¡QUE PAREN “ESTO”, QUE YO ME BAJO!

El día de la infamia contra la democracia y España

Este jueves, 30 de mayo de 2024, será siempre un día aciago en nuestra democracia, un día tóxico en el que el Gobierno de Pedro Sánchez ha permitido la aprobación de una amnistía ilegal, contraria al espíritu y la letra de la Constitución, vulneradora de la igualdad entre españoles, y sostenida solo sobre la base del oportunismo político: el que permite a Sánchez los votos necesarios para seguir en el poder a toda costa.

 

No hay nada de reconciliación, convivencia o concordia en esta ley. Esa es la farsa argumental con el que Sánchez pretende subvertir el orden constitucional en España, y que el Estado tenga que pedir perdón a unos delincuentes que han redactado su propia amnistía por haber intentado dar un golpe institucional que fracture España.

 

La de la amnistía no es una ley más. Es una humillación del Estado por decisión de un presidente que pretende aplicar al separatismo exactamente lo contrario de lo que siempre sostuvo. No es un perdón por intereses democráticos, es una claudicación indecente, una renuncia al principio de legalidad, y un golpe inédito a nuestro sistema judicial y a su independencia. No es política, es sometimiento. Es una ley de impunidad para que Sánchez siga en el poder a cualquier precio, aunque ello suponga la rehabilitación como líderes de individuos que se han propuesto segregar (¡y siguen proponiendo!) a una parte de España de la nación, o incluso la aceptación de un huido de la Justicia durante siete años como una suerte de héroe que se ha impuesto a un Estado represor y a un sistema judicial injusto.

 

 

Una vez más Sánchez eludió parcialmente el debate de la que va a ser su ley más vergonzante. Apareció tarde en el Congreso y evitó dar la cara en su escaño mientras los independentistas se vanagloriaban de haber doblegado al Estado de derecho. No es la primera vez. Es una conducta recurrente en Sánchez, que además había forzado a todos sus diputados a pernoctar en Madrid para asegurar que la votación no se frustrara por lo ajustado de los votos. Sánchez incurre en un menosprecio inédito a los españoles en democracia. Además, son muchos los votantes socialistas son contrarios a la amnistía, más aún cuando ni los beneficiarios han pedido perdón, ni se han comprometido a renunciar a vías unilaterales futuras para declarar la independencia de Cataluña.

 

Esta ley implica el reconocimiento del Estado de que nunca debió combatir con la vía del castigo penal o administrativo una embestida contra la unidad territorial. Implica que el Estado obró mal, y eso no sólo no es cierto, sino que demuestra hasta qué punto de sumisión está dispuesto a llegar Sánchez. Implica, como ha dicho Gabriel Rufián (ERC), el final del régimen de 1978, que tantos frutos y progreso ha dado a España. Implica que una forma de ‘soberanía popular’ sustituye legislativamente a la ‘soberanía nacional’. Implica una infamia y la corrupción moral y ética de quienes la han redactado. E implica una subversión del orden de cosas que España se concedió, con éxito, para convertir nuestro sistema en una Monarquía parlamentaria avanzada basada en la unidad de España. Esta ley es la llave de un candado que legitima al separatismo. Hoy es el día en el que las instituciones del Estado que aún no han sido colonizadas por el sanchismo deben reaccionar para impedir la aplicación de una amnistía injusta, desigual, rechazada antes por el propio partido que hoy la impulsa y celebra, el PSOE, y, sobre todo, humillante.

 

Sánchez humilla a España y la somete al separatismo

La mayoría artificial reunida por Pedro Sánchez para lograr su investidura, cohesionada en exclusiva por un obsceno intercambio de favores sin un proyecto común positivo para el país, ha aprobado la Ley de la Amnistía que es un burdo peaje asumido por el líder socialista para poder ser presidente. Se trata de uno de los hitos más tristes, desgraciados e indignantes de la democracia, pues le obliga a España a pedir perdón a quienes la agredieron y transforma los delitos que cometieron en derechos reprimidos por un Estado coercitivo.

 

Además de la podredumbre conceptual que impulsa una ley bochornosa, nacida estrictamente de la reiterada incapacidad de Sánchez para aceptar los resultados electorales y su codicioso deseo de alcanzar o mantener el poder a cualquier precio; es fundamental recalcar que sus efectos prácticos serán devastadores si se llega a aplicar. Porque conculca el principio fundacional del Estado de derecho, que es la igualdad de los españoles ante la ley y su escrupuloso respeto a la misma. Y porque legaliza, de facto, el inexistente derecho a romper la unidad constitucional de España, al vaciar de consecuencias jurídicas los actos de insurgencia y, aún más, darles una pátina de legitimidad en realidad inexistente.

 

Sánchez, simplemente, se ha comprado la Presidencia pagando con bienes ajenos, en un caso de corrupción política sin precedentes. No hay diferencia entre pagar en dinero por una recalificación urbanística o lograr un Gobierno abonando, a cambio, con leyes a la carta que transforman al verdugo en víctima y a la víctima en verdugo.

 

Sámchez lo sabía desde el primer momento y aún así prosiguió con la aceptación de la extorsión es una obviedad. No solo porque sostenía la inconstitucionalidad evidente de la medida y se comprometía ante los ciudadanos a evitarla; sino porque se ha saltado todos los controles de calidad democrática para derribar los obstáculos legales que la hubieran frenado.

 

Todas las instituciones que han informado al respecto del abuso ya culminado, fueron claras en su rotundo rechazo: los letrados de Justicia del Congreso y del Senado, el Consejo Fiscal, parte del Poder Judicial, todas las asociaciones de magistrados relevantes y hasta la Comisión de Venecia (por mucho que se manipule su dictamen) coincidieron en advertir de la ilegalidad de un soez pago en especie sin el cual, simplemente, Sánchez no sería presidente.

 

La falacia de que esta humillante rendición de la democracia española, sometida a la falta de escrúpulos de un dirigente peligroso, tendrá al menos por compensación una mejoría de la convivencia con el independentismo, se cae por los propios hechos, porque la amnistía no es el final decente del alocado procés, que podría incluir una especie de perdón si los separatistas hicieran propósito de enmienda y renuncia; sino el primer paso de otro proceso constituyente impulsado, por la puerta de atrás, desde el propio Gobierno.

 

Sánchez se ha limitado a asumir un «impuesto revolucionario» que pone en jaque a la Constitución, la propia idea de España y su arquitectura institucional. Y lo ha hecho con una debilidad política, agravada por los galopantes casos de corrupción que le acechan, que sin duda seguirán explotando los chantajistas capitaneados por Puigdemont.

 

España tiene la desgracia de padecer, en fin, a un presidente que negocia su investidura en el extranjero, con prófugos, y que pisotea la legislación vigente al dictado de delincuentes reincidentes que solo le respaldan si a cambio, les ayuda a conseguir sus objetivos. Tildar ese comportamiento de Sánchez de traición, como poco en el terreno político, no es ningún exceso.

 

Es la definición perfecta para un atraco que ojalá frenen los restos del Estado de derecho que, en España y en Europa, tienen ahora la obligación histórica de replicar a un presidente indecente que antepone sus intereses más prosaicos a los más elementales del país que tristemente gobierna.

 

¡¡¡ MUCHOS DE NOSOTROS, CUANDO ERAMOS JÓVENES AIRADOS, TRABAJAMOS PARA QUE ESPAÑA, TRAS LA INDECENTE DICTADURA, FUERA UN PAIS EN EL QUE TODOS FUESEMOS IGUALES ANTE LA LEY ¡¡¡

1 comentario en «¡QUE PAREN “ESTO”, QUE YO ME BAJO!»

  1. Nos pasaran la cuenta y tú, tendrás que pagar
    y yo tendré que pagar también, habrá que pagar.
    Se enjuiciaran los actos, veras lo que hiciste y lo que no
    y habrá que decir por que, como y cuando y para que,
    por donde y por que razon y con que ambición.
    Nos pondrán de frente, y entonces veremos quien, saca la cara y por quien,

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