Pensiones para el siglo XXI. Los tres elementos clave la Futura Reforma

Resumen del Informe Pensiones para el siglo XXI de J. Ignacio Conde-Ruiz

El sistema de pensiones español se encuentra en un proceso de adaptación a la nueva realidad demográfica. Aunque se trata de un reto común a todos los países desarrollados, las proyecciones de población de España plantean que el progresivo envejecimiento de la población será mucho más intenso, llegando a ser el país europeo más longevo en 2050. El objetivo de este articulo es analizar en que situación se encuentra nuestro sistema de pensiones y como debería adaptarse para seguir vigente y en plena salud financiera en el siglo XXI. En concreto, se analizan las limitaciones de las últimas reformas emprendidas y se proponen los elementos cruciales de la que seria una reforma financiera y políticamente sostenible para adaptar nuestro sistema de pensiones de una forma definitiva a la nueva realidad demográfica. Para abordar, en clave de reforma, la nueva realidad a la que se enfrenta el sistema, es esencial el tránsito del mismo hacia un sistema de cuentas nocionales.

La parte fácil es encontrar el consenso sobre la necesidad de proteger las pensiones frente al IPC, para evitar una pérdida de poder adquisitivo.

La parte complicada es encontrar el consenso sobre cómo financiarlo o como hacer que el sistema sea sostenible en el medio plazo. Los problemas de sostenibilidad no son solo de corto plazo, como muestra el importante déficit que presenta el sistema en la actualidad, sino de medio plazo, donde los déficits serán muy superiores.

El reto que tenemos por delante es encontrar medidas con un impacto similar a la injusta e ineficiente “cuasi-congelación” de las pensiones. Y hacerlo de una forma políticamente viable. Si volvemos a actualizar las pensiones con el IPC, el desajuste entre ingresos y gastos será tan grande en las próximas décadas que seguramente será necesario actuar en tres dimensiones con distintas implicaciones entre generaciones.

 • En primer lugar, la reforma debería afectar lo menos posible a los actuales jubilados por dos motivos. Primero, el más importante, porque los jubilados, ya no tienen capacidad para adaptar sus decisiones de ahorro y empleo a los cambios en el sistema de pensiones. Y sería injusto, y seguramente ineficiente, cambiarles drásticamente, y en mitad de su etapa de jubilación, su pensión. Segundo, para hacer la reforma políticamente sostenible. No podemos olvidar que la población jubilada constituye el principal activo electoral de cualquier partido político y que por el efecto del envejecimiento ira en aumento en las próximas décadas. Por lo tanto, solo se deberían permitir caídas en el poder adquisitivo de las pensiones en situación de grave crisis económica. Y estas caídas deberían tener un límite máximo y en ningún caso debería afectar a las pensiones mínimas.

• En segundo, lugar transformar nuestro sistema de pensiones en uno de cuentas nocionales, donde la pensión que percibe el trabajador será menos generosa que la que percibe actualmente, en el momento del alta. Este nuevo sistema sostenible debería entrar en vigor para los trabajadores menores de una determinada edad. Los trabajadores, por encima de esta edad, podrán tener libertad para elegir si quieren que se les calcule la pensión con el viejo sistema o con el nuevo. No podemos olvidad que el sistema actual es muy injusto, sobre todo para los trabajadores que les va mal laboralmente al final de su carrera profesional. El nuevo sistema de cuentas nocionales permite de una forma más justa y transparente que si un trabajador quiere cotizar más en su “cuenta nocional” puede alargar su etapa laboral, y así aumentar su pensión futura y evitar dicha la caída en su tasa de sustitución. Habría que determinar, no solo la cuantía de la caída de la pensión en el alta, sino también cual debe ser la edad de la generación a la que se le empezara a aplicar el nuevo sistema. Evidentemente cuanto más retrasemos la reforma, más injusta será pues afectará a trabajadores más cerca de la edad de jubilación. Este nuevo sistema conllevara una caída de la pensión inicial, que puede ser compensada por el trabajador posponiendo su edad de jubilación, ya sea de forma completa o parcial. Es decir, estos trabajadores, anunciándoles con tiempo suficiente la reforma, pueden tener margen para adaptar sus decisiones de trabajo y ahorro a dicho cambio. Para preservar el grado de redistribución intrageneracional del sistema de pensiones actual, el nuevo sistema de cuentas nocionales, también debería contar con una pensión mínima y máxima.

• En tercer lugar, y aun sabiendo que es imposible hacer sostenible el sistema actuando únicamente por la vía de los ingresos, en el periodo transitorio hasta que un porcentaje suficientemente alto de las nuevas jubilaciones vengan del nuevo sistema de cuentas nocionales, es probable que sea necesario dotar de más ingresos al sistema. O dicho de otra forma, dotar al sistema de más ingresos para ayudar a financiar la jubilación de los “babyboomers”. Una forma de justificar el uso de ingresos públicos, no provenientes de las cotizaciones y no afectar a la naturaleza contributiva del sistema, es hacerlo como compensación por los años donde las cotizaciones sociales de los trabajadores financiaron la sanidad pública en España.

Fuente: Pensiones para el siglo XXI J. Ignacio Conde-Ruiz

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