LAS REFORMAS DE LAS PENSIONES Y LA LABORAL DEBERÍAN CENTRAR LA CAMPAÑA ELECTORAL DE LAS GENERALES

Sin embargo Pedro Sánchez parece decantarse por una campaña “ideológica” y saca el “dóberman” a pasear

 

Lo primero que llama la atención es que un presidente tan demócrata como Pedro Sánchez, que presume de buscar consensos y rodeado de cientos de asesores, al final prescinda de todos ellos en un momento tan trascendente como el adelanto de una elecciones generales.  El líder socialista justificó el adelanto ante la necesidad de detener la ola conservadora y está convencido de que sus medidas económicas están provocando un tirón de la economía (aunque sea la última en recuperar el PIB pre-Covid gracias a los fondos europeos) y pretende movilizar a la izquierda para que vaya a las urnas a defender sus reformas de pensiones o laboral, de las que está muy satisfecho. Para conseguirlo, intentará revivir en el imaginario colectivo el fantasma de la unión entre la «extrema derecha» con «la derecha extrema» para repetir el éxito de la foto de Colón.

 

Su análisis de los datos electorales es que los socialistas mantuvieron el apoyo popular en los comicios del 28-M, pese a perder siete autonomías y varios ayuntamientos señalados como Sevilla o Valencia y no lograron recuperar el de Barcelona. La salida de las administraciones se debe al batacazo de Podemos, que no logró siquiera representación en Madrid y en la Comunidad Valenciana. Por eso está convencido de que el resultado de las generales dependerá de la movilización de ese voto de izquierda al grito de «no pasarán, que viene la ultraderecha».

 

Es cierto que la economía aguanta mejor de lo previsto. Las previsiones eran que entraría en recesión en el último trimestre del año pasado o en el primero de éste y ni una cosa ni la otra ocurrió. La clave está en el desempleo, que se ha mostrado resistente en los países desarrollados, como señala el informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). El adelanto pergeñado por Sánchez está bien pensado desde ese punto de vista porque permitirá esquivar las incertidumbres de los próximos meses y aprovechar el tirón de aquí al verano, con el récord del turismo.

 

Consciente de que el partido está por jugar, el candidato del PP proscribirá la palabra recortes porque su intención a priori no es suprimir las reformas de las pensiones o la laboral, pero sí introducir ajustes para mejorarlas. Así, se mantendrá su indicación al IPC acordada en el Pacto de Toledo, pero se revisará su sostenibilidad mediante solamente la subida de cotizaciones sociales diseñada por Escrivá o la supresión de los incentivos fiscales a las aportaciones a los planes de pensiones. En el ámbito laboral, están en el punto de mira los fijos discontinuos, una manera de engordar artificialmente el empleo a costa de una mayor fragmentación de los contratos, como se ve por la reducción de las horas de trabajo.

 

Los populares confían en que los sindicatos respeten el pacto trianual con la patronal para subir los salarios y mantener la paz social durante los primeros años de Gobierno. La complicidad con los sindicatos pasará factura a Sánchez porque propició esa pérdida de poder adquisitivo al facilitar que las remuneraciones de los trabajadores hayan mejorado mucho menos que la inflación. España es el país que más renta per cápita pierde de la OCDE, con el 17% en el último año

 

De todas maneras, la mayor metedura de pata de Sánchez no viene del lado económico, sino del político. La ley del sí es sí, que facilitó la rebaja de cientos de penas por agresiones sexuales y, en última instancia, los acuerdos con Bildu dieron el golpe de gracia a su Ejecutivo

 

Alberto Núñez Feijóo está obsesionado con mantener a raya el gasto público y lo primero que pedirá si llega al poder será una auditoría de las cuentas de Sánchez, después de la experiencia de Rajoy, que se encontró con un déficit del 11%, mucho mayor del reconocido oficialmente. En el PP creen que los resultados electorales son ya irreversibles, porque el ciudadano se siente víctima de la inflación y de la pérdida de poder adquisitivo y culpa de ello a Sánchez. Esperan arrasar en las urnas el próximo 23-J y para ello confían en la Santísima Trinidad: Madrid, Andalucía y Valencia, las tres autonomías más pobladas después de Cataluña.

 

YA SE VERÁ.

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