Algunos de los mejores economistas del país identifican los puntos en los que España debería trabajar en este nuevo curso
Volver a reformar las pensiones, bajar la deuda y revolucionar la vivienda: las grandes asignaturas pendientes de la economía española, según estos ocho sabios
1 de septiembre. Ha llegado, un año más, la vuelta al cole, y con ella las asignaturas que algunos tienen pendientes desde el curso pasado. La economía española no es una excepción, pues arrastra año a año retos pendientes y reformas estructurales por abordar. Durante este verano EL MUNDO ha entrevistado a ocho economistas que han señalado las grandes asignaturas pendientes de la economía española, esas a las que el Gobierno se enfrentará de nuevo este curso con la gran oportunidad (y el deber) de superarlas con éxito.
Crecimiento económico
El modelo de crecimiento económico que ha tenido España en los últimos años -y previsiblemente en los próximos- ha sido de tipo extensivo, basado en la acumulación de factores (sobre todo empleo) y no intensivo, es decir, no basado en la mejora de la productividad. El estancamiento de esta última es el origen de muchos de los problemas que sufre la economía española, el gran mal que está detrás de casi todo, y lo primero que el país debería atajar.
¿Cómo hacerlo? María Jesús Fernández, economista sénior de Funcas, apunta a una mejora de las deficiencias del sistema educativo -reducir el abandono escolar y mejorar las competencias de los jóvenes- y aumentar el tamaño de las empresas. Para esto último, cree que habría que reducir «la sobrerregulación y una fiscalidad muy elevada que las impide crecer».
Mejorar la productividad física también es importante, apunta Raúl Mínguez, director del servicio de estudios de la Cámara de Comercio, quien cree que «harían falta inversiones en infraestructuras«, que están paradas por la ausencia de unos Presupuesto Generales del Estado actualizados, así como una mejora de la inversión en I+D y de aprovechamiento del talento.
Además de la inversión pública, la privada también está estancada y, en términos reales, muy por debajo de la de 2019. Para impulsarla, Rafael Doménech, responsable de análisis económico de BBVA Research, apunta a combatir la incertidumbre económica global, las barreras que impiden adoptar y ejecutar planes de inversión, y a mejorar la rentabilidad de las compañías.
Aumentando la inversión y mejorando la productividad, España podría contener la brecha en términos de PIB per cápita que se ha abierto con la UE: si en 2006 nuestra renta per cápita superaba en un 5% la de la UE, ahora está un 8,5% por debajo.
Mercado laboral
Pese al crecimiento del empleo que se ha producido en los últimos años, España todavía presenta una tasa de paro del 10,3%, el doble que la media europea, y las principales instituciones económicas no creen que vaya a poder bajar del doble dígito en los próximos años. El Gobierno se había marcado como objetivo llegar al pleno empleo europeo en esta legislatura, al entorno del 8%, un nivel con el que los expertos creen que no debería conformarse el país.
Bajar de ahí requeriría, entre otras cosas, abordar las enormes diferencias que existen entre el norte y el sur del país, para lo que Doménech propone revisar las barreras que impiden que la tasa sea homógenea y favorecer la movilidad del factor trabajo.
Aunque el elevado nivel de desempleo es la gran asignatura pendiente del mercado laboral español, a esto se suma la precariedad de los ocupados, con unos salarios que sólo han crecido un 2,76% en treinta años, el cuarto peor desempeño de los 38 países de la OCDE, y una parte importante de la población que trabaja menos horas al día de lo que quisiera, lo que condena a un 12% a estar en riesgo de pobreza laboral.
«Lo están, no porque tengan un salario bajo, sino porque trabajan pocas horas al año«, apunta Sara de la Rica, fundadora de ISEAK, que explica que esa baja intensidad de horas se debe, por un lado a la parcialidad -muchas veces involuntaria- que está enquistada en sectores como la hostelería y, por otro, a las jornadas intermitentes derivadas de la reforma laboral y la extensión del contrato fijo-discontinuo. «Sabemos que hay carreras muy intermitentes, salarios muy bajos y que la tasa de paro juvenil es de las más altas», resume José Ignacio Conde-Ruiz, subdirector de Fedea.
Aunque el Gobierno debería, quizá, trabajar en conseguir que quien quiera pueda trabajar más horas más que en subir el Salario Mínimo -algo que ya ha anunciado que hará-, otra medida que tiene sobre la mesa es precisamente la reducción de la jornada laboral a 37,5 horas, lo que María Jesús Fernández, de Funcas, califica como «el segundo mayor error que se ha cometido en España desde 1978».
Todos, sin excepción, coinciden en que la jornada sólo puede reducirse si se ha producido una ganancia de la productividad, algo que no ha sucedido en España. ¿Conclusión? Perjudicará al empleo, a la competitividad, a la evolución de los salarios y al crecimiento económico, además de que provocará el cierre de empresas, avisan.
Cuentas públicas
Sanear las cuentas públicas es otra de las grandes asignaturas pendientes que tiene España, especialmente en lo relativo al elevado nivel de deuda pública, al que contribuye un sistema de pensiones que cada vez se lleva más recursos del Estado -incluso de la recaudación tributaria- ante la falta de voluntad de la clase política de adaptarlo a la longevidad, algo que los expertos creen que acabará sucediendo inevitablemente. Critican, en este sentido, la última reforma de pensiones, «el mayor error que ha cometido España en democracia», según Fernández, de Funcas.
Conde-Ruiz recuerda que cada euro del presupuesto que se destina a las pensiones no se dedica a otras políticas, como aquellas pensadas para mejorar la situación de los jóvenes -vinculadas a la productividad o la vivienda, por ejemplo-, y asegura que en los próximos años veremos una nueva reforma que trabaje en ese sentido, mientras que Alicia Coronil, economista jefe de Singular Bank, cree que España debería repensar cómo quiere que sea su Estado de Bienestar y revisar todo su Presupuesto, euro a euro.
«Hay partidas que podríamos eficientar desde el punto de vista del gasto con la utilización de tecnologías que están ahí, como la inteligencia artificial», sugiere, por ejemplo en el sector sanitario, en la justicia o en procedimientos administrativos.
Una reforma del sistema de Seguridad Social sería clave, según los expertos, para contener la deuda pública, que supone «un problema gravísimo», según Francisco Rodríguez, director del área financiera de Funcas, quien defiende que en España no hubo austeridad tras la crisis financiera de 2008, en contra de lo que se suele decir. «Francia es un aviso a navegantes», asegura, en relación a las dificultades que atraviesa estos días, con una prima de riesgo que ha superado en 20 puntos a la española.
Demografía
Detrás del problema de las pensiones se encuentra un fenómeno demográfico que sacudirá a la sociedad española los próximos años: el envejecimiento de su población, de forma que en 2050 nuestro país será el segundo de todo el mundo con una mayor proporción de personas mayores de 65 años, sólo por detrás de Japón. «Es un tsunami», dice gráficamente Conde-Ruiz, ya que arrasará con la estructura económica y productiva del país.
«En algún momento -dentro de 5 o 10 años- una gran parte de la población estará jubilada. Habrá menos gente trabajando y ellos tendrán que pagar las cotizaciones sociales para financiar las pensiones. Y ahí, o bien aumentan las cotizaciones, o bien se reducen las pensiones. Ninguna de las dos opciones es buena. Creo que los políticos tendrán que reaccionar. Y, desafortunadamente, la única reacción posible es que tendremos que trabajar más y durante más tiempo«, alerta Martin Jacob, profesor de Contabilidad y Control en el IESE Business School.
Para contener esta sacudida, que hará tambalear los cimientos del país tal y como lo conocemos, es fundamental la inmigración, aunque no será suficiente para aplacar lo que supone. El primer reto relacionado con la llegada de población de otros países es absorberla e integrarla, tal y como señala Raúl Mínguez, de la Cámara de Comercio, quien recuerda que mientras hace tres décadas los extranjeros sólo representaban un 1% de la población total, hoy son ya el 20%. Si no somos capaces de integrar a esa parte de la población crearemos un problema de cohesión social, advierte De la Rica.
¿Qué se puede hacer en este sentido? Francisco Rodríguez, de Funcas, que insiste en que la inmigración «es muy necesaria para la sostenibilidad del país», propone medidas para paliar el colapso en el reconocimiento o equivalencia de títulos, para evitar que haya ingenieros trabajando como fontaneros o filólogas cuidando niños. «No tiene sentido traer talento y bloquearlo administrativamente», señala.
Vivienda
La dificultad para acceder a la vivienda, tanto en propiedad como en alquiler, por sus precios desmedidos, es, según Conde-Ruiz, la dimensión en la que más se explica que los jóvenes están peor que en generaciones anteriores. La situación se podría catalogar como una «crisis», según Francisco Rodríguez, aunque en esta ocasión, a diferencia que en 2008, no es porque los promotores estén construyendo como locos, ni los bancos dando crédito sin control, sino que el problema es de exceso de demanda y falta de oferta y de «estrangulamiento regulatorio».
Para aliviarlo, reividinca la coordinación entre administraciones, evitar leyes como la Ley de Vivienda y aprobar otras pendientes como la Ley del Suelo. Doménech apunta también a la construcción de viviendas, ya que en los últimos años el ritmo de creación de hogares la ha superado ampliamente, en parte debido a la entrada de inmigrantes, que ha generado presión adicional en la demanda que no se ha visto acompañada de crecimiento de la oferta.
«La Ley de Vivienda es totalmente contraria a cualquier medida lógica y razonable que debería de implementarse en ese ámbito», lamenta María Jesús Fernández, de Funcas, quien ve el problema de la vivienda «irresoluble, en cierta medida», por la falta de espacio en las grandes ciudades y porque «crear nuevas áreas residenciales en España requiere décadas por los permisos, la burocracia, las infraestructuras, etc.».
Fondos europeos
La última gran asignatura pendiente de la economía española es la ejecución de los fondos europeos Next Generation, que tiene que estar terminada en agosto de 2026, y su correcta utilización para transformar el país.
En general, los economistas entrevistados temen que España haya desaprovechado la oportunidad que tenía para implementar las reformas estructurales que tenía pendientes y también que no haya destinado los fondos a proyectos realmente transformadores de la economía. «Para mí los fondos Next Generation han sido una gran decepción, en todos los sentidos», señala María Jesús Fernández, de Funcas, tanto porque no han tenido el efecto tractor que se esperaba sobre la inversión privada, como porque no se han llevado a cabo las reformas que eran necesarias. «En la mayoría de las veces han sido insignificantes o incluso se han hecho en el sentido contrario al que tenían que ir», agrega.
La inversión pública sí ha mejorado algo con motivo de los fondos, aunque los expertos recuerdan que sigue siendo de las más reducidas de Europa.
«Si realmente no tienen el poder transformador que se esperaba, serán una oportunidad perdida», lamenta Francisco Rodríguez, también de Funcas, mientras que Rafael Doménech recuerda un estudio del BCE que pone de manifiesto que hasta ahora los resultados están por debajo de las expectativas.


