«El panorama es mortal políticamente para cualquier líder democrático occidental con sentido de la responsabilidad política»
«Este no se va», es la frase de septiembre. Se repite y se escucha por todas partes. Cualquier charla de amigos que se atreva a comentar la actualidad política suele acabar con uno de los interlocutores diciendo «este no se va». Con «este» todos entendamos que estamos hablando de ese presidente que se aferra a la Moncloa como si fuera un inkiokupa de esos que tras pagar el alquiler unos meses deciden seguir en la vivienda, pero ya sin cumplir los requisitos básicos del contrato por el que pudo acceder a ella. Requisitos como podrían ser tener una mayoría legisltiva estable, o unos Presupuestos que pueda sacar adelante o estar limpio de corrupción.
«Este» es ese Sánchez que resiste cada día más demacrado, e impasible a imputaciones y/o procesamientos de su entorno familiar o político.
«Este» es ese presidente al que sus socios independentistas ya no se conforman con imponerles chantajes sobre los principios básicos del Estado de Derecho.
«Este» es ese Sánchez incapaz de sacar adelante ninguna ley por falta de una mayoría estable y coherente. Es el Sánchez gestor que, en sus siete años de gobierno, olvidó la inversión y gasto en mantenimiento de cuestiones tan fundamentales como la red ferroviaria o la red eléctrica: años sin invertir nos han llevado a tener 38 provincias con la red eléctrica saturada, es decir, con la capacidad de crecimiento económico topado por la energía.
“Este” es el responsable de que el país lleve ya dos años sin Presupuestos Generales, y todo apunta a que pueden ser tres. Ni siquiera se cumple la obligación constitucional de presentar al Congreso unos proyectos de las Cuentas. «Este» es el que ha vuelto a prometer que lo presentará este año, y que no comenta que ya se ha saltado el requisito previo de presentar y que le sean aprobadas por ambas cámaras, sus propuestas de techo de gasto.
«Este» es la forma coloquial y resignada de expresar la decepción que provoca el presidente con su obstinada resistencia a cualquier miligramo de asunción de responsabilidad política. Decepción y sorpresa porque habiendo ya superado demasiadas veces todas las líneas rojas inimaginables en cualquier democracia liberal occidental, se resiste también a la evidencia matemática de que no tiene votos para gobernar.
«Este» es el que ante esa evidencia que obligaría a cualquier político europeo democrático a proponer una moción de confianza o, directamente, a convocar elecciones, ha decidido amenazar con intentar «gobernar sin el Parlamento».
«Este» es el que se niega a pisar el Senado de mayoría popular. Queda claro que a «este» no le gusta ningún poder que limite o cuestione su poder ejecutivo. Ni el legislativo, ni el judicial, ni siquiera el tradicionalmente llamado «cuarto poder» de una prensa libre y crítica con el poder.
«Este» es ese Sánchez que se ha convertido en un paria para sus aliados y socios de la Unión Europea o de la OTAN. El presidente de la cuarta economía de la UE que ha dejado de ser convocado a reuniones de crisis de estas organizaciones porque sus socios están cada vez más convencidos de que, aunque diga mucho, no hará nada. Lo hizo con el 5% de gastos en seguridad y defensa que firmó y no ejecutó. Ha roto ya varias veces consejos y hasta obligaciones como las de evitar empresas chinas en cuestiones de seguridad y defensa.
«Este» es el Sánchez que, dado el desolador panorama político nacional que sufre, decidió hace meses radicalizar todas sus posturas en el escenario internacional con el fin de buscar algún rédito electoral en esa extrema izquierda que es ya la única bolsa en la que puede pescar votos.
«Este no se va». Parece tan certera la frase que este presidente ni siquiera se anima a convocar elecciones a pesar de que su amigo Tezanos le garantiza, en esa cocina de bulos en la que ha convertido al CIS, un triunfo con nueve puntos de ventaja sobre el PP.
“Este” prefiere seguir intentando comprar los siete votos de sus socios independentistas, aunque cada negociación sea un chantaje. Decía la vicepresidenta segunda del gobierno, Yolanda Díaz, sobre su negociación con Junts para aprobar su proyecto de reducción de horas en las jornadas laborales, que «ella tiene límites y no estaba dispuesta a entregar su país». Una frase dicha con toda la intención del mundo. Yolanda Díaz le dijo a Carlos Alsina en Onda Cero, todo lo que Sánchez lleva años negando. Reconoció la líder de Sumar que el Gobierno incumple la Constitución al no presentar Presupuestos. También que nunca ha sido cierta la supuesta mayoría progresista del Congreso porque Junts siempre ha sido de derechas, o que el Gobierno, su Gobierno, aprobó la amnistía en contra del sentimiento mayoritario de la sociedad.
Estaba muy enfadada con la ausencia de todos los ministros y sobre todo con la ausencia en la votación del mismísimo presidente del gobierno. «Este» se fue al cine a ver el prestreno de El cautivo de Alejando Amenábar. Cautivo está Sánchez de los próximos informes de la UCO. Cautivo parece también de esas revelaciones que tiene en el extranjero y con las que amenaza el comisionista Víctor del Aldama. Cautivo de los juicios que le rodean. Cautivo de las decisiones que pueda tomar el PP con adelantos electorales en distintas comunidades que le puedan obligar a repetidos cambios en el gobierno de sus ministros-candidatos: la primera, María Jesús Montero, su vicepresidenta primera y ministra de Hacienda y también candidata socialista a la Junta de Andalucía y que parece encadenada al peso de ese proyecto de financiación singular para Cataluña que tanto daño le puede hacer ante sus votantes socialistas.
El panorama es mortal políticamente para cualquier líder democrático occidental con sentido de la responsabilidad política. Pero estamos hablando de Sánchez y ya los españoles sabemos que pase lo que pase «este no se va»… de momento.
Fuente: «Este no se va», por Francisco Sierra
SÁNCHEZ SALTA DE LA «CRISÁLIDA» AL ESCAPARATE EN CLAVE ELECTORAL
Pedro Sánchez ha vuelto. El equipo de Presidencia del Gobierno ha emprendido un drástico cambio en la estrategia de comunicación del jefe del Ejecutivo. El líder socialista se deja ver de nuevo ante los españoles tras meses ausente, encerrado en el «búnker» de Moncloa, y en el de La Mareta durante sus vacaciones de verano.
Su entorno lo confirma: «El tiempo de regenerar la piel ha terminado. Hay que salir de la crisálida y volar con confianza». En las últimas dos semanas Sánchez ha incrementado su exposición mediática a través de diferentes canales para intentar llegar a todo el país.
Este giro, irremediablemente, conduce lo que queda de legislatura al carril preelectoral. A más exposición, más persuasión, el principal objetivo de la comunicación política. El líder socialista arrancó septiembre sentado en el plató de TVE, en horario de máxima audiencia, donde concedió la primera entrevista en más de un año.
El miércoles Sánchez remató la jornada en el cine, donde acudió junto a su mujer, Begoña Gómez, precisamente el mismo día que acudió a declarar al juzgado de instrucción número 41 de Madrid, donde se la investiga por la comisión de cinco supuestos delitos. «Hay que mostrarle a la gente que tenemos un país que funciona y un Gobierno con energías y legitimidad de sobra para seguir avanzando», zanja un colaborador del presidente.
Sánchez ha guardado en el armario la capa de invisibilidad que se puso tras la publicación del demoledor informe de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil que puso contra las cuerdas a Santos Cerdán, su ex mano derecha en el PSOE, en prisión provisional desde el 30 de junio. Desde ese día, Sánchez y su equipo en Moncloa controlaron la exposición mediática al máximo. En todo este tiempo, tanto la imagen del presidente como su estado de salud se han convertido en temas de conversación pública.
Desde el estallido del «caso Cerdán», el líder socialista ha perdido peso y su aspecto ha empeorado. Las redes sociales son un hervidero de comentarios al respecto cada vez que se deja fotografiar. En Moncloa achacan el cambio físico de Sánchez a la presión que sufre desde el apagón que dejó a España a oscuras durante 24 horas. Pero a nadie se le escapa que los casos de corrupción que tienen a su partido acorralado, y que afectan a dos hombres de su máxima confianza durante años, no ayudan. Tampoco la situación en la que se encuentran su mujer –investigada– y su hermano, David Sánchez, que irá a juicio próximamente y que se enfrenta a una posible condena de tres años de cárcel por prevaricación y tráfico de influencias.
Su equipo está empeñado en contrarrestarla. En cualquier caso, no es la primera vez que el presidente se esmera en mostrar su lado más personal y gamberro. Ya lo hizo durante la campaña electoral del 23-J y en un contexto cargado de crispación y hostilidad. Aunque hay una gran diferencia, ya que por entonces no habían trascendido ninguno de los escándalos que le tienen arrinconado y que tanto han contribuido a subir los decibelios.
El equipo del presidente se vio obligado a cortar sus actos de contacto directo con la ciudadanía, en víspera de aquellos comicios, precisamente por los silbidos y abucheos que pudieran dañar su imagen. El presidente solo salió este verano de La Mareta en tres ocasiones para visitar las zonas afectadas por los incendios y las tres veces se blindaron los desplazamientos y se minimizó el contacto con los ciudadanos
Si su gabinete prosigue su estrategia de pasear a Sánchez por la calle, el equipo de seguridad de Presidencia tendrá que extremar la protección. La seguridad se ha convertido en una obsesión para el matrimonio. Lo cierto es que ambos, aunque intenten hacer cierta vida normal, se enfrentan a insultos y abucheos. La seguridad del presidente se ha reforzado de forma notable en los últimos meses. El aumento de la hostilidad hacia el matrimonio ha obligado a ampliar los círculos de protección y a desplegar más agentes con antelación en cada desplazamiento.
El encierro de Sánchez estos últimos meses disparó las alarmas y evidenciaron a un presidente enclaustrado, sufriendo un fuerte síndrome de la Moncloa. En el último año, Sánchez ha dado forma a un liderazgo más introspectivo, más controlado y personalista. Si hay un punto de inflexión, es la reflexión personal de cinco días que anunció en abril del año pasado para decidir si tiraba la toalla. Ese fue el episodio más gráfico. Aunque no ha sido el único. Su reaparición –sin prensa– no solo desconcertó al partido al que sumió en la incertidumbre total, sino que certificó lo que muchos ya intuían: que no gobierna con el PSOE, ni siquiera con el Gobierno. Lo hace desde Moncloa. Ahora, su equipo quiere sacarle de allí.
Fuente: Sánchez salta de la «crisálida» al escaparate en clave electoral





