LA GENEROSIDAD DE LA PENSIONES DE JUBILACIÓN EN ESPAÑA

Una de las razones por las que el sistema de reparto es tan popular es porque hasta el momento ha ofrecido una rentabilidad bastante razonable.

 

En el sistema de reparto de las pensiones de jubilación, como es el de España, las cotizaciones de los trabajadores en activo están destinadas a financiar las pensiones existentes en ese momento. Este principio también es conocido como de “solidaridad intergeneracional”, ya que la generación cotizante financia la pensión de la generación jubilada, y a su vez la primera será financiada por la generación que le sigue.

 

Por tanto, las cotizaciones recaudadas de los trabajadores en activo no se acumulan en un fondo privado para la percepción de futuros pagos a los mismos, sino que son empleadas en financiar las pensiones del momento. No obstante, sí generan derechos futuros para los trabajadores que contribuyen, en forma de cotizaciones que darán acceso a una futura pensión que será financiada por los trabajadores en activo de ese momento.

 

Las bases de cotización de los trabajadores a lo largo de su vida laboral servirán para el cálculo de la futura pensión, de tal manera que ésta será mayor cuanto mayores hayan sido las contribuciones, si bien la pensión en estos sistemas no guarda una relación tan directa con las cotizaciones como en el caso de los sistemas de capitalización, pues en muchos casos ocurre, por ejemplo, que existe un tope para la pensión máxima fijado por ley, por lo que en el caso de cotizaciones elevadas, la pensión será inferior a lo que un cálculo actuarial de las cotizaciones determinaría.

 

La Tasa Interna de Retorno (TIR)

La Tasa Interna de Retorno (TIR) es la cifra que nos indica cuál es la rentabilidad esperada de una inversión. Se utiliza a menudo para comparar con las opciones de inversión alternativas. Se contabilizan los gastos de la inversión y se comparan los ingresos (esperados) que se obtendrán de la misma. Así se obtiene cuál sería el tipo de interés anualizado que iguala ambas cifras.

 

Por ejemplo si la TIR de una inversión es del 5% y un depósito tiene una rentabilidad del 3% la inversión es interesante pues tiene un TIR superior al del depósito

Podríamos pensar en los cotizantes como en inversores que con sus cotizaciones y su empleo participan en el progreso del país y luego reciben ese dinero invertido con un interés (su TIR)

 

Nos basamos en este artículo en el trabajo publicado por el Instituto Santalucía: «Análisis intrageneracional de la generosidad del sistema de pensiones de jubilación», que ya hemos compartido en otro artículo publicado en nuestro blog con fecha 19 de septiembre 2024:

 

Análisis intrageneracional de la generosidad del sistema de pensiones de jubilación español – Laboral Pensiones

 

 

En ese trabajo se analiza la rentabilidad que ofrece el sistema de pensiones para los jubilados en 2022: se han calculado cuánto valen las aportaciones de los jubilados (valor actual de las cotizaciones que han ido pagando a lo largo de su vida laboral); y cuánto valen los derechos adquiridos (las pensiones que cobrarán a lo largo de su etapa de retiro). Aunque la cifra depende de muchos factores (de la esperanza de vida) es un ejercicio excelente para medir algo que s clave sobre lo generoso que es un sistema de pensiones y cómo de sostenible es esa generosidad.

 

Una de las conclusiones del estudio es que, en los últimos años, el sistema se ha hecho menos generoso (ha tenido que ser más exigente a la hora de garantizar el cobro de prestaciones) y, sin embargo, también es más insostenible: porque esos recortes de generosidad no han sido suficientes debido a la falta de crecimiento económico.

 

Los resultados

 

La principal conclusión del informe es que «el TIR global (medio) obtenido para las altas de jubilación de 2022 es muy elevado, un 3,79%, lo cual nos indica la elevada generosidad del sistema de pensiones de jubilación español».

 

«Elevado» con respecto al crecimiento del PIB durante los años en los que cotizaron y en los que cobrarán su prestación pues si queremos medir en términos financieros un sistema de pensiones, el método más habitual es plantear que el crecimiento del gasto y de las prestaciones esté ligado al crecimiento de la economía.

 

Ese 3,79% está bastante por encima del crecimiento medio del PIB de la economía española, tanto en los años previos (si miramos el medio siglo anterior a 2022) como en las previsiones hasta 2050: «Hemos calculado el crecimiento del PIB real ponderado por los flujos reales de cotizaciones y pensiones de las altas de jubilación de la MCVL2002, dando un valor de 1,51%. Bajo este enfoque, podríamos decir que el TIR está, actualmente, entre 2 y 2,5 puntos por encima del crecimiento real del PIB«.

 

El TIR es inferior ahora mismo al de hace unas décadas: es decir, el sistema se ha ido volviendo cada vez menos generoso. En 2008 llegó a rozar el 4,5%. El problema es que la sostenibilidad teórica ha empeorado porque la capacidad de generar recursos de la economía, medida a través del crecimiento real del PIB a largo plazo, también ha disminuido».

 

También se calculan los TIR de determinados colectivos: el sistema actual beneficia a los trabajadores con carreras cortas de cotización pues su TIR es de 6,04% para los que tienen hasta 25 años cotizados, frente a un TIR del 3,26% de los que tienen más años cotizados. Esto no quiere decir que los primeros tengan pensiones más altas, sino que reciben más en relación a lo aportado que los segundos.

 

También tienen TIR algo más alta los que se jubilan a la edad ordinaria (4,03%) frente a los que optan por la jubilación anticipada (3,52%) o demorada (3,68%).

 

Los cotizantes de menos ingresos salen algo beneficiados respecto a los que más aportan por el efecto de los complementos a mínimos. Las mujeres tienen un TIR mejor (4,28%) que el de los hombres (3,48%), diferencias que se explican en parte por la diferencia en esperanza de vida de unos y otras, por el complemento de brecha de género o por el mayor porcentaje de mujeres en las pensiones con complementos a mínimos.

 

Conclusiones

Una de las razones por las que el sistema de reparto es tan popular es porque hasta el momento ha ofrecido una rentabilidad bastante razonable.

 

Es cierto que a este resultado se le pueden poner muchos peros: por ejemplo, cuánto habrían obtenido los jubilados si hubieran ahorrado una cifra similar por su cuenta y la hubieran invertido (por ejemplo, en un fondo índice que replicase el rendimiento de la bolsa a nivel mundial). O la situación de aquellos que cotizaron durante mucho tiempo y fallecieron poco antes o poco después de llegar a la edad de jubilación: todo lo que aportaron se perdió, algo que no habría ocurrido en un modelo de capitalización, en el que sus herederos se habrían beneficiado de su trabajo.

 

Esto es lo bueno del sistema de reparto: para las primeras cohortes de cotizantes y siempre y cuando haya relevo generacional y crecimiento económico, asegura una prestación razonable con un riesgo controlado.

El problema es que si no hay relevo generacional (por ejemplo por la baja natalidad) o no hay crecimiento económico, garantizar las prestaciones se vuelve mucho más complicado. Éste es el párrafo final de este informe:

 

Con los resultados obtenidos utilizando las altas de jubilación de 2022, se puede afirmar que el actual sistema de pensiones de jubilación es muy generoso porque el TIR supera ampliamente el máximo valor que debería ofrecer un sistema de reparto para ser sostenible. Como conclusión general del trabajo, podemos afirmar que existe un aumento implícito de la generosidad del sistema que proviene no de un aumento del valor del TIR, que ha decrecido desde 2011, sino de un menor crecimiento esperado del PIB real.

 

¿Qué se puede hacer?

En realidad las opciones son las mismas que siempre se plantean, sea cuál sea el enfoque del análisis: tanto si analizamos las altas y bajas en el sistema; como si nos concentramos en el déficit de la Seguridad Social o en la sostenibilidad general de las cuentas públicas en España, las opciones son las mismas:

 

1.- Recorte de prestaciones, para acercar la TIR garantizada a ese crecimiento real del PIB. Un recorte que se puede aplicar sobre los pensionistas actuales (que las pensiones suban menos que el crecimiento de la economía) o sobre los futuros (endurecimiento de los requisitos de acceso para que la prestación mensual sea más baja o la cobren menos tiempo). En los dos casos, son reformas políticamente complicadas pues tienen un enorme coste social y político.

 

2.- Mejorar las perspectivas de crecimiento de la economía, con más trabajadores y más productividad. El problema es que resulta complicado anticipar algo así en nuestro país para los próximos años. Las perspectivas demográficas hablan de un desplome de la mano de obra que no compensará la inmigración y de un estancamiento que también en parte se explica por el envejecimiento de la población.

 

3.- La última alternativa es la aportación de fondos desde el exterior. Como en otras inversiones que no salen como estaba previsto, siempre queda el recurso a que alguien, desde fuera, ponga el dinero que falta. En este caso, serán los contribuyentes que, vía impuestos o incremento desorbitado de las cotizaciones, los que aportarán lo que el sistema no sea capaz de garantizar. En realidad es lo que llevamos haciendo desde hace años y todo apunta a que será la línea principal con la que se intente sostener el sistema. La pregunta es cuál sería el impacto de esta carga tributaria en el desempleo y en el crecimiento económico.

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