Los descuentos en servicios básicos que se derivan de estar inscrito en las listas del paro inflan artificialmente las cifras
Hace solo unos pocos años, un presidente de la gran patronal de empresarios confesaba que alrededor de un millón de las personas que estaban registradas en las listas de desempleo no tenían el más mínimo interés en encontrar un puesto de trabajo. En su opinión, figuraban en el entonces Instituto Nacional de Empleo (Inem) porque era una exigencia para conseguir una serie de beneficios sociales en sus ciudades de residencias, que sin la condición de parado no podían alcanzar. En esos años, el desempleo estaba situado entre los 3,5 y los 4,5 millones de personas.
Con los últimos datos del Servicio Público de Empleo Estatal, el organismo público que ha sustituido al Inem, en mayo, había registrados 2.454.883 parados, de los que 958.462 eran hombres y 1.486.421, mujeres; 171.003, eran menores de 25 años y 2.283.880, mayores de esa edad. Por sectores, 79.227 trabajaban en el sector agrícola; 190.144, en la industria; 180.266, en la construcción; 1.773.016, en el sector servicios, y 232.230 buscan su primer empleo. El 9,45% de todos los parados inscritos en el SEPE aún no ha empezado a trabajar.
Si se analizan detalladamente estos últimos datos se puede observar que de todos los que buscan su iniciación en el mercado laboral, 32.899 (algo más del 14%) no han cumplido los veinte años; otros 39.017, el 16,8%, tienen entre 20 y 24 años; 26.592, el 11,45%, entre 25 y 29 años. Hasta aquí todo parece normal. Lo que no lo es tanto es que 56.644, el 24,4%, lo hagan con entre 30 y 44 años y 77.078, el 33,2%, tengan ya más de 44 años. Sorprendentemente, a medida que avanza la edad se intensifica la “búsqueda” del primer empleo.
El tema no es nuevo. En el año 2006, con casi pleno empleo en España, 223.775 personas buscaban su primer puesto de trabajo; de ellas, 72.957, casi uno de cada tres, habían cumplido ya los 44 años. En 2012, también en el mes de mayo para hacer homogéneas las comparaciones, un par de meses antes de que estallara la crisis de confianza de la deuda soberana de los países del sur de Europa, 413.841 personas buscaban su primer empleo y de ellas 138.732, el 33,5%, la cifra más alta de los últimos viente años, habían sobrepasado el ecuador de una vida laboral normal.
Hay algunas cifras que llaman poderosamente la atención en cualquier análisis pormenorizado. De los 77.078 personas de más 44 años que figuran como parados en busca de su primer trabajo y, por tanto, demostrando que “están activamente buscando un empleo”, casi el 81%, un total de 62.341 personas son mujeres y apenas 14.737, hombres. No son cifras excepcionales las de 2025. En 2020, por ejemplo, la proporción era de 82,3% para las mujeres y el 17,7% para los hombres, lo mismo que en 2022 y 2023.
Beneficios sociales de los parados
Las razones de estas elevadas cifras hay que buscarlas en los beneficios sociales que conlleva la condición de parado y que acaban inflando los datos globales en determinadas franjas de edad. La práctica totalidad de las administraciones públicas, organismos y empresas ofrecen descuentos o tarifas reducidas en muchos servicios públicos, entre ellos el transporte urbano como autobús, metro, tranvía, tren…
Dependiendo de la ciudad de residencia del desempleado y de la generosidad de la administración local que gobierne existen cursos gratuitos de formación, incluidas las escuelas de idiomas. Pueden llegar a concederse a los parados ayudas en servicios públicos como el suministro de electricidad o agua, tasa de basuras, impuesto sobre bienes inmuebles. Y luego están los estímulos en las actividades culturales y deportivas. Son razones más que suficientes para inscribirse en el SEPE y figurar como demandante del primer empleo con 45 años sin tener la menor intención de incorporarse al mercado laboral.
A la cabeza de los parados mayores de 44 años que buscan su primer trabajo está Andalucía, con 23.686 personas, el 31% del total, muy por encima de Cataluña, que cuenta con una población solo algo menor, o Madrid. En Cataluña hay inscritas 8.651 personas y en Madrid, 6.321. Hay una provincia que destaca en este aspecto: es Cádiz. Ella sola, con una población de 1,26 millones, según el último padrón del INE, inferior a Sevilla o Málaga, concentra el 26,5% de todas las peticiones de Andalucía, con 6.269 registrados, cuando Barcelona, con casi seis millones de habitantes tiene inscritos 6.351.


