LA PRENSA Y EL MUNDO FELIZ DE ZAPATERO Y PEDRO SANCHEZ

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España es el país de la Unión Europea con la tasa de pobreza infantil más alta, con un 27,8%, si se tiene en cuenta el dato más reciente de ingresos de 2021, según el informe ‘España: pobreza infantil en medio de la abundancia’, elaborado por Unicef basado en el Report Card 18 de su Oficina de Investigación. En concreto, España se situaría en el puesto 36 de 39 países de la OCDE colocándose solo por encima de Reino Unido, Turquía y Colombia, con una tasa del 28%. El estudio puntualiza que la pobreza infantil no depende solamente de los niveles de renta de los países, pues, por ejemplo, España y Eslovenia tienen similares niveles de renta por habitante pero España tiene una tasa del 28% y Eslovenia del 10%.

 

A lo mejor muchos ciudadanos no han escuchado la frase que pronunció hace una semana José Luis Rodríguez Zapatero (sí, sí, el de los “brotes verdes”), que afirmaba que “España vive en el mejor momento económico y social de su historia”.

 

Porque en la España campeona que vende el PSOE -Pedro Sánchez la situó hace unos días “a la cabeza de Europa” en lo económico- hay problemas de salud mental que son muy difíciles de combatir: la angustia y la desesperanza. No debe ser casual que los suicidios hayan aumentado un 15% en España desde 2008. Tampoco lo es que las patologías sociales y mentales aumenten en 8 puntos porcentuales. El progresismo y otras corrientes woke celebran que la sociedad es cada vez más igualitaria y en realidad tienen razón pues  estamos cerca de que todos estén igual de descontentos.

 

Lo cierto es que, por ejemplo, los alquileres han aumentado el 61% su precio en Madrid durante los últimos 10 años mientras que el sueldo medio tan sólo lo haya hecho el 10%.

 

Esta desfachatez de optimismo interesado de la prensa “cautiva” prefiere echar una mano a sus anunciantes a contar la verdad pues las generaciones más jóvenes viven peor que sus padres, pero lo harán mejor que sus hijos. Pero ellos venden que hay que resignarse a ser más pobre de lo esperado, pues eso es resiliente y sostenible.

 

Esos medios han optado por la idiotez en lugar de por el análisis objetivo de los acontecimientos, y así se esfuerzan cada día por edulcorar las nuevas formas de pobreza. Los portales de compra-venta de segunda mano, las tiendas Humana y demás sucedáneos se venden como formas de lograr sociedades sostenibles. Renunciar a comer carne equivale a modernidad. Y viajar en avión es ya insolidario. La sociedad decae y la propaganda intenta transmitir que todo está mejor que nunca. Nada más lejos de la realidad.

 

Los sistemas clientelares se defienden cuando los recursos escasean y sus miembros se agrupan de la misma forma que las tropas romanas: escudos arriba, abajo, a izquierda y a derecha para que nadie toque a nadie. Sus territorios se convierten en impermeables y nada ni nadie puede pasar por allí. La meritocracia se elimina y eso da lugar a castas y sistemas solidarios en la miseria.

 

Se trata de romantizar la decadencia, de hablar de sostenibilidad para aceptar las carencias y de aceptar la fábula de la zorra y las uvas porque, en realidad, quien no tiene nada también puede llegar a ser feliz. Si acaso, se aborda el debate sobre la salud mental y se reclaman más psicólogos en el sistema público, como si las charlas de una hora semanal con un especialista sirvieran para solucionar todo lo demás.

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