¿OTRO VERANO “NUESTRO” DESQUICIADO POR UNOS ESTÚPIDOS?

A pesar de tener una inflación de lo más básico disparada, unos tipos de interés encareciendo las cuotas hipotecarias, una elecciones generales a 40º a la sombra, existen indicios de que el espíritu de Pepe Álvarez no ha desaparecido del todo.

 

Dentro de poco se cumplirán doce meses de aquel grito desgarrado de Pepe Álvarez, secretario general de UGT: “que se vayan a hacer puñetas, vamos a disfrutar del verano; que es nuestro”, recomendación que representaba mejor que nada el hartazgo post pandémico que recorría a los españoles hace un año.

 

En las últimas semanas hemos visto revisiones a mejor de las expectativas para la macroeconomía española y a la baja para la inflación, apoyadas en unos datos laborales con incremento de la afiliación. El Banco de España cuantificaba hace pocos días en 50.000 millones el ahorro ‘extra’ que conservaban los españoles de los días de encierro y son activos líquidos que ofrecen un respaldo para ser menos cuidadosos que en otros ciclos en los que la economía mermaba el poder adquisitivo.

En marzo se contrató financiación por más de 2.800 millones, por lo que no parece que haya miedo a endeudarse para consumir celebraciones. Los datos de gasto con tarjetas tampoco se reducen, en mayo la actividad de tarjetas españolas cerró el mes con un avance del 5% interanual, pero puede que los ciudadanos estén contratando deuda para “mantener el nivel de gasto”, es decir, para compensar la pérdida de poder adquisitivo provocada por el mayor coste de las hipotecas y la inflación.

 

Según el último Barómetro del CIS la preocupación de los españoles por la crisis y el paro se está moderando. Sea por el ciclo electoral, sea por el efecto ‘carpe diem’ esa postura es positiva para la economía española, aunque no despeja si las sombras esta vez sí que llegarán definitivamente el próximo otoño

 

“Es la economía, estúpido”: la microeconomía es lo que de verdad preocupa a los españoles

Lo cierto es que España es de los países que mejor ha controlado la escalada de precios, la inflación es la segunda más baja de la eurozona con el 3,2%. Pero algunos de los votantes de izquierda siguen sin fiarse y sin apoyar a este Ejecutivo como vimos claramente el pasado 28-M.  Una buena parte de los economistas lo achacan a que los ciudadanos en general perciben que el coste de la vida les ha subido un 13% en los últimos cuatro años y el precio de los alimentos más de un 23%, y que eso es lo que más les atemoriza, la carestía de la vida, por encima de leyes ‘super guay’ de Ejecutivos que se pasan la vida peleándose por el poder y no por ayudar las necesidades de los ciudadanos.

 

A principios de la legislatura Sánchez hablaba mucho de los vulnerables y de las clases más necesitadas pero se dieron cuenta que perdían fuerza por el lado de las clases medias y clases bajas que no se sentían protegidas ni resguardadas sino más bien abandonadas: el 25% de los ciudadanos declara que llega con muchas dificultades a final de mes, que necesita que venza la siguiente nómina para sobrevivir. Los electores, no comprendemos del todo las grandes teorías macroeconómicas que suelta el Gobierno, con el propio presidente diciendo que «la economía española va como una moto«. Tampoco digerimos las previsiones de cualquier organismo económico porque lo que nos duele es nuestro particular bolsillo.

 

Según la AIReF el IMV sólo llega a un 18% de los posibles beneficiarios. El optimismo laboral exagerado, basado en estadísticas “dopadas” de los ministros Escrivá y Díaz, contrasta con el pesimismo económico en el que viven las miles de familias de clase media que ahora están en riesgo de pobreza y de exclusión.

 

La polarización que sufre España, principalmente propiciada por el Gobierno de Sánchez y auspiciada también por la oposición que se resiste a bajar el pulso para que no la abofeteen desde el poder, imposibilita que las dos fuerzas principales, PSOE y PP, puedan establecer acuerdos fundamentales para reformar y renovar una gran cantidad de cuestiones graves pendientes que están por mejorar. De todo ello se benefician los partidos minoritarios y nacionalistas que a río revuelto sacan tajada política de sus apoyos, que siempre cobran a buen precio.

 

El propio Pedro Sánchez confesó que el PP ha apoyado en más de 51 ocasiones las medidas socialistas del Gobierno. Si ambos líderes quisieran podrían entenderse, pero el actual presidente en funciones siempre ha preferido abrazarse a la extrema izquierda, separatistas y Bildu como socios preferentes de viaje antes que buscar pactos con el centro derecha del PP. «Todo seguirá igual» y los dos grandes partidos se vuelven a sus extremos para buscar apoyos engordando así a los partidos que están contra el modelo de sociedad que describe la Constitución

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