde 1990, es decir, los salarios medios reales (aquellos salarios ajustados por la inflación) sólo habrían crecido un 8,1% en 31 años, lo que supondría un incremento anual del 0,26%. Y este crecimiento se habría producido enteramente en los tres primeros años de la década de los 90, para luego estancarse o incluso decrecer.

Mientras que en España, Portugal, Italia y Grecia los salarios medios reales se han estancado o incluso han decrecido, en países situados más al norte de Europa han crecido, como ha ocurrido en Francia, Alemania, Bélgica, Austria o Países Bajos.

La variación de los salarios reales en España apenas supone un 8,1% en 31 años, mientras que en países como Alemania ha sido del 34%, en Austria del 28,4% y en Francia del 36%.
Estos datos son demoledores, pues demuestran que el poder adquisitivo de los españoles lleva estancado 31 años, y justamente los años donde se concentra toda la subida salarial es desde 1990 hasta 1993, y desde entonces se ha producido el estancamiento del que estamos hablando.
Cuando tratamos de buscar las posibles causas a este fenómeno, no podemos evitar hablar de la productividad, ya que de forma inexorable para que los salarios puedan aumentar de forma sostenida en el tiempo se ha de producir un incremento en la productividad de los trabajadores. Con esto último no se quiere decir que el peso del aumento de la productividad recaiga sólo en los trabajadores, pues estos han de disponer de los medios y las condiciones para poder hacerlo, de otro modo resultaría imposible.

La productividad de España llevaría estancada desde el año 1995, y al igual que sucede con Italia su productividad anual sólo habría crecido un 0,1%. Por otro lado, en Alemania el crecimiento ha sido de un 1,1% durante todo este periodo.
En definitiva, tras lo analizado podemos concluir dos cosas, por un lado, los salarios en España llevan 30 años estancados y la productividad desde el año 1995 también está estancada. Si queremos que los salarios reales aumenten debemos crear las condiciones necesarias para que la productividad crezca sostenidamente en el tiempo.
Es decir, trabajamos menos que hace 100 años y cobramos más que hace 100 años, aunque, en el caso de España, los salarios se hayan estancado desde hace tres décadas y el tipo de empleo existente pueda mejorar considerablemente, pero eso no debe llevarnos a decir que hace un siglo la situación era la misma que en la actualidad.
La vía para reducir la jornada laboral y/o aumentar los salarios tiene que venir principalmente por un incremento de la productividad que permita subir esos salarios sin perjuicio de ningún tipo, de manera que sean las empresas las que se «peleen» por los trabajadores y no al revés. Puede haber casos (y los hay) donde la negociación colectiva de los trabajadores pueda ayudar a subir esos salarios al concentrar el poder individual de cada trabajador en un solo organismo, pero si eso no va unido a un incremento de la productividad estaremos simplemente limitando el margen de crecimiento de las empresas, y la posterior remuneración que pueda pagar a sus empleados.







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