Se precisa un Ejecutivo sólido, con amplia capacidad de maniobra habida cuenta de la dificultad de la ingente tarea a acometer
Prácticamente todos los sondeos desde hace varios meses -bromas del CIS aparte- coinciden en un cambio de mayoría a partir de las próximas elecciones generales, sean éstas dentro de veintiún meses o antes si el personaje enfermizo que nos desgobierna sucumbe a los embates conjuntos de los casos de corrupción que le cercan, la incapacidad de presentar presupuestos y de aprobar leyes, la imposibilidad de atender a las peticiones maximalistas de sus distintos socios y la división entre ellos.
Si la izquierda no consigue agitar en el último momento con eficacia el espantajo de la llegada de la “ultraderecha”, la hipótesis más plausible de una suma de escaños entre PP y Vox que barre el paso a una reedición del bloque Frankenstein, Pero no es lo mismo que los populares dispongan de más diputados que el agregado siniestro de sanchistas, separatistas, comunistas y filoterroristas pues precisaran para la investidura de Feijóo al menos de la abstención de los de Abascal .
Parece oportuno plantearse cómo será la España que nos deje como herencia el narcisista de La Moncloa. Su legado será un país destrozado, partido en dos ideológicamente, fragmentado territorialmente, endeudado hasta las cejas y moralmente devastado.
Por consiguiente, la alternativa que le suceda debe ser eso, una auténtica alternativa y no una mera alternancia como sucedió en 2011, que fue un simple paréntesis estéril, previo a la siguiente arremetida de las fuerzas disolventes.
El vasto e intenso programa de reconstrucción de una Nación en escombros que tendrá que ser puesto en marcha de manera firme y decidida con carácter inmediato tras la toma de posesión del nuevo Gobierno exige un Ejecutivo fuerte y sólido, con amplia capacidad de maniobra habida cuenta de la dificultad de la ingente tarea a acometer.
Los temas que inquietan a los españoles
La España post-Sánchez debe ser un país recuperado de los desastres, errores y traiciones que lo han castigado durante las últimas dos décadas y quien lo dirija no debe abandone a la comodidad de actuar como si el peligro existencial de nuestra comunidad no existiese.
Una cosa está clara y existe una corriente general en las sociedades occidentales que está desplazando el centro de gravedad del arco político hacia posiciones más exigentes respecto a una serie de cuestiones que soliviantan profundamente al electorado pues la gente que madruga todas las mañanas para sacar adelante su trabajo, su empresa y su familia, en estos momentos quiere determinación, y quiere certezas sobre estas cuestiones:
- la inmigración ilegal masiva, una invasión silenciosa de cantidades insoportables de inmigrantes irregulares
- las políticas medioambientales lesivas para la industria y el campo,
- la inseguridad en las calles
- la hegemonía asfixiante de la cultura woke y sus excesos. l
- la escasez agobiante de oferta de vivienda y su precio desorbitado,
- una fiscalidad descaradamente confiscatoria,
- un gasto público disparado de tipo clientelar o doctrinario
- una educación pública que fabrica generaciones de analfabetos,
- una política exterior que nos hace amigos de Hamas, la narcodictadura venezolana y China
- la venta de la Nación por piezas a los separatistas catalanes



