TENGO LA EDAD PERFECTA

La jubilación es uno de los momentos más importantes de cambio que afrontamos en nuestra vida. Tras unos cuarenta años de vida laboral, entramos en una nueva fase totalmente distinta y en la que tenemos tiempo para nosotros. Hay varias maneras de enfocar este momento, pero en muchos casos la persona recién jubilada se enfrenta a una cierta depresión causada por el hecho de no saber qué hacer con su tiempo y de afrontar la última fase de la vida.

 

España es uno de los países más longevos del mundo y la esperanza de vida permite que una gran parte de la población logre llegar cerca de los 90 años. Esto supone tener en muchas ocasiones cerca de 25 años de jubilación. El hecho de cumplir 65 años no ha de ser un trauma ni ser vivido como un proceso negativo. Se puede ver el vaso medio lleno y darse cuenta que se trata de un nuevo inicio, de un cambio positivo para el que hemos de prepararnos. Desde una perspectiva económica, el sistema público de pensiones garantiza a los jubilados un nivel mínimo de bienestar tras años de cotización laboral. La pensión media de jubilación está alrededor de los 1.100 euros mensuales.

 

Es importante tomar conciencia de lo positivo de esta nueva etapa y disfrutar de cada momento. Con el incremento de la esperanza de vida, con una pensión asegurada y con buen estado de ánimo, la jubilación se presenta como una oportunidad. Es importante preparar con tiempo ese momento.

 

De hecho, hay varias tipologías definidas de cómo afrontan las distintas personas la jubilación. El doctor Bartolomé Freire, en su libro ‘La jubilación, una oportunidad’, describe cinco perfiles diferentes:

 

  • Disfrutadores: son personas que están dispuestas a disfrutar de la jubilación, en este grupo hay, por ejemplo, muchas mujeres que valoran disponer de la libertad de hacer lo que querían después de una vida dedicada a cuidar de la familia. Conciben la jubilación como un periodo para desarrollar actividades gratificantes y placenteras. Algo así como una forma de ‘recuperar el tiempo perdido’. Este es el perfil mayoritario entre las personas jubiladas y son el 35%.

 

  • Atareadas: son aquellos que intentan hacer todo lo posible por mantenerse ocupados. Decir adiós les genera una sensación de pérdida o vacío, y entre sus miedos se encuentra el temor a aislarse y sentirse solo, lo que puede llevar a que realicen actividades sin parar. Mayoritariamente este perfil está ocupado por hombres con una vida laboral satisfactoria y con alto nivel académico. En total, constituyen el 29%, según el estudio.

 

  • Desenfocadas’: forman el 15%. Lo constituyen personas que carecen de un plan propio para vivir la jubilación. Habitualmente, quienes se ubican en este perfil se dedican a tareas rutinarias en función de las demandas del entorno. La solución en la búsqueda de una jubilación positiva, pasa por diseñar ese plan propio: “Es bueno prepararse, aunque no es imprescindible. Se puede empezar recabando información, matricularse en algún curso, inscribirse en alguna asociación”.

 

  • Exploradores: mantienen más vivo que nunca su afán por descubrir nuevas cosas. Son el 11%, y el consejo que Freire les lanza es que sean “más tolerantes” ante una hipotética situación en la cual los resultados o las expectativas que tenían inicialmente respecto a una actividad en concreto no se cumplan plenamente.

 

  • Sosegados: desean que su nueva etapa sea tranquila y relajada, sin el estrés y las prisas impuestas antaño por el paso de las horas. Se centran en el hogar y la pareja, y está compuesto esencialmente por los hombres de más edad y las mujeres que llevan poco tiempo jubiladas. El problema principal que experimentan las personas emplazadas en este bloque que forman el 9%, es que corren el peligro de aislarse, ya que tienden a limitar su contacto con el mundo exterior, moviéndose tan solo alrededor de su círculo.

SOBRE LA VEJEZ (José Saramago)

 

¿QUÉ CUÁNTOS AÑOS TENGO?

¡Qué importa eso!

¡Tengo la edad que quiero y siento!

La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.

Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso o lo desconocido…

Pues tengo la experiencia de los años vividos

y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡QUÉ IMPORTA CUÁNTOS AÑOS TENGO!

¡No quiero pensar en ello!

Pues unos dicen que ya soy viejo otros «que estoy en el apogeo».

Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice,

sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso,

para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen por qué decir:

¡Estás muy joven, no lo lograrás!…

¡Estás muy viejo, ya no podrás!…

Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma,

pero con el interés de seguir creciendo.

Tengo los años en que los sueños,

se empiezan a acariciar con los dedos,

las ilusiones se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor,

a veces es una loca llamarada,

ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.

y otras… es un remanso de paz, como el atardecer en la playa…

¿QUÉ CUÁNTOS AÑOS TENGO?

No necesito marcarlos con un número,

pues mis anhelos alcanzados,

mis triunfos obtenidos,

las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones truncadas…

¡Valen mucho más que eso!

¡Qué importa si cumplo cincuenta, sesenta o más!

Pues lo que importa: ¡es la edad que siento!

Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.

Para seguir sin temor por el sendero,

pues llevo conmigo la experiencia adquirida

y la fuerza de mis anhelos

¿QUÉ CUÁNTOS AÑOS TENGO?

¡Eso!… ¿A quién le importa?

Tengo los años necesarios para perder ya el miedo

y hacer lo que quiero y siento!

Qué importa cuántos años tengo.

o cuántos espero, si con los años que tengo,

¡¡aprendí a querer lo necesario y a tomar, sólo lo bueno!!

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