LAS CORTINAS DE HUMO CON LA VIVIENDA, EL PIB Y PALESTINA PARA TAPAR LO DEMÁS

El gobierno entra en modo electoral. Los socialistas aseguran que las instrucciones recibidas de Sánchez son que en cualquier momento puede interrumpirse la legislatura. El lunes el presidente aprovechó un acto con la candidata a la Junta andaluza y vicepresidenta primera, María Jesús Montero, para anunciar un paquete de medidas para el acceso a la vivienda de los jóvenes, en vísperas de que el Consejo de ministros revisara al alza el crecimiento del PIB y el fin de semana después de que S&P mejorara el rating de calificación de la deuda española. Sánchez vuelve a refugiarse en la macroeconomía para huir de los problemas políticos.

 

 

Es otro más de sus juegos florales, con medidas propagandísticas, de efecto prácticamente nulo. La subvención de hasta 30.000 euros a los jóvenes que alquilen viviendas protegidas para que puedan a pasar a ser propietarios es imposible de desarrollar, ya que en nuestro país apenas existe esta modalidad de vivienda.

 

La iniciativa estuvo ya en vigor hasta 2012 y sólo 1.182 personas se acogieron a ella en una década. Una cifra ridícula en comparación con el déficit de 600.000 unidades estimado por el Banco de España. Si hubiera estado activa el año pasado, por ejemplo, sólo 64 personas podrían haberla aprovechado.

 

El Gobierno también contempla subvenciones de hasta 10.800 euros para instalarse en zonas rurales, que ya era conocida. Como se ve, ninguna va dirigida a atacar la subida de los precios en grandes urbes, donde la demanda supera varias veces a la oferta, cada vez más exigua por el miedo a la ocupación. Estas ayudas engordan la demanda y empujan al alza los precios, en lugar de bajarlos.

 

En cuanto a la subida del PIB en una décima se trata de un dato muy manipulable y sin efecto práctico sobre la vida ciudadana. «Sorprende que las revisiones del PIB siempre se hagan al alza y se compensan con retoques a la baja de trimestres anteriores, que sirven para impulsar el crecimiento del trimestre actual. La revisión al alza del PIB coincidió, casualmente, con el informe del Banco de España, elaborado por su exministro y actual gobernador, José Luis Escrivá, que pinta un oscuro panorama para el próximo año, con ocho décimas de crecimiento menos, hasta el 1,8%. Probablemente para quitarle relevancia, Sánchez contraprogramó a Escrivá para que los medios no destacáramos en titulares los tres aspectos que frenarán la economía ya en 2026: los aranceles de Trump, las subidas salariales recogidas en los convenios del 4,3% para los próximos años, frente al 3,3 del pasado y el turismo.

 

El banco central advierte de que el avance en las remuneraciones combinado con un descenso de la productividad puede reactivar la inflación. Pero el nudo gordiano está en el turismo, la gallina de los huevos de oro española, que ralentiza su crecimiento y amenaza con tocar techo en los próximos años, en medio de una creciente turismofobia en todas las ciudades costeras por el encarecimiento de la vivienda. La falta de resolución de este último problema está comenzando a generar otro mayor. Están empeñados en hacernos creer que la culpa de las subidas de las casas está en los pisos turísticos y eso es como intentar matar moscas a cañonazos.

 

El Gobierno está desesperado por conseguir los Presupuestos. Yolanda Díaz voló los puentes con Junts en el Congreso y reconstruirlos va a resultar muy costoso. Además, las diferencias con Podemos a cuenta del tema israelí son cada vez más ostensibles. El último Consejo de Ministros dejó en el aire la aprobación del embargo de armas a Israel, país al que vendemos el doble que compramos por lo que estamos expuestos a sufrir represalias. La tecnología israelí está presente en nuestras vidas, desde que nos levantamos, tomamos un transporte público o consultamos el móvil antes de ir a dormir y no es posible renunciar a ella.

 

Pero a Sánchez le da igual, él va a lo suyo. Las encuestas internas apuntan a que la mayoría de los españoles estamos en contra del asesinato de miles de niños y adultos en Gaza. Una matanza similar al genocidio nazi. Sánchez pretende pescar votos en este río revuelto, aún a costa de reventar la Vuelta a España o de poner en entredicho el buen nombre de nuestro país para la organización de eventos deportivos internacionales.

 

Debería aprender a distinguir que una cosa son los intereses del Gobierno de Netanyahu y otra muy distinta son las empresas privadas, al igual que pasa en España con Sánchez. Pero su objetivo es desviar la atención hacia asuntos como éste o el de su enfrentamiento con Trump para tapar los escándalos de corrupción, con los que se fue de vacaciones este verano. En los tres casos, vivienda, revisión del PIB y defensa de las protestas propalestinas intenta levantar una gran cortina de humo.

 

Moncloa mira ya a la primavera. Mañueco celebrará elecciones en Castilla y León a mediados de marzo y Galicia y Andalucía están pendientes de convocarlas. Antes «pasarán cosas», como advirtió Puigdemont. Sus siete votos en el Congreso se han convertido en imprescindibles para tumbar disparates como el recorte de la jornada laboral o el encarecimiento del despido. La gran mayoría de sectores económicos están muy pendientes de sus enmiendas, que pueden sentenciar el futuro de cientos de empresas.

 

Pero Junts necesita que su líder vuelva de Bruselas para lavar su imagen y poder medirse de igual a igual con Salvador Illa y, sobre todo, para frenar el avance de la ultraderecha catalana en sus principales bastiones, como Vic, Olot o Ripoll. Todo pasa por la amnistía. Sin ella, no habrá Presupuestos y el efecto es nocivo para el Gobierno.

 

Sin Presupuesto y con la financiación singular sobre la mesa de negociaciones, Sánchez no tendrá más remedio que sacrificar a María Jesús Montero como vicepresidenta primera en la pira de las lamentaciones para que pueda concurrir, ya virgen de sus pecados originales, por apoyar al independentismo, a las elecciones andaluzas.

 

El candidato in pectore a vicepresidente es el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, después de las mejoras del rating y del PIB. Aquí nadie da puntada sin hilo. Ya está empezando a actuar como portavoz en muchos asuntos oficiales. Si el panorama económico es complejo, el político mucho más, y lo peor es que condicionará las decisiones empresariales en los próximos meses. La resolución de la OPA de BBVA sobre Sabadell cruzará el Rubicón esta semana. Lo lógico es que el presidente del banco vasco, Carlos Torres, apure hasta el martes para conocer los últimos datos de cómo va la aceptación de la OPA antes de dar a conocer una ecuación de canje más generosa para los accionistas del Sabadell. Su objetivo ya no está en el 50%, como recogía el folleto, se conformaría con el 30% para controlar a su adversario. En tres años, cuando decaigan las severas condiciones impuestas por el Gobierno, ya abordará la fusión definitiva.

 

La cortina de humo con la vivienda, el PIB y Palestina para tapar lo demás

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