La partida más importante de estos costes laborales no salariales son las cotizaciones obligatorias a la Seguridad Social con un aumento entre estos años de más del 30%
Cada vez es más caro contratar en España no por el pago de los salarios, que siguen perdiendo poder de compra, sino por los costes fijos inherentes a la empleabilidad, que suben, y que pueden afectar a las decisiones empresariales a la hora de aumentar las plantillas. Desde que Sánchez llegó a La Moncloa en 2018 se han disparado los costes laborales no salariales por encima de los gastos en las remuneraciones. Según los datos de la Encuesta Anual de Costes Laborales del INE, el coste medio empresarial en abonar las cotizaciones a la Seguridad Social, beneficios sociales, prestaciones sociales directas e indemnizaciones por despido, entre otros, ha crecido un 28% en 2025 respecto a 2018 mientras que el alza de los salarios brutos ha sido del 23% en términos corrientes. Es decir, si en 2018 el coste laboral no salarial por cada trabajador era de 8.093 euros ahora es de 10.338 euros (casi 2.300 euros más). Por su parte, el salario bruto era de 23.003 euros en aquel año y en 2025 alcanzó los 28.410 euros. En todo caso, en términos constantes (descontando la inflación), los salarios han perdido un -0,3% de poder adquisitivo neto mientras que el alza de los demás costes laborales ha sido de 1,2 puntos.
En todo caso, es la primera vez que sucede este ‘disloque’ económico entre el incremento de los costes laborales no salariales y los salariales y es la consecuencia de la subida generalizada de las cotizaciones de los últimos años y, a la vez, de la bajada de los sueldos agravada además en términos reales por el empeño de Sánchez en incrementar los ingresos fiscales subiendo los impuestos a la ‘clase trabajadora’ al no deflactar la tarifa del IRPF con el IPC, así como las deducciones y reducciones, aumentando esa pérdida de poder de compra sobre todo a los contribuyentes sujetos a una nómina.
La partida más importante de estos costes laborales no salariales son las cotizaciones obligatorias a la Seguridad Social con un aumento entre estos años de más del 30% (ha pasado de 7.187 euros en 2018 a 9.365 euros en 2025). De esta forma, contratar a un trabajador en la industria del refino del petróleo (coste laboral total), en el top salarial, por 68.355 euros de salario bruto (antes de impuestos) le cuesta a la empresa empleadora 93.280 euros anuales ya que tiene que abonar también otros casi 25.000 euros por los costes fijos no salariales (26,7%). En 2018, ese coste fijo era de 21.435 euros mientras que la nómina bruta alcanzaba los 55.771 euros y, por tanto, el coste laboral total para el empleador se situaba en 77.425 euros. Por tanto, el sueldo bruto en este sector ha crecido en este periodo por encima del 21% mientras que el alza del coste laboral no salarial ha sido del 16,2%. Pero este efecto que se observa en las grandes entidades no se produce en la mayoría de las empresas españolas. Sólo hay que fijarse en el otro extremo salarial, es decir, en la cola de las retribuciones, ya que cada empleo de jardinero o en los servicios para las edificaciones le sale a la empresa por 20.733 euros anuales ya que abona un sueldo bruto de 14.577 euros mientras tiene que hacer frente a otros 6.206 euros de gastos laborales no salariales (casi el 30% del coste total). En 2018 el sueldo bruto era de 11.918 euros mientras que los costes laborales no salariales alcanzaban los 4.812 euros incrementando el total de los costes a 16.730 euros. Es decir, el salario bruto ha crecido un 22% en este periodo mientras que el coste laboral no salarial ha escalado al 29%. Los datos confirman que la mayor repercusión del incremento de los gastos fijos asociados a la contratación se produce en los sectores en los que abundan pequeñas y medianas empresas (99% del tejido empresarial).
Por ejemplo, los costes laborales no salariales desde 2018 han aumentado exponencialmente en las sociedades dedicadas a la fabricación de productos informáticos y electrónicos (54%) frente a un alza salarial del 9%. En la confección textil, estos costes suben casi un 31%, muy por encima del 23% de los salarios; en la fabricación de coches, el aumento es del 26% frente al 11% de las nóminas; en la construcción, el alza es del 24% frente al 16% de las remuneraciones; en el comercio al por mayor y al por menor, la subida es del 30% frente al 22% de los sueldos; en las agencias de empleo privado, la escalada es del 28% frente al 24% de las retribuciones; y en las Administraciones Públicas, el ‘subidón’ de los costes no salariales llega al 35% mientras que los sueldos suben un 24% (por encima de la inflación).
En cuanto a los sueldos, la estadística demuestra que son más elevados en los sectores con las empresas de mayor tamaño y sobre todo entre las que mantienen una situación de dominio de mercado, es decir, de cuasi monopolio o en todo caso de oligopolio, ajenas a cualquier vaivén económico. Así, el refino de petróleo, la banca y las empresas de suministro de energía como la luz o el gas sin apenas competencia lideran los sueldos en España incrementando la brecha salarial que se ha acentuado en los últimos años con el actual Gobierno. En sentido contrario, los sueldos más bajos se registran en las empresas con mayor grado de competencia y sobre todo en las de menor tamaño y ubicadas en el sector de los servicios.
Por ejemplo, en el segundo lugar del ranking de las empresas que mejores sueldos brutos pagan, además de las dedicadas al refino del petróleo (esos 68.335 euros anuales, es decir, 40.000 euros por encima de la media nacional) se encuentran: las entidades financieras (64.588 euros); las sociedades de suministros de electricidad o gas (64.207 euros); las de la industria del tabaco (53.303 euros); las del transporte aéreo (50.129 euros); las compañías de seguros (49.005); las de fabricación de productos farmacéuticos (48.657 euros); las que ejercen actividades de programación en televisión o radio (47.602 euros) y las de consultoría y actividades informáticas (45.449 euros). De los salarios de políticos no hay información detallada. En todo caso, según el INE, el sueldo medio en la Administración Pública es de 34.321 euros (27.640 euros en 2018) mientras en la educación (incluye al sector público y al privado) el salario medio es de 27.902 euros (21.457 hace siete años) y en la sanidad (también incluye ambos sectores) es de 35.478 euros frente a los casi 30.000 euros en 2018.
Y en el otro extremo salarial, en el trasfondo laboral, además de los jardineros con esos 14.577 euros al año (por debajo del SMI), se encuentran los trabajadores más vulnerables de la última reforma laboral afectados por el ‘boom’ del empleo fijo discontinuo o el indefinido a tiempo parcial. Los camareros cobran una media de 15.005 euros anuales brutos (1.072 euros mensuales); los monitores deportivos, recreativos o de entretenimiento perciben (15.155 euros); los que trabajan en servicios sociales (no incluye residencias) ganan 16.155 euros; los empleados de residencias de ancianos ingresan 18.320 euros; los carteros llegan a 20.125 euros; los trabajadores del comercio al por menor obtienen 20.805 euros; los empleados de centros veterinarios consiguen 20.693 euros; los trabajadores de agencias de empleo privado alcanzan los 21.508 euros; y, por ejemplo, los administrativos en oficinas se sitúan en 22.801 euros.
Por debajo del salario medio bruto, es decir, esos 28.410 euros (unos 2.000 euros brutos al mes antes de impuestos), se encuentra prácticamente la mitad de las divisiones de los asalariados y eso que la economía, según Sánchez, va “como un tiro” y crece por encima de las principales economías europeas.
Fuente: Los costes laborales para las empresas suben cinco puntos más que los salarios con Sánchez


