LAS FOTOS DE SÁNCHEZ Y SU HERENCIA DIABÓLICA

Magro álbum de fotos del presidente, que confirma lo que dijo Publio Sirio: quién sólo vive para sí, está muerto para los demás.

Sánchez dejará a quien le suceda en el Gobierno, cuando sea, un legado envenenado, sobre todo en asuntos económicos, como el gasto en pensiones y en defensa

 

 

Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), Ramón como le gustaba que le llamaran, ya advirtió de que «la herencia es la última rencilla que deja el muerto entre los vivos». Felipe González le contó la semana pasada a Carlos Alsina en Onda Cero, minutos antes de que el Constitucional que preside Cándido Conde Pumpido avalara la constitucionalidad de la amnistía a los condenados por el «procés», que Pedro Sánchez ya «no tiene vida política».

 

Equivale, claro, a un deceso político de un personaje que dejará, cuando llegue el momento, un entuerto más que notable para sus sucesores. En el PSOE, por un lado, en el Gobierno, por otro, y en definitiva en todo el país. Generará problemas y rencillas sin fin y no será fácil de administrar.

 

La herencia política que dejará el ahora inquilino de la Moncloa será tortuosa, pero la económica –que hipotecará a quien la reciba– será diabólica. El pacto con la OTAN, por ejemplo, al margen de las represalias, que ya se verán, del matón de Donald Trump.

 

El presidente ha suscrito, diga lo que diga, un aumento del gasto en defensa, hasta el 5% anual del PIB, es decir, unos 80.000 millones en el caso de España. Sánchez, «capitidisminuido» en los foros internacionales donde el antaño «handsome» –guapo– y políglota triunfaba, asegura para consumo interno y de sus socios que solo se ha comprometido a un 2,1% de gasto.

 

Los acuerdos firmados no dicen lo mismo, pero eso quizá sea lo que menos le inquiete. Se hará el remolón y así se justificará ante Yolanda Díaz, Ione Belarra y todo el radicalismo que se sustenta, y ya está. El problema llegará en 2029, cuando la OTAN revisará los pactos y, entonces sí, puede exigir que empiece a cumplirse lo acordado. Todo es posible, pero es probable que Sánchez ya no esté en el Gobierno y que sea su sucesor el que tenga que lidiar con una patata más que caliente. Es lo que comentaban algunos líderes europeos en los corrillos de la cumbre de la OTAN de la semana pasada.

 

El gasto en defensa, a pesar de su muy elevado volumen, no será la herencia más delicada y diabólica de Sánchez. También la semana pasada, la Comisión Europa que preside Ursula von der Leyen, publicó la edición correspondiente a 2024 de su «Ageing report», es decir, «Informe sobre el envejecimiento».

 

Aborda, sobre todo, la situación y el futuro de las pensiones en los países de la Unión Europea. Es, por ejemplo, uno de los estudios a los que hacía referencia José Luis Escrivá, gobernador del Banco de España, para justificar que la institución que encabeza deje de estudiar ese asunto, como ha hecho desde hace muchos años y hacen otros bancos centrales de la eurozona.

 

El «Ageing report», en medio de los enredos y escándalos que concentran la atención, ha pasado algo inadvertido, excepto para los expertos. Ni el Gobierno, por supuesto, ni mucho menos la ministra del ramo, Elma Saiz, tienen interés en la difusión de los escenarios que describe.

 

Los expertos de la Comisión calculan que España soportará la mayor carga fiscal en pensiones de toda la Unión Europea hacia 2050, es decir, dentro de solo 25 años, aunque la fecha pueda parecer lejana.

 

Ese año, las previsiones estiman que el 41% de toda la recaudación de las Administraciones públicas españolas deberá dedicarse al pago de las pensiones. Solo Portugal (29%), Italia (38.8) y Rumanía (38.3) se acercan a la situación de España. En el otro extremo, Suecia, apenas tendrá que dedicar el 20% de su recaudación a ese concepto y algo más países como Holanda o Dinamarca, presentados con frecuencia como modelos de Estados del Bienestar. Por otra parte, 2050 será el año de pico de gasto, pero las tensiones fuertes empezarán a llegar a partir de 2036, es decir, apenas dentro de diez años, cuando claro, nadie prevé que Sánchez siga en el Gobierno.

 

La herencia económica del inquilino de la Moncloa será mucho más difícil de administrar que la política, por complicado que esté ahora ese territorio. Suceda quien suceda al frente del Gobierno al líder del PSOE no tendrá la opción de rechazar un legado envenenado, sino que tendrá que convivir con él y enderezarlo.

 

Habrá más asuntos económicos pendientes, pero las pensiones, en primer lugar, y el gasto en defensa, darán los mayores dolores de cabeza. Hay soluciones, por supuesto, pero exigen sacrificios.

 

España, en los próximos años, deberá acometer ajustes –recortes– y subir impuestos para atender a las pensiones y otros gastos, sin que se descarte que se vea obligada a hacer ambas cosas a la vez: recortes y aumentos de impuestos. Pero claro, Sánchez ya no se ocupará de eso e incluso culpará a sus sucesores, a los que habrá dejado su herencia y «su última rencilla», como advertía Gómez de la Serna, Ramón.

 

Las fotos de Sánchez

Todos guardamos algún álbum de fotos, en el teléfono móvil, en uno de esos con anillas, incluso en cajas de zapatos.

 

En el caso de Sánchez, un narcisista de libro, su álbum debe ser extensísimo, abundante, repleto de momentos, gentes y lugares. Pero mucho nos tememos que, entre las fotografías que estará borrando para que no se le relacione con Koldo, con Ábalos, con Santos Cerdán, con Aldama o, a lo peor, incluso con Begoña, y aquellas otras en las que no queda demasiado bien poco testimonio gráfico va a quedarle al presidente.

 

Ahí tenemos, por empezar, la fotografía de él junto a su primer gobierno en las escaleras de Moncloa. Fotografía típica, pero no en su caso porque ahí estaba con aquellos podemitas de los que había dicho que no podría pactar con ellos y conciliar el sueño. Si desde entonces ha dormido o no es una cosa de Sánchez. Lo cierto es que somos los españoles quienes no pegamos ojo por culpa de él y sus aliados.

 

Otra fotografía curiosa es la de él huyendo de Paiporta ante la indignación de los vecinos afectados por el desastre de la DANA y que todavía están esperando la ayuda del gobierno. Aquella cara, entre crispada y acobardada, es la mejor descripción del personaje que pueda hacerse. Tenemos fotos de Sánchez entrando en Moncloa con todo el personal aplaudiéndole, como si fuera la reencarnación de aquel Julio César que regresaba victorioso tras una de sus brillantes campañas. La diferencia estriba en que al lado del César había un esclavo que le susurraba “Memento Mori”, recuerda que has de morir. Pero, ¿quién iba osaría decirle tal cosa a Sánchez sin exponerse a quedar cesante y marginado? Nadie.

 

Hay muchas más imágenes, por descontado: la de Sánchez persiguiendo a Biden por los pasillos de Bruselas, la de Trump indicándole con gesto enérgico y cara de malas pulgas que se siente, Sánchez intentando situarse junto a los reyes siendo advertido por Protocolo que ese no era su sitio, Sánchez recibiendo al Rey con las manos en los bolsillos o la más reciente de Sánchez con maquillaje de película expresionista alemana marcando pómulos dignos de Cesare, el discípulo del Doctor Caligari.

 

Pero la que más nos ha impactado de todas, y son muchas donde escoger, quizá sea la de la última reunión de la OTAN. Sánchez está en un extremo, solo, aislado, sin nadie, como un camarero que aguarda que acaben de para servirles unos refrescos, Pocas veces una cámara ha captado mejor el alma del objeto que fotografiaba. La sensación del aislamiento más duro, más descarnado, más total, preside esa imagen en la que el interfecto parece no darse cuenta de nada – y si se da, le importa una higa – mientras se empeña en aparecer en una foto en la que ya no tiene lugar ni forma parte de la misma.

 

0 0 votes
Article Rating
Suscribirme
Notificarme de
guest
0 Comments
Recientes
Antiguos Más Votado
Inline Feedbacks
View all comments