La retórica política persigue subrayar los méritos del poder y disolver sus deméritos. Un ejemplo de esto último es el empleo de la palabra «reto» para indicar que las autoridades resolverán un problema, ocultando al mismo tiempo su responsabilidad en la creación de ese problema.
Hace tiempo leí este titular en el diario El País: «El Banco de España hace una llamada de atención sobre el reto de las pensiones. Ni la llegada de inmigrantes, ni las subidas de cotizaciones, ni los incentivos a demorar la jubilación serán suficientes».
En realidad, la noticia no era el hecho, ampliamente conocido, sino que fuera señalado como un desafío para los gobernantes, es decir, como un mal al que se enfrentarán, pero que es ajeno a ellos. El Banco de España, los analistas, los medios, coincidieron en plantearlo de esa forma, cuando seguramente no habrían dejado pasar un titular que hubiese sido: «Drácula hace una llamada de atención sobre el reto de los vampiros».
Tras desaconsejar sensatamente la subida de las cotizaciones a la Seguridad Social, que conspiran contra el empleo, deja caer la solución: evaluar las tasas de reemplazo, «cuánto porcentaje de su salario se lleva el trabajador a su pensión, que se encuentra en cotas superiores a la media de los países del entorno, apunta el Banco de España». ¿Entiende usted, señora, que están hablando de bajar las pensiones?
Igual de alambicado es el mensaje fiscal, que reflejaba así El País, siempre pretendiendo que solo transmitía el diagnóstico del Banco de España: «reordenar los impuestos para que sean más favorables al crecimiento económico». Inobjetable ¿verdad? Veamos. Se trata de «poner una mayor carga en los impuestos al consumo y los medioambientales, que distorsionan menos la actividad». ¿Entiende usted, señora, que están hablando de crujirla a usted como antes, y seguramente más, pero de otra forma?
FUENTE: Pensiones y retos


