¿ESTAMOS TODOS LOCOS?: LA JORNADA DE 4 DÍAS, EL RETRASO EN LA EDAD DE JUBILACIÓN Y TRABAJAR HASTA LOS 75 AÑOS

La semana laboral de cuatro días y los modelos de trabajo híbrido son dos de las tendencias más destacadas de 2023. En ellas se pone todo el foco en objetivos de productividad para reducir u optimizar el tiempo que se dedica al trabajo cada jornada. Sin embargo, esta tendencia para reducir la jornada laboral contrasta con el retraso progresivo en la edad de jubilación que proponen los gobiernos de muchos países del mundo en los próximos años, y también con una realidad casi “escondida” de seguir trabajando hasta los 75 años y más allá.

 

Empresas y gobiernos no siempre van de la mano. La foto completa que nos queda en la actualidad es un futuro en el que las empresas y gobiernos persiguen objetivos distintos. Por un lado, las empresas buscan mejorar su productividad y atraer talento utilizando la reducción de jornada o el trabajo híbrido como vías para conseguirlo. Por su parte, los gobiernos hacen encaje de bolillos para cuadrar unos sistemas de pensiones deficitarios que deben afrontar un inminente tsunami demográfico. En este escenario, la población activa en los próximos años se enfrentará a unas carreras con jornadas laborales con menos horas, pero tendrán que trabajar durante más tiempo hasta que puedan jubilarse.

 

 

Jornada laboral en Europa.

En Europa se ha pasado de una jornada media de 41,7 horas en 2008, a 40,6 horas en la segunda mitad de 2022. Eso indica una tendencia clara de los países miembros a reducir la duración de la jornada laboral. Sin embargo, no en todos los países europeos se trabajan el mismo número de horas cada jornada. En 2022, Finlandia registraba una jornada semanal media de 38,7 horas, Dinamarca de 39,1 horas y Países Bajos de 39,4 horas. En la cola están Serbia con 44 horas de media, Suiza con 43,3 horas y Grecia con 42,7 horas. España se ajusta a la media con una jornada semanal de 40,4 horas.

 

La semana laboral de cuatro días justo está dando sus primeros pasos en España con proyectos piloto como el que se desarrolló en Valencia y que todavía está en proceso de evaluación. Sin embargo, algunas empresas ya han apostado por ese modelo de jornada por su cuenta.

 

El resto de los países de nuestro entorno también están apostando por reducir el número de horas apostando por las jornadas de cuatro días e Islandia lleva desde 2015 aplicando con éxito la jornada de cuatro días, primero entre sus funcionarios y a partir de 2021 para el resto de empleados. En la actualidad casi el 90% de la población de Islandia tiene un horario reducido u otras adaptaciones.

 

Edad de jubilación media en Europa.

El tiempo que Europa quiere dedicar a la jornada laboral contrasta con el retraso progresivo en la edad de jubilación de los empleados. La edad de jubilación media en Europa se sitúa en los 65 años, pero encontramos algunas diferencias. El país que antes jubila a sus empleados es Eslovaquia con 62 años y 10 meses, seguido por Malta con 63 años y República Checa que lo hace a los 63 años y 10 meses. Por su parte, Dinamarca, Grecia e Italia lo hacen a los 67 años. En 2023, la edad de jubilación en España es de 66 años y 6 u 8 meses si no se tienen cotizados al menos 37 años y 9 meses.

 

El aumento de la esperanza de vida está haciendo que muchos países europeos se planteen retrasar la edad de jubilación más allá de los 66 en los próximos años. De hecho, la Ley 27/2011 fija la edad de jubilación en España en 67 años para 2027, objetivo que España comparte con la mayoría de países de su entorno.

 

En Alemania, Suecia, Grecia, Países Bajos o Italia, el objetivo es fijar una edad mínima de jubilación en los 67, y ofrecer incentivos para seguir trabajando más allá de esa edad para complementar la pensión, siendo la jubilación un derecho, no una obligación para quienes se encuentren en condiciones de seguir cotizando, pero que no sea una necesidad propiciada por motivos económicos como está sucediendo en Estados Unidos.

 

Los gobiernos de la Unión europea justifican el retraso en la edad de jubilación por el incremento progresivo en la esperanza de vida y en la esperanzada de vida con buena salud. Según los datos del INE, entre 2010 y 2019, la esperanza de vida con buena salud en España pasó de 64,5 a 69,4 años, mientras la esperanza de vida al nacer en España evolucionó de los 79,2 años en 2010 a los 81,1 años en 2019, tres años más que en el resto de Europa.

 

Trabajar hasta los 75 años ya es lo que nos espera a los europeos

La coyuntura económica, marcada por la alta inflación, un incremento del coste de los alimentos, gasolina y vivienda está haciendo mella en los trabajadores más vulnerables. En EEUU se está dando un fenómeno en el que las personas mayores se están viendo obligadas a continuar trabajando en lugar de jubilarse, ya que los gastos extra están consumiendo sus ahorros. Hablamos de un grupo demográfico de más de 75 años, que está renunciando a su tiempo de descanso para quedarse en la oficina. Lo que empezó como volver a la fuerza laboral de manera casual y oportunista ya se ha convertido en una necesidad permanente.

 

La Oficina de Estadísticas Laborales de EEUU publicó hace dos años que el número de trabajadores con 75 años o más creció un 53,7 % entre 2010 y 2020 y se prevé que crezca un 96,5% entre 2020 y 2030, momento en el que casi el 10% de la fuerza laboral tendrá más de 65 años.

 

Las causas de este fenómeno son diversas, pero en primer lugar, por el simple hecho de que las personas están envejeciendo mejor que en el pasado, y, por tanto, como tienen mejor salud durante más tiempo, pueden continuar trabajando más. Sin embargo, un gran porcentaje sigue trabajando porque no tiene los ahorros para la jubilación que pensaban que tendrían. De hecho, solo el 35% de los estadounidenses entre 55 y 64 años, es decir, aquellos que se acercan a la edad tradicional de jubilación, tienen una pensión o ahorros para la jubilación.

 

También hay que tener en cuenta que antes de 1978, cuando se creó el plan 401(k) (los planes de jubilación exclusivamente para empleados en activo), las generaciones dependían de las pensiones para su jubilación. Ahora, sin embargo, estamos entrando ya en generaciones que no tenían pensiones, a menos que estuvieran en el sector público. De hecho, a medida que envejece la población, la participación en los planes de jubilación ha disminuido desde el año 2000. Casi la mitad de todas las familias en los EEUU no tienen ningún ahorro para la jubilación y más de 15 millones de adultos mayores de 65 años son económicamente inseguros.

 

Tampoco podemos olvidarnos de que trabajar más allá de los 65 años no es una opción apta para todas las personas. Las demandas físicas de muchos trabajos hacen que algunas personas no puedan seguir más allá de esa edad (por salud, deterioro físico y mental, etc). Por ejemplo, quienes trabajan en empleos de construcción, conserjería o agricultura, lo tienen mucho más complicado para extender su actividad en comparación con aquellos que acuden a una oficina. Es decir, los profesionales con títulos universitarios están mejor posicionados para seguir trabajando.

 

El fenómeno no es algo exclusivo de Norteamérica y los europeos también están desafiando las “normas” de jubilación. Mientras las protestas en Francia defienden la jubilación a los 62 años, en toda la Unión Europea, hombres y mujeres trabajan más allá de los 65, llegando incluso a los 75 años. Según las estadísticas, la mayoría de casos se dan en trabajadores por cuenta propia con un horario parcial, muchas veces en el sector sanitario y social. Suecia tiene el porcentaje más alto de personas mayores de 75 años que todavía están trabajando. Se explica porque el país tiene la proporción más alta de personas de 75 a 79 años en la UE. Aún así casi el 30% de las personas mayores que todavía trabajaban en Europa dicen que lo hacen para complementar sus ingresos o reforzar su futura pensión.

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