El modelo de sol y playa, exportado a todo el mundo, también ha alimentado problemas internos como el de la vivienda o la precariedad laboral
España va camino de recibir cien millones de turistas extranjeros este año. 2024 cerró con casi 94 millones, y salvo por la pandemia las llegadas no han dejado de subir desde el año 2000. Este ascenso ha hecho de España el segundo destino más visitado del mundo, por delante de Estados Unidos y solo por detrás de Francia.
No en vano el turismo supone casi el 13% del PIB español y da empleo a un porcentaje similar. Regiones enteras viven de ello, incluidas los dos archipiélagos, la costa del Sol y buena parte del Levante.
No solo eso: España también es una potencia turística a nivel empresarial. El modelo de hoteles «todo incluido», tan popular en la costa mediterránea, fue exportado al Caribe por gigantes españoles del sector como Meliá o Iberostar, y está siendo copiado en países como Turquía. Iberia es una de las grandes aerolíneas del mundo y Amadeus, el mayor proveedor global de tecnologías de viaje.

Pero esta gran expansión esconde sus fantasmas: subida de los precios de la vivienda y gentrificación, incluso expulsión de los vecinos, en zonas muy turistificadas como Barcelona o las Baleares. Empleo estacional y de mala calidad centrado en el verano. Turismo de borrachera y sol y playa, de poco valor añadido. Protestas ciudadanas en contra del modelo turístico, como en Canarias…
La pregunta es: ¿es sostenible acoger a cien millones de turistas extranjeros en un año, el doble de la población del país? La industria turística es una de las grandes fortalezas de España, tanto como atractivo para visitantes como modelo empresarial exportable. Pero se enfrenta a grandes retos que, de no abordarse, pueden acabar con la gallina de los huevos de oro.
Quizá el camino sea un turismo menos masivo y de más calidad, que apueste por la gastronomía, la cultura o la oferta rural; que reparta a los turistas por el territorio y a lo largo del año, en vez de concentrarlo todo en verano y en las costas; que sea compatible con tener ciudades habitables y sea más sostenible. Un turismo potente, pero del que no dependamos tanto a nivel PIB y empleo.
Fuente: España: la potencia mundial del turismo se enfrenta a su propio éxito – El Orden Mundial – EOM



