En muchos países de la OCDE es habitual que, después de jubilarse, una persona viva y disfrute de una pensión durante otros 20 años
Vive la France!, eso es lo que debe pasar por la cabeza de un trabajador francés al llegar a la edad de jubilación. Por delante le queda la pensión más larga de toda la OCDE, una media de 23,3 años para los hombres y 27,3 años para las mujeres.

La causa de la larga duración de las jubilaciones francesas está en una elevada esperanza de vida y en una de las edades de jubilación más tempranas de toda la Unión Europea. Lejos de ser un contratiempo particular, se trata de una disyuntiva global: los años de vida han crecido más rápido que los años de trabajo, dando lugar a un desfase que amenaza con crear grandes diferencias entre los tiempos de retiro y la presión fiscal de los diferentes sistemas de pensiones.
Es un problema además que se agudiza en el caso de las mujeres: al vivir más que los hombres por razones biológicas y sociológicas, acostumbran a tener jubilaciones más largas —hasta 9,6 años más en el caso de Costa Rica o 7,6 en el de Rusia—. También es cierto, no obstante, que su participación en el mercado laboral es menor y que su carrera se ve interrumpida en mayor medida por el cuidado de personas dependientes o la maternidad, por lo que diversos países han establecido edades más tempranas de retiro para las trabajadoras.
En el lado opuesto se encuentra Luxemburgo, donde la edad legal de jubilación es igual para hombres y mujeres, pero donde estas se retiran alrededor de un año después. Al final, la diferencia de duración entre la edad de jubilación y la esperanza de vida reduce la diferencia a solo 2,5 años de pensiones más a favor de las mujeres.

Asimismo, frente a la larga duración de las jubilaciones en Francia, en Corea del Sur, donde la esperanza de vida es muy alta pero la edad de jubilación muy tardía, el periodo de retiro dura de media solo 12,4 años para los hombres y 15,5 para las mujeres.
En la misma línea se sitúan los casos de Sudáfrica, Colombia, Turquía, México, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Islandia o Chile, naciones que por lo general han apostado por modelos más liberales y donde son los propios trabajadores los que deben ahorrar para sustituir sus ingresos una vez se retiren.

El progresivo envejecimiento de la población tendrá consecuencias a nivel global y comprometerá la sostenibilidad del sistema económico y social, como ha demostrado el caso francés —al anuncio de las reformas del Ejecutivo galo le ha seguido un fuerte revuelo—. Sea cual sea la traducción final del plan de Macron, es evidente que Francia, que tiene el segundo gasto en pensiones más alto de la UE—como porcentaje del PIB—, y el resto de países desarrollados necesitan replantearse su esquema de retribuciones a la tercera edad, que además está en continuo aumento.
La urgencia de las reformas no hará sino aumentar con el implacable aumento del ratio pensionistas-trabajadores y el estancamiento de la natalidad, especialmente en aquellos países con jubilaciones de gran duración y pensiones altas como Francia.

Fuente: La duración de las jubilaciones en el mundo – Mapas de El Orden Mundial – EOM


