TODO LO QUE EL GOBIERNO INTENTA OCULTAR CON LA CAPA DE GAZA

España arrastra serios problemas, pero hay quien parece pretender que Gaza se convierta en el eje central de una larga campaña electoral

 

La magnitud del desastre provocado por la ola de incendios de este verano, junto al penoso espectáculo de unas administraciones públicas tratando de ocultar a garrotazos sus carencias, llevó a algunos dirigentes políticos hablar de Estado fallido. No se lo están poniendo fácil, pero en España el Estado funciona. Al menos en lo esencial: instituciones como la Justicia, las Fuerzas de Seguridad, determinados cuerpos altamente cualificados de la Administración General del Estado, el sistema sanitario o el educativo, a pesar de los problemas que arrastran,.. Todas ellas, y algunas más del ámbito estrictamente privado, son la red de seguridad del sistema. Al margen de gobiernos y partidos. Son el Estado. Y funcionan.

 

 

Pedro Sánchez cuadra el círculo con Netanyahu

Ante lo que se le viene encima, Sánchez juega sus últimas cartas y quema las naves en una carrera contrarreloj que no tiene marcha atrás. Es un genio. Es capaz de transformar al peor enemigo, con o sin su consentimiento, en aliado. Lo hizo con Puigdemont (“Yo me comprometo aquí y ahora a traerlo de vuelta a España y que rinda cuentas ante la Justicia española”); y lo está haciendo con Netanyahu. Pedro Sánchez ha convertido al siniestro primer ministro israelí en un eficaz cloroformo y a la vez excelente reactivo. El éxito de la jugada sería total si no fuera porque vienen semanas que pueden trastocarlo todo, y este, el de acertar con los tiempos, no es asunto menor. Más bien es el asunto.

 

Entretanto, Sánchez necesitaba encontrar una bandera a la que reengancharse, y ha sido la barbarie de Gaza la que le ha permitido una realidad paralela, esa en la que las malas noticias pasan a un segundo plano. Está estirando mucho la cuerda, y puede romperse. Pero no le queda otra. Ya solo puede subir la apuesta. Es lo que hizo al instigar irresponsablemente el sabotaje de la última etapa de la Vuelta Ciclista a España. Madrid (siempre Madrid). Está jugando sus últimas cartas y quemando las naves en una carrera contrarreloj que no tiene marcha atrás. Llevamos tiempo con la sensación de fin de ciclo, pero es ahora, ya en la fase decisiva de la agenda judicial, el momento del envite definitivo.

 

Lo ocurrido con la ronda ciclista es la última señal, muy definitoria, de que ya no hay líneas rojas. Que un primer ministro de un país civilizado haga lo que ha hecho el nuestro, apostando a recuperar iniciativa a costa del prestigio nacional, muestra la determinación de un personaje al que no le va a temblar la mano.

Da igual lo que se tenga que llevar por delante. No importa si sigue degradando la imagen internacional de nuestro país: la anomalía española (ya comentaremos esto más a fondo). Pero es que estamos en el principio de la última etapa y Sánchez ya ha decidido cuál es el espacio a ocupar. Y a quién o a quiénes se lo va a terminar de ocupar. Benjamin Netanyahu permite al líder socialista radicalizarse con el general aplauso de sus votantes -incluidos no pocos indecisos de centro-izquierda-, y a la vez reforzar la posición de su partido como el único con capacidad de liderar la resistencia contra las fuerzas del mal; como el único voto útil a la izquierda del tablero.

 

Con Yolanda Díaz amortizada y Podemos conformándose con defender en el área pequeña, Sánchez tiene ya al PSOE situado donde quería, prietas las filas y neutralizada la competencia. Cosa diferente son los imponderables.

 

Hay una lucha sorda entre los que quieren saber y los que no quieren que se sepa. Entre, por un lado, los que desde el Gobierno han recibido instrucciones de conocer anticipadamente, y como sea, los resultados de las investigaciones en curso, y por otro los jueces, que han advertido contra cualquier filtración anterior a su reparto entre las partes. Máxima escrupulosidad frente a las acusaciones de lawfare. Y hay miedo, terror, a lo que depare octubre. Sin presupuestos y con nuevos dirigentes socialistas probablemente investigados, entre ellos algún ministro.

 

Si no estuviéramos hablando de Sánchez, repetiríamos eso de que la situación es ya insostenible. Más insostenible. Pero vaya usted a saber. En todo caso, lo que ni Sánchez es capaz de frenar es el creciente número de los que en el PSOE opinan que es ahora, antes de que ocurra lo inevitable, con el yolandismo disuelto, Abascal a dentelladas con Feijóo, Netanyahu echando una mano, y los 193 asesinados el 11 de marzo de 2004 por el terrorismo islamista en Madrid (y los más de 2.000 heridos) en el olvido, el momento de un nuevo golpe de efecto. Y a por todas. Con Tezanos preparando el terreno. Y con Sánchez, por supuesto, de candidato.

 

La que contribuye a depreciar nuestras potencialidades; la que, por causas que nada tienen que ver con el normal funcionamiento del Estado, provoca un daño reputacional que acaba pagando el conjunto de la sociedad.

 

El periódico repunte de graves casos de corrupción es probablemente el mayor corrosivo de la imagen de un país. Máxime si esos casos los protagonizan relevantes personajes de la vida pública cuyas andanzas acaban en las primeras páginas de los medios internacionales. Pero la corrupción, acaparando titulares y perturbando el debate sereno sobre los problemas de fondo, es también una de las capas que nos impiden ver con claridad lo que sucede en el núcleo.

 

Sánchez y la Ley de Murphy: por mala que sea, toda situación es susceptible de empeorar

No es que la corrupción sea un asunto menor. Al contrario, es el que provoca una mayor erosión reputacional (ver el último informe de Transparencia Internacional). Además, tiene un elevado coste económico: algunos estudios cifran el coste indirecto de la corrupción en el 8% del PIB. Lo que pasa es que su persistencia, y su utilización como eficaz arma política contra el adversario -en lugar de buscar un gran acuerdo nacional para combatirlo con mayor eficacia-, impide que prestemos la atención que merecen otros problemas quizá menos rentables políticamente, pero de tanta o mayor trascendencia, sobre todo en clave de futuro.

 

ENLACE AL INFORME DE TRANSPARENCIA INTERNACIONAL

Índice de Percepción de la Corrupción 2024: España baja cuatro puntos y diez puestos con respecto al Índice de Percepción de la Corrupción 2023 – Transparency International España

  

 

Así no hay modo de afrontar con la mínima esperanza de mejora los grandes problemas del país. Menos aún si, en aplicación de la Ley de Murphy (por mala que sea, toda situación es susceptible de empeorar), el presidente del Gobierno ha decidido echar más tierra encima de la realidad utilizando la tragedia de Gaza como mecanismo de reclutamiento y distracción. Primer objetivo cumplido: Netanyahu le ha robado protagonismo a Cerdán, Koldo o Begoña. Segundo: Netanyahu ha movilizado a la izquierda; también a la izquierda dormida. Bien está, pero lo que puede que no esté tan bien es que Gaza se convierta en el eje central de una larga (o no) campaña electoral. No se niega la legitimidad de su utilización político-electoral; solo se pide que no impida, como parece pretenderse, la discusión sobre la realidad del país.

 

¿Y cual es la realidad? Pues sin ir más lejos a la que nos acaba de restregar en la cara la Oficina Estadística de la Unión Europea, corroborando lo que ya sabíamos, que la renta real disponible de los españoles está congelada desde 2010 mientras que en la UE sube de media un 20%, la realidad que nos ha sido recientemente revelada y que informa de que el 83,4% de los nudos eléctricos del país no pueden soportar más demanda, lo que pone en riesgo cuantiosas inversiones; la triste realidad que ha convertido el problema de la vivienda en una gangrena social, a que ha normalizado la extravagancia (inconstitucional de no adaptar cada año los presupuestos del Estado a las necesidades del país. Y por ahí mucho más.

 

Sin proyecto de país

Ha sido Jordi Sevilla, militante socialista y ministro de Administraciones Públicas de Rodríguez Zapatero, quien en un detallado trabajo ha hecho la que quizá sea la descripción más demoledora de esta realidad que se quiere ocultar. Habla de “excesivo intervencionismo en el mundo empresarial, generando incertidumbre regulatoria, arbitrariedad -demasiados asuntos se ‘deciden’ en despachos de la Moncloa- y confundiendo, en la gestión de los sectores estratégicos, el Gobierno con el Estado”.

 

ENLACE AL ESTUDIO DE JORDI SEVILLA

El socialista Jordi Sevilla hace balance del sanchismo y el futuro de España

 

Pero son las conclusiones sobre la gestión gubernamental de estos últimos años, a las que llega el exministro al final de su informe, las que debieran servir para desmontar ciertas fabulaciones:

 

1) La pobreza no ha sido una prioridad.

2) Mejorar la capacidad redistributiva del Estado tampoco ha sido una prioridad.

3) La redistribución primaria de ingresos no ha sido una prioridad.

4) Un ascensor social averiado no ha movido al Gobierno a emprender medidas para arreglarlo.

5) El cambio de modelo productivo no ha sido una prioridad o, en todo caso, parcial y de la mano de los fondos Next Generation.

6) Consolidar nuestro Estado autonómico constitucional no ha sido una prioridad.

7) Mejorar el Estado de derecho y la lucha contra la corrupción no ha sido una prioridad a pesar de todas las enfáticas declaraciones y presentación de planes de reforma.

8) No se abordan las cuatro grandes transformaciones sociales del siglo XXI.

 

Y remata Sevilla: “En resumen: no se observa un proyecto de país ni social que guíe las actuaciones de los gobiernos de Sánchez”.

 

El fantasma de Netanyahu

Añadamos a todo lo anterior una política exterior errática e inconsistente, en la que pesan más los problemas internos que la vocación multilateralista que se predica; una política exterior poco fiable que incluye decisiones no compartidas con nuestros socios, como el cambio todavía inexplicado sobre el Sáhara, la infantil rebeldía frente al consenso en el seno de la OTAN, la posición ajena a la del conjunto de la UE sobre Israel o la unilateral y privilegiada relación con China (pronto conoceremos, por cierto, nuevos datos sobre este particular). Y sumemos las cada vez más frecuentes amonestaciones que recibimos desde organismos internacionales, públicos y privados. Un ejemplo más es ña reprimenda del V-Dem Report de 2025, que  constata un retroceso en materias tan delicadas como la libertad de prensa y de expresión, la calidad deliberativa, la participación de la ciudadanía en la política, la independencia judicial y el acceso al discurso público. El repo, también cita como elementos de preocupación la desinformación y la polarización. En fin, el que no quiera ver que no vea, pero esta de hoy es una España poco fiable que despierta crecientes recelos, como acreditan algunas preocupantes señales y recientes vetos.

 

ENLACE AL V DEM REPORT

V-DEM Democracy Report 2025

 

Fuente:

Pedro Sánchez cuadra el círculo con Netanyahu | Vozpópuli

Todo lo que Gaza tapa | Vozpópuli

 

 

 

 

 

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