España tiene un Gobierno que parece diseñado por Ikea: mucho adorno, muchas piezas sueltas, pero, cuando intentas montarlo, descubres que falta el tornillo principal.
El país se ha convertido en una estación de Cercanías en hora punta: abarrotado, caótico y siempre esperando un tren que nunca llega. Y el problema es que llevamos años en el andén, escuchando el mismo aviso por megafonía: “disculpen las molestias, el Gobierno está trabajando para mejorar el servicio”.
¿Para qué necesitamos un jefe de Gobierno cuya palabra vale menos que un billete de metro caducado? Porque lo grave ya no es que se le discutan las decisiones políticas: lo grave es que ni en un duelo la gente se cree sus palabras

Sánchez propone ahora un pacto de Estado contra los incendios tras reducir casi a la mitad el gasto en prevención. ¡¡¡ “Quien necesite ayuda que la pida” !!!
La oleada de incendios sigue castigando el noroeste de España. Sánchez ha anunciado que el Gobierno va a proponer un “pacto de estado para la mitigación y adaptación a la emergencia climática”, que implique a toda la sociedad civil, para que la respuesta y prevención de amenazas cuente con medios suficientes y quede fuera de la contienda política. No obstante, no ha dado detalles de en qué consistiría exactamente, más allá de emplazar a septiembre para establecer “las bases” de la propuesta., con especial incidencia en las provincias de Ourense, Zamora, León y Cáceres. Se compromete a hacer «todo y más» para que los ciudadanos vuelvan «cuanto antes» a la normalidad. Anunció que medio millar de soldados del Ejército de Tierra acudirán a ayudar a las zonas asediadas por las llamas y Sánchez intentará cumplir con los 200 efectivos que la Xunta reclama para Ourense
Lo cierto es que el pasado 10 de junio, la ministra portavoz del Gobierno, Pilar Alegría, anunció a bombo y platillo el Plan de actuaciones de prevención y lucha contra los incendios forestales con una cuantía de 115,8 millones de euros cuando en el año 2018 se destinaron a esta labor 225 millones de euros.
Por su parte, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, exigió al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que concrete “pues el único camino contra los fuegos tan extraordinarios que vivimos es usar hasta el último recurso disponible del Estado y de la UE. Aunque hacerlo una semana después es tarde, cabe dar la bienvenida a la rectificación del Gobierno y pedir que se concrete”, afirmó Feijóo en un mensaje en redes sociales. En su opinión, Sánchez reconoció cinco “errores propios: falta de previsión, de planificación, de anticipación, de inversión y de reacción”. “La total colaboración debería haber sido la prioridad desde el minuto uno, en esta y en cualquier emergencia. Quiero reconocer que todas las comunidades, con independencia del color político, lo han entendido así, y que ese es el ejemplo a seguir por parte de todos”, añadió.
Un Gobierno sin competencias (incompetente)
España tiene un Gobierno que parece diseñado por Ikea: mucho adorno, muchas piezas sueltas, pero, cuando intentas montarlo, descubres que falta el tornillo principal. Lo hemos comprobado con la Dana, con el volcán de La Palma, con los incendios de este verano. Ante cualquier emergencia, la respuesta de Moncloa es siempre la misma: “Son competencias de las comunidades autónomas”. Pues ya está. Cerremos el chiringuito. Si todo depende de las autonomías, apaguemos la Moncloa, desmontemos los ministerios y ahorremos en sueldos, asesores y coches oficiales.
¿Y qué pasa cuando no hay manera de eludir que sí es su competencia? Entonces aparece la segunda excusa: no hay dinero. O mejor dicho, no hay presupuestos, porque los demás, no se los aprueban. Es decir, tenemos un Gobierno que presume de ser el más progresista de la historia, pero que es incapaz de aprobar unas cuentas.
Mientras tanto, nosotros pagamos un récord histórico de impuestos y a cambio, recibimos servicios públicos en ruina. La sanidad con listas de espera de meses. Los colegios cayéndose a pedazos. Y los trenes…que ya es de sainete: convoyes que no caben en los túneles, líneas que se eternizan, obras que cuestan el triple de lo previsto, retrasos crónicos y ni una sola dimisión.
El país se ha convertido en una estación de Cercanías en hora punta: abarrotado, caótico y siempre esperando un tren que nunca llega. Y el problema es que llevamos años en el andén, escuchando el mismo aviso por megafonía: “Disculpen las molestias, el Gobierno está trabajando para mejorar el servicio”. Pero ese tren no viene nunca. Solo viene el revisor a pedirte más impuestos.
Para colmo, tenemos que ver cómo una presidenta autonómica, María Guardiola en Extremadura, da públicamente las gracias a los presidentes de Murcia y de la Comunidad Valenciana, y hasta al Gobierno de Portugal, por enviar medios de inmediato para ayudar en los incendios. Portugal responde en tiempo récord, regiones que ni siquiera son limítrofes mandan ayuda.
Alguien debería explicarnos cómo es posible que con récord de recaudación tengamos récord de deterioro en los servicios básicos. ¿Para qué necesitamos un jefe de Gobierno cuya palabra vale menos que un billete de metro caducado? Ese es el nivel de deterioro de la institución presidencial.
La pregunta, en el fondo, es siempre la misma: si no actúa en emergencias, si no aprueba presupuestos, si exprime a los ciudadanos hasta el hueso mientras los servicios públicos se caen a pedazos, si convierte el transporte en un chiste y si ni siquiera conserva un gramo de credibilidad personal… ¿para qué necesitamos un Gobierno?. La respuesta quizá sea sencilla: no lo necesitamos. Ellos nos necesitan a nosotros. Nosotros, a estas alturas, lo único que necesitamos es que dejen de estorbar. El país funciona a pesar de ellos, no gracias a ellos. Los médicos, los maestros, los agricultores, los empresarios, los autónomos, los transportistas… todos siguen levantándose cada mañana y tirando del carro mientras el Gobierno se limita a mirar, poner la mano y dar excusas.




