¿Por qué los jubilados se movilizan y los jóvenes no?

Vivirán peor que sus padres… y sus abuelos

La movilización de los mayores y el interés por su voto puede hacer peligrar la reforma de las pensiones, como en Francia.

El Banco de España, a través de su director de Economía y Estadística, Óscar Arce, advertía recientemente que el sistema de pensiones español urgía una profunda reforma, que podía verse frenada por la mayor movilización de los jubilados, cada vez más numerosos, y que finalmente penalizaría a los más jóvenes, menos combativos e inferiores en número por el envejecimiento de la población. Arce alertaba de que en España podría suceder como en Francia y Japón, dónde las medidas más ‘dolorosas’ para los pensionistas han sido suprimidas o aplazadas.

La movilización masiva de los sindicatos y los jubilados franceses frenó el año pasado la drástica reforma de las pensiones diseñada por el presidente galo, Emmanuel Macrón, que, básicamente, pretendía fusionar en uno los 42 sistemas de jubilación que tiene el país vecino -numerosas empresas públicas y colectivos como la de ferrocarriles (SNFC) o el metro de París tienen un régimen especial- y permitir retrasar la edad de retiro dos años, previa bonificación, que pasaría de 62 a 64 años.

Las protestas francesas fueron replicadas un mes después en Grecia -con menos éxito- y en países como Chile y Argentina los pensionistas y los trabajadores más mayores llevan años movilizándose para evitar ‘tijeretazos’ en sus prestaciones y aplazamientos en la edad de jubilación. Mientras, en Japón, el país más envejecido junto a España, se ha llevado a cabo una reforma de su sistema de jubilación más suave de lo previsto y, posiblemente, con un efecto futuro menor al necesario para garantizar las prestaciones.

¿Pero qué hace que los mayores se movilicen más, mientras los jóvenes, especialmente penalizados en el mercado laboral, no salen a la calle? En España, los pensionistas, integrados en múltiples plataformas y asociaciones y especialmente activos en las redes sociales, protestan desde hace meses contra la reforma de las pensiones del ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, que en algunos aspectos -como los incentivos y las penalizaciones- coincide con la de Macron y cuyos aspectos más duros -como el factor intergeneracional- han sido aplazados.

Hasta cinco partidos de pensionistas intentaron hasta el último minuto presentarse a las elecciones autonómicas de Madrid, aunque finalmente solo lo consiguió uno, Tercera Edad en Acción, una formación que se define “de derechos” y apolítica, quizás una de las claves para unir a los pensionistas, que están igual de polarizados que el resto de la sociedad. Las movilizaciones de los jubilados y de los que están a punto de retirarse son continuas y los más mayores no dejan su vocación política. El Registro de Interior tiene inscritos hasta 30 partidos que pretenden representar a un colectivo diez millones de ciudadanos, seis de ellos recibiendo una prestación de jubilación, que de media es de 1.186 euros en 14 pagas. Los nuevos jubilados cobrarán 1.400 euros de media.

Precariedad y frustración

En el lado opuesto, los jóvenes, protagonistas de la precariedad laboral, muchos con sobrecualificación -que dificulta la acumulación de experiencia- y otros sin formación alguna, no encuentran ‘hueco’ en el mercado de trabajo, al que cada vez acceden más tarde. La frustración hace que apenas se movilicen -solo hay seis partidos que buscan atraerles- y si lo hacen es por causas transversales, como el feminismo o el ecologismo. El 40% de los jóvenes está parado y las crisis les afectan especialmente. En la generada por la pandemia han sido los primeros en salir del mercado y uno de cada tres ha perdido su trabajo.

Casi cuatro de cada diez jóvenes cobran menos del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), que en 2021 es de 950 euros, y la crisis provocada por la Covid hará que pierdan hasta el 40% del sueldo, según Fedea, y aumente su temporalidad, que ya supera el 60%. Para el Banco de España, la reforma de las pensiones solo tiene dos caminos: recortar las prestaciones o que los trabajadores vean reducidas sus nóminas para cotizar más y poder pagar la de los retirados del mercado laboral. Pero los partidos siguen pensando que los trabajadores mayores y los jubilados son más determinantes electoralmente que la población de menos edad.

Jóvenes y política

Los jóvenes, que vieron representadas parte de sus demandas en los programas Podemos y Ciudadanos, han tirado la toalla de la movilización que les unió durante las protestas de 15-M hace ya una década, al no ver materializados sus objetivos. Están atomizados, son pesimistas y difíciles de unir. El 35% carecen de ingresos, muchos al borde la pobreza, no pueden acceder a un vivienda en propiedad y los ERTE, que han salvado del desempleo a cientos de miles de trabajadores, apenas han beneficiado a los más jóvenes.

El polítologo y profesor de la Universidad Carlos III, Pablo Simón, autor del libro ‘El muro invisible. Las dificultades de ser joven en España’, apunta que los nacidos entre los 80 y los 90 se han visto abocados a una triple crisis: la económica, la social y la institucional, que les ha generado “un sentimiento de desesperanza e indignación”, que hizo que surgieron los nuevos partidos.

Simón, también la profesora y directora de Estudios Sociales de Funcas, Elisa Chuliá, comparten que los Estados de Bienestar tienden a estar sesgados en mayor defensa de los mayores y en menor de los niños y jóvenes. Un reciente estudio del Injuve señalaba que los jóvenes son un segmento de población cada vez menos relevante cuantitativamente. De los más de 46 millones de españoles que hay en la actualidad, solo diez tienen entre 15 y 29 años. Y no todos tienen derecho al voto.

Por su parte, en un reciente documental de la Fundación Friedrich Naumann por la Libertad, vinculada al Partido Democrático Libre alemán, se advertía que la generación ‘Y’ o ‘millenial’ es la primera que ha sufrido dos crisis globales en mucho tiempo, “pero no ha sido capaz de traducir sus expectativas vitales y está polarizada políticamente”. La fundación apuntaba que mientras en países como Alemania, Francia o Suecia, la generación poscrisis -los nacidos entre 1985 y 1995- vive mejor que sus predecesores, esto no es el caso de España, Italia o Portugal. Y daba una vía de solución en los fondos europeos que tienen que llegar y “que serán una oportunidad para replantear las políticas de bienestar e inclusivas”.

Fuente: La Información

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