Teatro,
Lo tuyo es puro teatro
Falsedad bien ensayada
Estudiado simulacro
Lo que se supone que es el arte de hacer posible lo que es necesario para una mayoría de los ciudadanos se ha convertido en el arte de conseguir la satisfacción de uno sólo: el propio Sánchez.
La política española es una farsa. Lo es desde que el Partido Socialista de Zapatero renunció al reformismo de progreso y basó su actuación en la mera confrontación con la derecha conservadora. La política española es una farsa desde hace tiempo, pero con la aparición en escena de Pedro Sánchez quedó todo más claro que nunca. Todo, absolutamente todo el debate nacional, desde la ley de la amnistía a las balas de Israel pasando por los gastos de rearme, está monopolizado por los intereses de Pedro Sánchez, que se resumen en uno: seguir en el poder.
Da igual si hablamos de reformas del Código Penal, de política exterior, del derecho a la información, de la separación de poderes, siempre hablamos de lo mismo: de cuál es el último movimiento de Sánchez para conservar el poder. Hasta cuando hablamos de economía, la más autónoma de las materias en este mundo globalizado, sus ministros nos hacen ver que también hablamos de Sánchez porque es él, según ellos, quien lleva el dinero a nuestros bolsillos.
El último acto de esta gran farsa ha sido el debate sobre el presupuesto para el rearme ilegítimamente impuesto por el Gobierno sin discusión parlamentaria. Un asunto de tal gravedad -el mayor presupuesto para armas de la historia de España, aprobado sin el concurso imprescindible del Parlamento y sin el requisito constitucional de un Presupuesto nacional- quedó reducido a una polémica sobre si la extrema izquierda sería capaz de tragar con un parte raquítica de ese gigantesco plan -6,6 millones de munición comprada en Israel frente a más de 10.000 millones de gasto general-.
Todos somos actores secundarios en esta representación. Los son, antes que ninguno, sus socios de Gobierno, que juegan a hacerse los dignos de vez en cuando, como si realmente estuvieran pensando en algo más que en sus propias poltronas y en tratar de halagar a quien decide si las mantienen. Lo son también sus aliados en la supuesta mayoría parlamentaria, que maniobran y tratan de confundir a los suyos con lenguaje grandilocuente cuando saben que su política, en realidad, se limita a gestionar la duración de Sánchez en el poder. Los es, muy a su pesar, la oposición conservadora, que intenta jugar con las reglas clásicas y hacer política a la antigua, sin acabar de admitir que lo único que en este momento decide la suerte de España es la suerte personal de Sánchez. Y lo somos quienes, desde más lejos, observamos y sufrimos los acontecimientos políticos como si de verdad de política estuviésemos hablando.
La política es esto, dicen algunos refiriéndose a este juego del engaño y la seducción en el que nos vemos permanentemente envueltos. No es cierto pues si la política no está orientada a los problemas colectivos no es política, por mucho que se justifique con ese nombre lo que no es más que una farsa para ocultar la insaciable ambición de narcisistas incurables.
‘Manual de reincidencia’, siguiendo la estela del Manual de resistencia, sería un relato interesante de lo que ha pasado en el país desde la moción de censura de 2018, aunque es de temer que tras la próximas elecciones generales (dentro de tres años como mucho) tengamos que soportar de nuevo algo así como: ‘Manual de remontada’



