Suecia reformó su sistema en 1994 que era muy similar al sistema de reparto de España
La transición ha sido un éxito y Suecia tiene hoy uno de los sistemas más sostenibles
Una menor generosidad, mayor equidad intergeneracional y transparencia son las claves
El sistema de pensiones español es deficitario y mucho. De esto no existe duda. Su gran generosidad (una de las tasas de sustitución más altas del mundo), la indexación al IPC y, sobre todo, el invierno demográfico han generado un agujero que no para de crecer. Las cotizaciones sociales son insuficientes para cubrir los gastos y el Estado debe hacer transferencias cada vez mayores para mantener al día los pagos. Lo peor, quizá, es que esta tendencia solo está empezando. Por ello, cada vez son más los think tanks y expertos que miran fuera en un intento por buscar soluciones o medida que alivien este riesgo de insostenibilidad. El último estudio en esta línea se ha publicado este miércoles y busca soluciones en otros sistemas de pensiones como el sueco en un intento por extraer lecciones que puedan ayudar a mejorar la sostenibilidad de las pensiones españolas. La conclusión es que no hay fórmulas mágicas. Un sistema sostenible requiere afrontar la realidad económica y ser absolutamente transparente con sus contribuyentes. El mítico ‘sobre naranja’ o ‘carta naranja’ que tantas veces se ha recomendado desde Bruselas y el Pacto de Toledo adoptar a España resulta ser una especie de ‘religión’ en Suecia, un sobre que todo el mundo recibe y en el que se expone toda la información necesaria para que cada sueco planifique su jubilación, un ‘sobre’ donde se escenifican los pilares de un sistema de pensiones justo y sostenible.
El nuevo informe está realizado por los economistas y profesores Daniel Fernández Méndez, Santiago Calvo López y Miguel González Calvo, y publicado por el Centro Ruth Richardson de la Universidad de las Hespérides, ofrece una comparación profunda del sistema de pensiones español con el de Alemania, Suecia y Chile. Entre todas las experiencias analizadas, Suecia podría emerger como el espejo donde España debería mirarse, puesto que el modelo del país nórdico partía de un sistema de reparto como el de España, admite uno de los autores en declaraciones a elEconomista.es. Estos expertos creen que hay que buscar algún tipo de fórmula para intentar cerrar el creciente agujero de las pensiones en España, porque como han destacado en estudios pasados la insostenibilidad financiera del modelo actual de pensiones se va a mantener si no se implementan cambios estructurales profundos.
El sistema español solo tiene un pilar
El estudio explica que el sistema español reside en un gran pilar «que busca proporcionar una cobertura integral a los jubilados», a diferencia del sueco, donde este pilar garantiza solo la base y se complementa con pilares laborales y de ahorro individual de los que se informa en el ‘sobre naranja’ para que cada individuo genere sus expectativas y pueda realizar una planificación adecuada en función de sus preferencias de consumo futuro. Esta diferencia conceptual es clave. En España se concentra casi todo el esfuerzo previsional en el Estado (casi nadie se preocupa por el futuro porque cree que el Estado cubrirá todas sus necesidades consumo futuro cuando dejen de producir), mientras que Suecia lo distribuye. Esta diversificación, junto a la información clave del ‘sobre naranja’, es la que otorga solidez a largo plazo al modelo escandinavo y lleva a los suecos a realizar una mejor planificación de su futuro, según los autores del informe. «Suecia representa un caso de éxito en la reforma de un sistema que, como el español, partía de un modelo de reparto», señalan.

El caso de España es un tanto singular, puesto que la ‘carta naranja’ ha sido una cuestión recurrente (incluso con amagos) que no ha terminado de establecerse. Este problema de desinformación no es de ahora, sino que ha sido un problema latente desde hace décadas. Por este motivo y para paliar esta falta de información hace más de diez años que se aprobó la Ley 27/2011, sobre actualización, adecuación y modernización del sistema de Seguridad Social donde en una disposición adicional indicaba que «la Administración de la Seguridad Social informará a cada trabajador sobre su futuro derecho a la jubilación ordinaria prevista».
La reforma sueca de 1994 es descrita como un punto de inflexión histórico. Los autores destacan que Suecia «ejecutó una reforma integral que mantuvo el reparto, pero introdujo elementos de capitalización virtual, logrando asegurar la sostenibilidad financiera». De aquel rediseño surgió el sistema de cuentas nocionales, una arquitectura que combina la lógica del reparto tradicional con principios actuariales propios de la capitalización. Daniel Fernández y el resto de los autores destacan que Suecia creó «un sistema de cuentas nocionales donde cada trabajador acumula un saldo virtual con todas sus cotizaciones».
Los pilares del sistema al detalle
El modelo resultante se organiza en torno a tres pilares principales. El primero es un sistema de reparto. Es un régimen público, obligatorio y de reparto, financiado mediante una cotización del 16% sobre los ingresos pensionables del trabajador y del empleador. «Su característica más innovadora es que, aunque opera financieramente como un sistema de reparto (las cotizaciones actuales financian las pensiones actuales), su lógica de cálculo de prestaciones es la de un sistema de Cuentas Nocionales de Contribución Definida (NDC). Este mecanismo simula una cuenta de ahorro individual, creando un vínculo directo y transparente entre las contribuciones de toda la vida y la pensión final», rezan los autores del informe.
De una forma más detallada, estas cuentas nocionales convierten un sistema de reparto en algo parecido a un sistema de contribución definida. Funciona de la siguiente manera:
-Cada trabajador acumula en su cuenta virtual el 16% de su salario anual.
-Estas cuentas se actualizan con el crecimiento de los ingresos medios de la economía.
-Al jubilarse, el saldo acumulado se divide entre los años de esperanza de vida de su cohorte.
El segundo pilar del modelo sueco
El segundo pilar son las conocidas como pensiones ocupacionales, compuestas por los planes de pensiones de empleo. Aunque legal y formalmente son privados, en la práctica son prácticamente obligatorios, puesto que se negocian en los convenios colectivos entre los sindicatos y las organizaciones patronales. «Su cobertura es excepcionalmente alta, alcanzando a más del 90% de la fuerza laboral sueca, lo que los convierte en un componente esencial del ingreso de jubilación para la gran mayoría de los ciudadanos. Las contribuciones suelen rondar el 4,5% del salario y son gestionadas por entidades financieras especializadas».
Mientras que el último pilar o tercer pilar es el sistema obligatorio de capitalización, que sí es obligatorio y de capitalización individual. «Se financia con una cotización adicional del 2,5% sobre los ingresos por cotizaciones, que se deposita en una cuenta de inversión personal para cada trabajador. Este pilar introduce un elemento de elección y responsabilidad individual. Los participantes pueden elegir invertir sus fondos en una amplia cartera de fondos de inversión privados autorizados», sentencian los expertos que han realizado el informe.
No obstante, para asegurar un nivel de vida mínimo en la vejez, el sistema se complementa con una pensión de garantía, que según Fernández y el resto de autores se trata de una prestación no contributiva destinada a personas con ingresos de pensión bajos o nulos derivados de su vida laboral.
Un sistema que se ajusta de forma automática
Una de las enseñanzas más relevantes para España es la capacidad del modelo sueco de ajustarse automáticamente (una suerte de factor de sostenibilidad) a la realidad económica y demográfica. Fernández Méndez, Calvo López y González Calvo subrayan que Suecia implantó «un mecanismo automático que reevalúa las cuentas virtuales, ajustando los gastos del sistema a sus ingresos». Frente al sistema español, que depende de reformas políticas cíclicas, Suecia blindó la estabilidad del sistema, reduciendo al mínimo la discrecionalidad del legislador (del Gobierno de turno y color).
La diferencia de sostenibilidad entre ambos modelos es muy explícita en las cifras recogidas en el informe. Según los autores, «el gasto en pensiones sueco se mantiene estable en torno al 10% del PIB, mientras que en España los desembolsos aumentarán en 3,6 puntos de PIB hasta 2070». Este simple contraste resume décadas de divergencia institucional: mientras España ha ido incrementando generosidad sin ajustar los parámetros básicos, Suecia adaptó su sistema a la longevidad y al cambio demográfico desde hace más de treinta años. Esto ha llevado a que España acumule la mayor deuda de Europa con mucha diferencia en derechos pensionales.

El informe insiste en la importancia del consenso político como piedra angular del éxito sueco. Destaca que los partidos del país nórdico alcanzaron «un acuerdo histórico que permitió dotar al nuevo modelo de legitimidad y estabilidad más allá de los ciclos electorales». En contraste, España lleva décadas acumulando reformas parciales, reversibles y discutidas, lo que alimenta la inseguridad entre trabajadores y futuros pensionistas.
El ‘sobre naranja’ de Suecia
Otro elemento que España debería incorporar es la transparencia. En Suecia, cada ciudadano recibe anualmente el conocido ‘Sobre naranja’, que «resume el saldo acumulado, las aportaciones realizadas, el rendimiento de las inversiones y una estimación de la pensión futura». La pedagogía institucional se integra en el propio funcionamiento del sistema, generando confianza social y facilitando decisiones de ahorro. España, en cambio, opera con reglas complejas, de difícil comprensión y susceptibles de cambios repentinos.
El estudio también subraya cómo Suecia ha diversificado las fuentes de ingresos de sus mayores. Allí, solo el 51,6% de sus rentas procede de transferencias públicas, frente al 71,9% en España. Los autores explican que «los sistemas de ahorro individual y los ingresos de capital suman el 31,4% de los ingresos, mientras que el empleo aporta el 17%». Esta pluralidad de fuentes reduce la presión sobre el pilar público y mitiga el riesgo de pobreza en la vejez, que sigue siendo significativamente más alto en España a pesar de sus pensiones más generosas en términos relativos. Esto revela que pese a que el sistema sueco es menos generoso, logra una reducción de la desigualdad mucho más eficaz, una clara lección de que a veces con menos se puede hacer más. De hecho, España es uno de los países en los que el sistema impositivo redistribuye peor la renta, según ha publicado Funcas en un informe reciente.

Estabilidad y equidad real
La piedra angular del modelo sueco es el reparto equitativo del esfuerzo entre generaciones. Como resume el informe, «en Suecia se pagan las pensiones que, como país, se pueden permitir». La tasa de sustitución (el porcentaje que supone la pensión respecto al último salario) es menor que en España, pero la solvencia está asegurada y la carga no se desplaza hacia los jóvenes. El sistema sueco busca estabilidad, no maximalismo. En España ocurre lo contrario: la generosidad presente se paga con deuda futura o mayores cotizaciones.

Finalmente, los autores concluyen que «la sostenibilidad no se logra con promesas crecientes de rentas futuras, sino con un diseño que ajusta de manera automática las prestaciones a la realidad económica y demográfica». Esa frase sintetiza la principal lección para España: sin reglas actuariales claras y sin un mecanismo automático de equilibrio, cualquier reforma será transitoria y vulnerable a presiones políticas.
Con todo, Suecia ofrece una receta clara basada en la transparencia, diversificación del ingreso, ajustes automáticos, responsabilidad intergeneracional y consenso político estable. España ya va tarde, puesto que la bomba demográfica ha empezado a estallar, pero cuanto antes se hagan las reformas que todo el mundo sabe (pero nadie quiere aplicar porque no quieren perder las próximas elecciones), menos dura y ardua será la transición. Si no se aplican hoy las reformas graduales, los expertos de las Hespérides creen que el gran recorte tendrá que venir de golpe y será mucho más doloroso.


