NI PP NI PSOE PARECE QUE PUEDAN FORMAR GOBIERNO ¿NO HAY SALIDA?

España se ve sumida en la incertidumbre política pues aunque el PP se convierte en el partido más votado en el Congreso, ni Feijóo ni Sánchez cuentan, de inicio, con las mayorías suficientes para formar gobierno.

 

El bloqueo deja a la cuarta economía de la UE en el limbo y abre la puerta a semanas o meses de complicadas negociaciones sobre alianzas electorales o a la repetición de elecciones, como ya ocurrió en 2015-16 y 2019.

 

El resultado otorga un papel potencialmente fundamental a Junts per Catalunya, un partido separatista de línea dura con siete escaños que podría llegar a un difícil acuerdo para dar sus votos a Sánchez. En caso contrario, los españoles tendrán que votar en otras elecciones generales, las sextas en ocho años.

 

La situación actual es de “limbo político” pues el 23-J arroja un resultado inconcluso y un embrollo político que se ha hecho familiar a los españoles desde que el sistema bipartidista se fracturó hace casi una década.

 

El lío político no es nuevo en España. En 2016, el país pasó 10 meses de elección en elección. Luego, Sánchez destituyó al primer ministro conservador y se hizo con el poder en una maniobra parlamentaria en 2018. Siguieron más elecciones hasta que Sánchez, finalmente, improvisó un gobierno minoritario con la extrema izquierda y el apoyo en el Parlamento de pequeños partidos independentistas.

 

Dado que España no tiene tradición de grandes coaliciones entre PP y PSOE, tal y como sucede en Alemania, por ejemplo, Sánchez seguirá presidiendo un gobierno en funciones. Y si nadie consigue formar gobierno, el país tendrá que celebrar nuevas elecciones, algo que nadie desea.

 

Ahora, Sánchez, un superviviente político de primer orden, vuelve a desafiar las expectativas, aumentando los escaños de su partido en el Parlamento y con la posibilidad de bloquear la formación de un gobierno conservador.

 

En cualquier caso Sánchez, que ha gobernado España durante cinco años, seguirá al frente de un gobierno pues el Partido Popular ha fracasado en su propósito de conseguir una mayoría electoral contundente La consecuencia es que ninguno de los dos grandes partidos está en condiciones de gobernar el país en condiciones de mínima estabilidad.

 

La izquierda celebra, no una victoria, sino una derrota que puede permitirle seguir en el gobierno, sin tener en cuenta el precio que haya que pagar por ello. En definitiva si, contra el pronóstico de las encuestas, Sánchez consigue seguir siendo presidente del Gobierno, es lógica la satisfacción de este momento. Las celebraciones por este éxito imprevisto hacen olvidar que, para seguir en el poder, Sánchez necesitará, además, en esta ocasión, también del propio Puigdemont en persona.

 

Estas elecciones dejan, no obstante, algunas buenas noticias. Los dos partidos centrales de nuestra arquitectura constitucional, PP y PSOE, han agrandado considerablemente su espacio. La extrema derecha de Vox ha perdido notablemente posiciones, nada menos que 19 escaños. También la extrema izquierda ha retrocedido —Sumar tiene siete escaños menos que Podemos—. Y, sobre todo, han sufrido un considerable retroceso los dos partidos independentistas catalanes. Sólo Bildu ha mejorado ligeramente a costa del PNV.

 

Si PP y PSOE interpretan adecuadamente el mensaje de los votantes, deberían pactar entre ellos una solución que evite dejar al país en manos de los extremistas y de Puigdemont.

 

Cualquiera de los dos está legitimado para encabezar ese pacto, y quien tome la iniciativa y demuestre mayor generosidad será en su momento reconocido y premiado por los electores. En todo caso, si de verdad están pensando en el bien de España, PP y PSOE deben de resolver la gigantesca crisis que se ha abierto con estas elecciones sin permitir que los extremistas y los partidos que no creen en nuestra Constitución ni en nuestra democracia ni en España como proyecto, decidan nuestro futuro.

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