Mientras el discurso político del gobierno sigue centrado en cebar un falso relato de “desigualdad de clase”, los datos muestran que las diferencias económicas más significativas y relevantes en la España de 2025 no son las que separan a “ricos” y “pobres”, sino las brechas en la capacidad económica de jóvenes y mayores.
UN DEBATE COMPLEJO Y NECESARIO.
En las dos últimas décadas, España ha experimentado un fenómeno económico y social tan profundo como silencioso. De forma progresiva y continuada, nuestro país ha sido testigo de la aparición de un desequilibrio de renta y riqueza sin precedentes que deja a las generaciones de mayor edad en una posición mucho más favorable que la de los ciudadanos más jóvenes. Esta dinámica, que se puede constatar en las series estadísticas o informes elaborados por múltiples organismos e instituciones, ha empezado a recibir cada vez más cobertura por parte de los medios de comunicación y de analistas independientes. La evidencia muestra una creciente desigualdad generacional que no solamente pone en entredicho la justicia del sistema actual, sino que también cuestiona la viabilidad futura del actual paradigma.
El siguiente gráfico resulta ilustrativo de la cuestión. De 2008 a 2023, la pensión media se ha incrementado en España un 28,6 por ciento, mientras que el salario medio ha caído, reduciéndose en un 2,3 por ciento.
Crecimiento acumulado de salarios y pensiones (2008-2023)

En las economías avanzadas, lo habitual es que los ingresos laborales alcancen su punto máximo en la mediana edad, cuando los trabajadores acumulan experiencia y productividad, mientras que los picos de riqueza tienden a concentrarse en edades más avanzadas, como resultado del ahorro acumulado a lo largo de la vida.
Sin embargo, en España estamos asistiendo a un fenómeno atípico: una redistribución sostenida de ingresos y rentas que, lejos de corregir desigualdades, las profundiza. El actual sistema fiscal, de transferencias y de pensiones ha favorecido de forma creciente a los mayores en detrimento de los jóvenes, hasta el punto de situar sus rentas disponibles en niveles iguales o superiores a los de los trabajadores de menos edad. Este proceso ha apuntalado una estructura de inequidad intergeneracional en la que los trabajadores más noveles parten con salarios más bajos y con menor acceso a la vivienda que las anteriores generaciones de su edad. Mientras tanto, su carga fiscal va a más, en términos comparados, apuntalando así el desequilibrio.
La Encuesta Funcas de Economía y Finanzas de mayo de 2025 puso de manifiesto que los jóvenes perciben el estado de la economía de forma mucho más negativa que el resto de la población, siendo el segmento de 18 a 34 años de edad el que expresa una mayor insatisfacción. De igual modo, un 32 por ciento de los jóvenes declaró en una encuesta del Instituto de Estudios Fiscales que todos viviríamos mejor si no se pagara ningún impuesto o cotización, frente al 9,7 por ciento que hizo esta afirmación en el segmento de más de 65 años de edad.
No se trata de enfrentar generaciones, sino de reflexionar sobre las diferencias económicas que han emergido entre jóvenes y mayores como resultado de un sistema de pensiones cuya financiación descansa sobre la espalda de unos asalariados cuya situación económica es marcadamente peor que la de las anteriores generaciones. Entender ahora es vital, puesto que, en caso contrario, la fractura será irreversible
ALGUNOS DATOS
Desigualdad de riqueza:
En 2002, los menores de 35 años poseían el 7,5 % de la riqueza nacional; en 2022, solo el 2 %. En contraste, los mayores de 75 años han aumentado su cuota del 8 % al 20 %. La riqueza mediana de los nacidos en los años 80 es casi un 50 % inferior a la de los nacidos en los años 60.
Renta:
Entre 2008 y 2024, el ingreso real de los trabajadores de 18 a 29 años ha caído un 3 por ciento, frente al incremento del 18 por ciento que han obtenido los mayores de 65 años en esta misma rúbrica. Las nuevas pensiones de jubilación ya superan el sueldo medio de los menores de 35 años (1.760 € vs 1.670 €).
Consumo y gasto:
Desde 2006, solamente los mayores de 65 han aumentado su consumo real (+5 %). Los menores de 30 lo han reducido con fuerza, aminorando su consumo en un 36 %.
Desempleo juvenil
La juventud española soporta la mayor tasa de paro de toda Europa, cuadruplicando los niveles de desocupación que se dan en Alemania y superando la media comunitaria en más de diez puntos (26,5 % vs 15,1 %).
Acceso a la vivienda
El 81 % de los nacidos entre 1945 y 1965 eran propietarios a los 42 años. Hoy, menos del 50 % de los nacidos después de 1985 lo son. Solo un 20 % de los menores de 35 años tiene hipoteca.
Sistema de pensiones insostenible
En promedio, un jubilado recibe un 62 por ciento más de lo que aportó al sistema a lo largo de su carrera laboral, según ha confirmado el Colegio de Actuarios de España. La generosidad del sistema hace que el déficit real de la Seguridad Social se haya disparado (ronda el 3,8 % del PIB, ≈56.000 M€) y que la deuda implícita derivada de sus promesas no financiadas ascienda ya al 507 % del PIB.
Una creciente factura fiscal
Desde el año 2010, las cotizaciones son insuficientes para financiar las pensiones y el agujero se cubre con una carga fiscal cada vez más abultada que recae sobre los trabajadores. La renta dedicada a pagar IRPF y cotizaciones sociales supone ya el 39,5 por ciento del coste laboral, frente al 31,8 por ciento observado en la OCDE. Si añadimos el IVA, el IBI y otros gravámenes de referencia, el Impuestómetro del IJM revela una carga fiscal equivalente al 55 por ciento del coste laboral de un salario medio.
Comparativa europea
Los mayores de 65 años en España tienen una renta un 6,4 % superior a la media europea, mientras que los trabajadores españoles perciben un 7,3 % menos que sus pares de la UE.
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