
Si uno mirara el déficit del sistema de Seguridad Social, podría tener la impresión de que va mejorando. Desde 0,6% del PIB en 2023 bajó a 0,3% en 2025. Pero si tenemos en cuenta que el sanchismo-leninismo es un sistema de gobierno basado en la mentira, haríamos bien en desconfiar.
El verdadero déficit de la Seguridad Social está estabilizado en el equivalente al 3,2% del PIB. La ficción contable de un déficit que se reduce surge de la transferencia que le hace el gobierno central. Una transferencia que crece cada año y que en 2025 superó los € 53.200 millones.
Las reformas del exministro Escrivá (subida de las cotizaciones a los asalariados vía el MEI y a los autónomos por el cambio de sistema, más la cuota de «solidaridad» a los salarios más altos) nos empobrecieron sin cambiar la situación calamitosa del sistema. Incluso en un contexto en el que la creación de empleo evolucionó mejor de lo que cualquiera hubiera imaginado y con las terceras cotizaciones sociales más altas de Europa.
Si no se hace nada para corregir el verdadero déficit del sistema de pensiones, corremos el riesgo de tener que hacerlo de forma dolorosa (como la subida de la edad de jubilación y la ampliación del período de cálculo de la pensión inicial, que hizo Zapatero, y el cambio de fórmula de actualización que hizo Rajoy) o muy dolorosa (como el recorte de las pensiones del 20% que ocurrió en Portugal y Grecia cuando fueron rescatados), en medio de una crisis.
No cuento con que Sánchez, traidor y mentiroso solo interesado en su persona, haga nada al respecto. Pero hago algunas sugerencias por si las quiere recoger el gobierno que suceda al sanchismo.
Una es terminar con la demagógica e injusta práctica de aumentar las pensiones no contributivas y el IMV más que las contributivas. Todas deberían subir al mismo ritmo.
¿A qué ritmo? Los políticos decidieron que las pensiones debían lo mismo que el IPC, sin importar lo que ocurriera con los salarios ni con el déficit del sistema. Además de insostenible, es algo injusto porque hay años en que las pensiones suben más que el salario promedio, lo que es inaceptable. La fórmula que propongo, mientras el sistema esté en déficit, es actualizar las pensiones según el IPC subyacente o el aumento del salario medio, lo que sea menor.
Otra sugerencia es revisar el evidente fraude en las pensiones por incapacidad. En los últimos tres años (agosto de 2023 hasta agosto último), el número de perceptores de pensiones de invalidez creció 12%, el doble que las pensiones de jubilación. Un incremento exagerado que recuerda mucho a una obra similar del kirchnerismo: entre 2003 y 2015, las pensiones por invalidez en Argentina pasaron de 79.000 a más de un millón; durante el gobierno de Macri se redujeron levemente y en el gobierno de Alberto Fernández superaron los 1,2 millones. El gobierno de Milei las ha puesto en revisión y, de momento, encontraron unas 150.000 fraudulentas (algunas se habían concedido con radiografías que correspondían a animales).
Hay un dato revelador: con el kirchnerismo, las pensiones por invalidez llegaron a equivaler al 4,6% de la población activa. En Israel, que vive en una situación bélica casi continua, esa proporción es de 3,5%. En el generoso sistema francés, es el 3% y en Austria el 2,4%. ¿Y en España? Los 1,06 millones de pensiones de invalidez equivalen al 4,2% de la población activa. Una proporción más cercana a la Argentina kirchnerista que a Israel. ¿Hace falta añadir algo más para sospechar que hay un fraude que, además de inmoral, nos cuesta carísimo?
Fuente: ¿Y si también hay fraude en las pensiones de incapacidad? – Diego Barceló Larran – Libre Mercado


