LA ESPAÑA QUE NO FUNCIONA, LAS DEFICIENCIAS DE FONDO Y ACTUALES DE ESPAÑA

Las deficiencias de fondo la democracia española

La primera carencia es la de los partidos. Nuestra arquitectura constitucional y nuestro sistema electoral están concebidos para que haya, al menos, dos grandes partidos, uno conservador-liberal y otro socialdemócrata En el caso de España el PSOE carece de un discurso coherente y unitario y, de hecho, ha dejado de ser un partido nacional y deviene en una especie de federación de partidos y el PP se ha convertido en un partido muy cercano a la socialdemocracia en lo político y lo económica; y en tema de valores morales, es prácticamente igual. nadie defiende claramente las ideas liberales y, mucho menos, las conservadoras. A esto se une un fenómeno relativamente reciente: la aparición de los partidos llamados identitarios o Nueva Derecha. Muchos no terminan de comprender esta novedad y siguen hablando de «fascismo», como si estuviésemos en los años 30 del siglo pasado.

 

 

Pero la deficiencia más sangrante es la endeblez de la sociedad civil. En España casi todas las organizaciones, desde las asociaciones empresariales y sindicatos hasta los medios de comunicación, desde los grandes equipos de fútbol, desde las entidades culturales a las religiosas, están demasiado vinculadas al aparato estatal y tienen con respecto a él una dependencia administrativa y económica que se convierte en debilidad crónica.

 

El famoso consenso, aparentemente, resolvió cuestiones, que se vuelven a plantear, y cerró heridas que, con el paso del tiempo, se han abierto con más virulencia.

 

Las carencias actuales: la debilidad de Sánchez sume al país en el bloqueo y la parálisis

España cruza el ecuador de la legislatura sumida en una grave parálisis que bloquea la solución de los problemas más acuciantes para los ciudadanos por culpa de la extrema debilidad de un Gobierno sin mayoría ni Presupuestos, sometido al permanente chantaje de unos socios extractivos de los que depende su supervivencia política y lastrado por los casos de corrupción.

 

Las consecuencias de la falta de respuesta del Ejecutivo para avanzar en multitud de ámbitos que impactan de lleno en el día a día de los españoles y abarcan desde la vivienda a la educación, y desde la movilidad a la inmigración.

 

Como evidencia del estancamiento legislativo sólo hay que recordar que hoy decaen más decretos-ley que nunca: de los nueve derogados en democracia (donde se han impulsado 745), seis lo han sido bajo gobiernos de Pedro Sánchez. El último, con medidas clave para blindar la seguridad del suministro eléctrico y evitar otro apagón histórico.

 

Mientras, el Gobierno saca pecho de unas cifras macroeconómicas que no se traducen en una mayor capacidad adquisitiva: la inflación se ha contenido pero los precios siguen presionando al alza, mientras el paro juvenil continúa en cabeza de Europa. Otro de los mantras «progresistas», el de la protección de los más vulnerables, también sufre por la ausencia de una mayoría sólida que hace peligrar la aprobación de las ayudas sociales.

 

Así, el triunfal relato del Gobierno sobre la buena marcha económica del país se desmiente al bajar a pie de calle, donde los ciudadanos sufren el progresivo deterioro de la calidad de vida.

 

La mentira y la manipulación de los datos, ¿una España de vagos y pobres?

Hace pocos días se conocía un dato del que el Gobierno se siente especialmente orgulloso: 2.3 millones de ciudadanos se benefician en los casi 800.000 hogares perceptores del Ingreso Mínimo Vital.

 

Este simple dato es incompatible con el discurso de la prosperidad que, con la ligereza habitual y las trampas contables, el Gobierno larga diariamente: somos los que más crecemos, los que más empleo nuevo aportamos y, en fin, vivimos uno de los mejores momentos de la historia reciente de España.

 

Además del pavoroso incremento de la pobreza infantil, la sangrante equiparación de la renta disponible actual con la de hace dos décadas, el mayor nivel de paro de Europa, la consolidación del empleo precario por temporal, sueldo reducido, a tiempo parcial o todo ello a la vez o, el horroroso aumento de la presión fiscal y pese a ello de la deuda pública.

 

Dudas:

  • ¿Cómo es posible que batamos el récord de gasto en subsidio de desempleo si a la vez tenemos las cotas más altas de afiliación a la Seguridad Social?
  • ¿Por qué las horas trabajadas efectivas no suben?
  • ¿Cómo se explica que no pare de crecer el número de dependientes de algún tipo de paga en la envidia económica del mundo?

 

La realidad es que España se ha convertido con Sánchez es un infierno fiscal para la mitad del país y en una inmensa sopa boba para la otra: a una la exprime con crueldad y a la otra le da migajas para lograr una cierta lealtad electoral.

 

Hoy se ha convertido en norma lo que antes era excepción y provocaba vergüenza propia: rechazar un puesto de trabajo y, al mismo tiempo, exigir un subsidio.

Hoy hay más gente que profesionaliza incluso en familia la obtención de esos subsidios por múltiples causas que, sumados, otorgan al hogar una cifra conjunta suficiente para ir tirando. Y hoy vemos empleos sin cubrir en sectores como la construcción, el campo o la hostelería que se cubren con la importación de inmigrantes

 

España es un país que incentiva el subsidio, renuncia a la tecnología y el sector primario y quiere convertir al Estado en el gran interventor de la economía y la sociedad. Con un resultado al alcance de cualquier observador decente: somos la mejor fábrica de vagos y de pobres de Europa.

 

El transporte público, por ejemplo, deja estampas cotidianas de retrasos y colapsos en las estaciones, mientras la falta de renovación de las infraestructuras provoca una y otra vez averías que desatan el caos.

 

La vivienda se ha convertido en un símbolo de fracaso de gestión. Con el alquiler disparado -subió un 14% en julio y elevó la factura anual del inquilino en 142 euros-, los topes previstos por la ley impulsada en la pasada legislatura han resultado ineficaces para bajar los precios. Mientras, la burocracia continúa paralizando proyectos urbanísticos vitales para descongestionar la demanda por el bloqueo a la reforma de la Ley del Suelo.

 

El Ejecutivo tampoco ha sabido hallar una solución a la crisis de losmenas en Canarias, donde la llegada de cayucos ha provocado el colapso de los servicios, a falta de una política migratoria a largo plazo y no de meros parches para reacomodar con cuentagotas a los menores no acompañados. Una situación que da alas al discurso xenófobo de Vox y su llamamiento a las «deportaciones masivas».

 

Enfangado en las denuncias de corrupción -una lacra a menudo impune por falta de protección legal a quien la denuncia- e impotente para gestionar, el Gobierno ha apostado por huir hacia delante mientras el país se va quedando atrás.

 

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