La desigualdad salarial en el sector público y privado

La brecha salarial puede ser horizontal o vertical. El primer caso hace referencia a la diferencia que existe entre lo que cobran de media dos grupos poblacionales diferentes, lo que en muchas ocasiones está basado en la discriminación por cuestiones de género, orientación sexual o raza. El segundo, por su parte, describe las diferencias salariales en función de la jerarquía de una plantilla, es decir, cuánto más grande es el sueldo de un alto cargo en comparación con el de, por ejemplo, un operario o encargado de la limpieza.

La brecha salarial vertical está justificada cuando las aptitudes de los trabajadores y la exigencia de cada puesto difieren mucho entre sí. Sin embargo, cuando esta es demasiado profunda y no se fundamenta en hechos objetivos puede ser el reflejo de un sistema laboral desigual alejado de la meritocracia. En este sentido, el ratio de compresión salarial es uno de los mejores indicadores para medir la disparidad en la remuneración del trabajo.

Sin embargo, pese a que ya habido algún intento de obligar a las empresas públicas a publicar sus cifras de diferencias salariales, como en Estados Unidos, no existe una aproximación metodológica consensuada a este indicador. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) define el ratio de compresión salarial como “la relación entre el salario medio del diez por ciento superior e inferior de los asalariados”, mientras que para la Comisión de Bolsa y Valores, una agencia del Gobierno de los Estados Unidos, es “la brecha salarial entre los directores ejecutivos y la compensación media de los empleados de base”.

Otro problema es que no está claro qué elementos conforman la paga de un trabajador. Además del sueldo, también se pueden incluir subsidios y dietas. En Uganda, por ejemplo, el ratio de compresión salarial pasó de 6,8 a 100 después de tener en cuenta en el cálculo los beneficios sociales asociados a cada puesto de trabajo. Esto, en última instancia, redunda en una imposibilidad para comparar los datos de distintos países, no solo por las diferencias a la hora de definir el ratio o calcular la paga, sino también por la forma de compartimentar cada sector. Así, en el empleo público pueden excluirse del análisis los trabajos de rango inferior y por tanto peor remunerados que suelen externalizar, lo que reducirá el ratio de compresión salarial.

En este contexto, la base de datos Worldwide Bureaucracy Indicators del Banco Mundial es una de las mejores herramientas para analizar la brecha salarial vertical en el mundo. Utilizando una definición parecida a la de la OCDE, la entidad divide el sueldo del percentil 90 entre el del percentil 10 para estimar el ratio de compresión salarial. En otras palabras: divide a los trabajadores en cien partes iguales en función de su remuneración, y divide el sueldo del trabajador con el nonagésimo mejor salario con el del décimo más bajo.

De esta manera, los datos de 2017 del Banco Mundial, que distinguen entre el sector público y el privado, muestran que la desigualdad es más pronunciada en este último. En España, por ejemplo, el percentil 90 de los trabajadores públicos mejor remunerados cobra seis veces más que el percentil 10 peor pagado, una diferencia que aumenta casi cinco puntos más en el caso del sector privado. Otros países con grandes brechas salariales en lo privado son Irlanda, Argentina, Italia, Uruguay, Grecia y Dinamarca, mientras que Brasil es una de las pocas excepciones donde el ratio de compresión salarial es mayor en lo público que en lo privado.

Fuente: EOM

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