ENERGÍA, CAMBIO CLIMÁTICO Y EL FIN DE LAS CIVILIZACIONES

Sin entrar en catastrofismos del tipo milenarios propios de la edad media, el clima global parece que está cambiando, lo que entraña riesgos cada vez más graves para los ecosistemas, la salud humana y la economía. Los fieles a la doctrina antropogénica del cambio climático, es decir, todos los que, expertos o no, están convencidos de que la acción humana está detrás de ese fenómeno llamado «cambio climático» y cuyas consecuencias son poco menos que un apocalipsis terrible de fenómenos extremos que terminarán con la vida en la tierra, acostumbran a justificar todo lo que sucede por el cambio climático o el calentamiento global. Que cae una histórica nevada en Madrid en enero: es el cambio climático; que se registran lluvias torrenciales: el cambio climático; que tenemos el invierno más frío en décadas: es el calentamiento global; que sufrimos el verano más caluroso de los últimos años: el cambio climático.

 

Muchos de estos cambios se producen debido a las grandes cantidades de gases de efecto invernadero que emiten a la atmósfera muchas actividades humanas en todo el mundo, incluida, en particular, la quema de combustibles fósiles para la generación de electricidad, la calefacción y el transporte. Esta combustión también emite contaminantes atmosféricos que dañan el medio ambiente y la salud humana.

A escala mundial, el consumo de energía representa, con diferencia, la mayor fuente de emisiones de gases de efecto invernadero derivada de las actividades humanas. Alrededor de dos tercios de las emisiones de gases de efecto invernadero mundiales están ligadas a la quema de combustibles fósiles que se usan para calefacción, electricidad, transporte e industria

A escala mundial, las aportaciones de CO2 por la quema de combustibles fósiles han hecho aumentar la concentración de gases de efecto invernadero desde unos 230 ppm hasta superar hoy en día puntualmente los 496 ppm, de las cuales 410 ppm son solo de CO2. Es decir, el CO2 representa 4/5 del problema. A su vez, 2/3 de las emisiones totales de gases de efecto invernadero son debidas al CO2 emitido en la quema de combustibles fósiles y en procesos industriales. Esas cantidades pueden aumentar el efecto invernadero lo suficiente como para aumentar la temperatura media en casi 5 ºC si no detenemos esta tendencia.

 

Nuestro uso y producción de energía tiene una enorme repercusión en el clima, y lo contrario es también cada vez más cierto. El cambio climático puede alterar nuestro potencial de producción de energía y nuestras necesidades energéticas. Por ejemplo, los cambios en el ciclo del agua influyen en la energía hidráulica, y el ascenso de las temperaturas aumenta la demanda de energía para los sistemas de refrigeración en verano, mientras que reduce la de los sistemas de calefacción en invierno.

 

1.- INTRODUCCIÓN POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE LA ENERGÍA

La energía es la capacidad de los cuerpos para realizar un trabajo, es decir, el concepto de energía se define como la capacidad de hacer funcionar las cosas. La energía, aunque es única, se manifiesta de diferentes maneras, recibiendo así diferentes denominaciones según las acciones y los cambios que puede provocar. Se suele medir en kilovatios por hora (kW h) que es aproximadamente el doble de la energía interna que consume una persona en un día.

 

  • Energía interna. La energía interna se manifiesta a partir de la temperatura. Cuanto más caliente esté un cuerpo, más energía interna tendrá. Es decir, acumula energía (capacidad de hacer cosas) en forma de calor.
  • Energía térmica. Se asocia con la cantidad de energía que pasa de un cuerpo caliente a otro más frío manifestándose mediante el calor transferido.
  • Energía química. La energía química se manifiesta en determinadas reacciones químicas en las que se forman o rompen enlaces químicos y liberan energía. El carbón, el gas natural o el funcionamiento de las baterías son algunos ejemplos del uso de esta energía.

 

  • Energía electromagnética. Esta energía se atribuye a la presencia de un campo electromagnético, generado a partir del movimiento de partículas eléctricas y magnéticas moviéndose y oscilando a la vez. Son lo que conocemos como ondas electromagnéticas, que se propagan a través del espacio y se trasladan a la velocidad de la luz.
  • La energía nuclear. La energía nuclear es la que se genera al interactuar las partículas de los núcleos atómicos (electrones, protones y neutrones) entre sí. Puede liberarse a través de la rotura del núcleo, lo que se conoce como fisión, o de su unión, lo que se denomina fusión.
  • Energía mecánica. La energía mecánica es aquella relacionada tanto con la posición como con el movimiento de los cuerpos y, por tanto, involucra a las distintas energías que tiene un objeto en movimiento, como son la energía cinética y la potencial. La energía potencial hace referencia a la posición que ocupa una masa en el espacio. La energía cinética por su parte se manifiesta cuando los cuerpos se mueven y está asociada a la velocidad.
  • Energía eléctrica. La energía eléctrica o electricidad se produce a raíz de las cargas eléctricas de los electrones y protones y de la interacción entre ellas. Cuando los electrones se mueven a través de un material conductor se origina lo que se denomina corriente eléctrica. La energía eléctrica es la forma más usual de producir y transportar todo tipo de energías y por eso es la energía que más se utiliza para todas las actividades humanas.

 

PROPIEDADES DE LA ENERGÍA

La energía tiene 4 propiedades básicas:

  • Se transforma. La energía no se crea, sino que se transforma y es durante esta transformación cuando se manifiestan las diferentes formas de energía.
  • Se conserva. Al final de cualquier proceso de transformación energética nunca puede haber más o menos energía que la que había al principio, siempre se mantiene. La energía no se destruye.
  • Se transfiere. La energía pasa de un cuerpo a otro en forma de calor, ondas o trabajo.
  • Se degrada. Solo una parte de la energía transformada es capaz de producir trabajo y la otra se pierde en forma de calor o ruido (vibraciones mecánicas no deseadas). Es lo que le llama “entropía” que significa el desorden al que tiende la naturaleza, pues ese “ruido” no se puede utilizar para realizar un trabajo útil.

 

2.- TIPOS DE CENTRALES ELECTRICAS

Las centrales eléctricas dependen de la fuente de energía primaria. En España los principales tipos de centrales son térmicas, nucleares, atmosféricas y solar fotovoltaica.

  • Centrales eléctricas térmicas. Las turbinas de estas centrales entran en movimiento gracias a un chorro de vapor a presión que se obtiene calentando el agua. Existen diferentes formas de generar energía en las centrales de tipo térmicas:
  • Clásicas:obtienen la energía de la combustión de combustibles fósiles (gas y derivados del petróleo).
  • De biomasa:obtienen la energía de la combustión de residuos forestales, agrícolas o de los famosos cultivos energéticos.
  • De incineración de residuos sólidos urbanos:obtienen la energía a través de la combustión de la basura tratada.
  • Centrales nucleares:generan energía gracias a las reacciones de fisión de átomos de uranio.
  • Las termo solares, calientan el agua concentrando la energía procedente del sol
  • Las centrales geotérmicas aprovechan el calor que proviene del interior de la tierra.

 

  • Centrales eólicas. Sus turbinas son movidas gracias a la acción del viento sobre las aspas del aerogenerador. Para ello, se instala una torre en cuya parte superior existe un rotor con múltiples palas que se orientan en dirección del viento. Su funcionamiento está limitado a la velocidad del viento y un parque eólico demanda extensiones de terrenos grandes.

 

  • Centrales solares fotovoltaicas. Las centrales solares fotovoltaicas transforman la energía solar en electricidad debido a las células fotovoltaicas que permiten transformar la energía lumínica (fotones) en energía eléctrica (flujo de electrones libres)

 

  • Centrales hidroeléctricas. Las turbinas de estas centrales se mueven gracias a un chorro de agua a alta velocidad. Estas aprovechan los saltos de agua ya sean naturales, es decir, cascadas y desniveles de los ríos, o artificiales que son construidos en los embalses.

 

  • Centrales mareomotrices. Estas tienen un parecido en su funcionamiento a las centrales hidroeléctricas. Pero estas aprovechan las diferencias del nivel del mar entre la marea alta y la marea baja. También se consideran centrales mareomotrices aquellas centrales que aprovechan el movimiento de las olas para mover las turbinas. Por otro lado, también existen las de corrientes marinas, las cuales usan la energía cinética de las corrientes marinas o de los océanos.

 

3.- DATOS: LA POBLACIÓN MUNDIAL

Se prevé que la población mundial alcanzará los 8.000 millones el 15 de noviembre de 2022. La población mundial está creciendo a su ritmo anual más lento desde 1950, por debajo del 1 % en 2020. Las últimas proyecciones sugieren que la población mundial podría llegar a alrededor de 8.500 millones en 2030 y 9.700 millones en 2050 y que alcanzará un pico de alrededor de 10.400 millones de personas durante la década de 2080 permaneciendo en ese nivel hasta 2100.

Se estima que la proporción de la población mundial de 65 años o más aumentará del 10% en 2022 al 16% en 2050. Para entonces, se espera que el número de personas mayores de 65 años en el mundo más que duplicará el número de niños menores de 5 años, y llegará a igualar la población de niños menores de 12 años.

4.- DATOS: EL CONSUMO ENERGÉTICO

Desde el advenimiento de la revolución industrial, el consumo energético mundial ha crecido de forma continuada. En 1900, el consumo energético global supuso 0,7 TW (0,7×1012 Watios hora). La mayor parte de los recursos energéticos mundiales provienen de la irradiación solar de la Tierra, alguna de esta energía ha sido almacenada en forma de energía fósil, otra parte de ella es utilizable en forma directa o indirecta como por ejemplo vía energía eólica, hidráulica o de las olas

El consumo de energía sigue ampliamente al Producto Interior Bruto, aunque existe una diferencia significativa entre los niveles de consumo de los Estados Unidos con 12 kWh por persona,  Japón y Alemania con 6 kWh por persona, la India el uso de energía por persona es cercano a los 0,7 kWh y Bangladés tiene el consumo más bajo con 0,2 kWh por persona.

El origen de la energía es:

Las consideraciones políticas sobre la seguridad de los suministros, y las implicaciones medioambientales relacionadas con el calentamiento climático y con la sostenibilidad acabarán por sacar al consumo energético mundial de los combustibles fósiles. El Efecto Isla de Pascua es citado como ejemplo de una cultura que fue incapaz de desarrollarse sosteniblemente que arrasó prácticamente el 100% de sus recursos naturales.

5.- CIVILIZACIONES QUE DESAPARECIERON POR CAMBIOS CLIMÁTICOS

 

Hace miles de años, en todo el Mediterráneo oriental, varias civilizaciones de la Edad de Bronce empeoraron al mismo tiempo. El Antiguo Reino de Egipto y el Imperio Acadio se derrumbaron, y se produjo una crisis social generalizada en todo el Antiguo Oriente Próximo y el Egeo, que se manifestó en forma de disminución de la población, destrucción, reducción del comercio e importantes cambios culturales.

 

Como siempre, se ha señalado al cambio climático y a los cambios de lealtad. Pero los científicos acaban de encontrar un nuevo culpable en unos huesos antiguos. Pero según últimas investigaciones no se puede descartar que las enfermedades generalizadas causadas por estos patógenos de la fiebre tifoidea y la peste fueran un factor que contribuyera a los cambios sociales tan extendidos entre el 2200 y el 2000 a.C.

 

En todo caso parece que los cambios climáticos han marcando el desarrollo y la evolución de ciertas civilizaciones del planeta. Algunas supieron sacar partido, otras se vieron abocadas a la extinción.

La Tierra ha cambiado a lo largo de la historia: desde calentamientos a glaciaciones pasando por inundaciones, erupciones volcánicas, nacimiento de cordilleras… Y algunos de estos cambios han sido relativamente recientes y relacionados directamente con el clima. El período medieval cálido fue, por ejemplo, un período de altas temperaturas que tuvo lugar entre el siglo X y el XIV hasta que se produjo la pequeña edad de hielo que duró hasta mediados del siglo XIX. Sin embargo, antes de este periodo cálido existieron otras importantes fluctuaciones de temperatura como el máximo del holoceno —un evento cálido que se extendió miles de años, desde el 6000 a.C al 2500 a.C— o el younger dyras, una fase breve de enfriamiento a finales del Pleistoceno, entre 12.700 y 11.500 años atrás.

 

Mayas: de la sequía a la deforestación

La civilización maya ocupo una amplia región de Mesoamérica entre el 2600 a.C y el 1200 d.C, con un florecimiento cultural entre el 600 y 800 d.C. Sin embargo, a partir de ese año y hasta el 950 d.C muchas de las ciudades se abandonaron en lo que se conoce como el colapso de la civilización maya. Se cree que una intensa sequía podría haber contribuido al desastre maya pues se estima que la precipitación anual disminuyó entre el 40 y 54% con respecto a la actualidad justo en ese periodo. Pero, además, los mayas hicieron ciertas modificaciones en el clima sin querer a través de la deforestación. A medida que talaban árboles para establecer sus cultivos, esta disminución de la vegetación provocaba un aumento de la temperatura de la región que podría haber llegado hasta los seis grados según las estimaciones de la NASA.

 

Imperio Khmer: de la ciudad hidráulica a la sequía e inundaciones

El poderoso Imperio Khmer fue un reino situado en el sudeste asiático y que se extendía no solo por Camboya —famosa en la actualidad por sus ruinas– sino por otros países colindantes como Tailandia, Camboya, Vietnam, Birmania y Malasia. La gran ciudad de Angkor —establecida en el siglo IX— fue la capital de este gran imperio, un lugar que fue considerado el complejo urbano más extenso del mundo preindustrial. Se extendía a través de más de 1.000 kilómetros cuadrados llenos de canales, fosas y depósitos que componían lo que se consideraba la mejor infraestructura hidráulica en aquella época. Todo esto permitía impulsar la producción de sus cosechas y cultivos de arroz. Sin embargo, se cree que una fuerte sequía —consecuencia de un cambio drástico en el patrón de precipitaciones— hizo que los niveles de agua en los depósitos disminuyeran drásticamente. No fue el único problema. La mala gestión política y social del agua añadida al problema ambiental propulsaron la rápida caída de este imperio

 

Vikingos nórdicos en Groenlandia: o cómo sacar partido de un cambio climático local

Los vikingos fueron de los primeros pueblos en navegar por las frías aguas del mar del Norte llegando a colonizar Groenlandia. Hasta hace poco era un auténtico misterio la razón por la que abandonaron este territorio, pero todo parece indicar que las condiciones climáticas que les incitaron a instalarse en esta zona pudieron cambiar drásticamente. Un reciente estudio confirmó que los vikingos habrían vivido en una Groenlandia más cálida de lo habitual entre el 985 y el 1450 d.C. Estos años coinciden con el período medieval cálido y es que se estima que en esa época la temperatura media pudo rondar unos 10ºC. Se cree que ciertos cambios orbitales en la Tierra propiciaron un posterior enfriamiento que acabo expulsando a los vikingos de la región.

 

Imperio romano: una pequeña era glacial

Una pequeña edad de hielo pudo dar lugar al declive de uno de los imperios más importantes de la historia: el Imperio Romano. Las investigaciones recientes revelaron que el descenso de la temperatura se produjo hace 1.500 años, seguido de tres erupciones volcánicas muy potentes en los años 536, 540 y 547. Esas erupciones volcánicas provocaron la década más fría de los últimos 2.300 años. De hecho, algunas regiones de Europa, Oriente Medio y Asia quedaran sumidas en la oscuridad.

 

La Isla de Pascua

La civilización de Rapa Nui, o Isla de Pascua, comenzó en una isla del actual Chile entre los años 400 y 700 de nuestra era. Prosperó como sociedad agrícola durante siglos. En su momento más álgido, esta civilización podría haber albergado hasta 20.000 personas. Muchos investigadores especulan que el cambio climático y la superpoblación contribuyeron a la caída de Rapa Nui. Alrededor del año 1300 d.C., comenzó la Pequeña Edad de Hielo, que provocó prolongadas sequías. Al mismo tiempo, el suelo, antes fértil, empezó a mostrar signos de sobreexplotación. Los cultivos se volvieron menos productivos al mismo tiempo que aumentaba la demanda de alimentos. Como resultado, esta civilización experimentó una prolongada escasez de alimentos y se derrumbó antes de 1800.

 

Civilización del Valle del Indo

Alrededor del año 3000 a.C., surgió una civilización en el Valle del Indo, alrededor del actual Pakistán. También conocida como la civilización Harappan, esta sociedad destaca por sus asentamientos urbanos y sus redes de almacenamiento de agua. La civilización del Valle del Indo era un asentamiento urbano muy poblado que dependía del comercio y la agricultura. Después de casi un milenio, el cambio climático amenazó ambas cosas. La sequía, según los investigadores, probablemente desempeñó un papel en la destrucción de esta sociedad. Una disminución de las lluvias monzónicas se correlacionó con un fuerte descenso de la población hacia el año 2000 a.C. Después de luchar durante dos siglos, la mayoría de los habitantes restantes del Valle del Indo probablemente emigraron al este.

 

Pequeña Edad de Hielo

La Pequeña Glaciación o Pequeña Edad de Hielo fue un período frío que abarcó desde comienzos del siglo XIV hasta mediados del XIX. Puso fin a una era extraordinariamente calurosa llamada óptimo climático medieval (siglo X al XIV). Hubo tres mínimos: uno en 1650, otro alrededor de 1770 y el último en 1850. Inicialmente se pensó que era un fenómeno global, pero posteriormente se desechó esa idea. Y se describe la Pequeña Edad de Hielo como «una época en la cual el hemisferio norte tuvo un modesto enfriamiento de menos de 1°C». La NASA define el término Pequeña Edad del Hielo como un periodo frío entre 1550 y 1850 con tres periodos particularmente fríos: uno comenzando en 1650, otro en 1770 y el último en 1850, cada uno separado por intervalos de ligero calentamiento; y, por ejemplo en España se a, señalan cuatro períodos de sucesos catastróficos (mitad del siglo XV, 1570-1610, 1769-1800 y 1820-1860).

 

1816: el año sin verano en Europa

Se llamó a 1816 el año sin verano (también conocido como año de la pobreza, el verano que nunca fue y el año que no tuvo verano) debido a las graves anomalías en el clima global que causaron una disminución en la temperatura mundial de entre 0,4–0,7 C, lo que resultó en una grave escasez de alimentos en el hemisferio norte. La evidencia sugiere que la anomalía fue causada por la combinación de una histórica caída en la actividad solar con un invierno volcánico provocado por una serie de importantes erupciones volcánicas como la del volcán Mayon en Filipinas en 1814 y coronadas por la erupción del monte Tambora en abril de 1815, en Indonesia, la erupción más grande conocida en 1300 años. Los eventos sucedieron además durante la década final de la Pequeña Edad de Hielo, un enfriamiento previo que venía produciéndose periódicamente desde mediados del siglo XIV, en torno a 1350. Se ha bautizado este suceso como «la última gran «crisis de supervivencia» del mundo occidental».

 

6.- “EL PRECIO DE LA LUZ”. ¿HIPÓCRITA PROGRESÍA?

La enorme distancia entre nuestra retórica y nuestra práctica se plasma en toda su desnudez en la lucha contra el cambio climático y en la forma en que usamos la energía para la producción y el consumo de bienes y servicios.

 

Hace un par de años, una encuesta del Real Instituto Elcano titulada «Los españoles ante el cambio climático» reflejaba que el 87% de los encuestados estaba de acuerdo con la siguiente frase: «La electricidad que producimos debe venir de fuentes renovables (sol, viento, mar, tierra) tan pronto como sea posible, aunque tengamos que pagar más por ella durante algunos años» (¡”modernos de boquilla” que somos todos por aquí!).

 

Probablemente la política energética es el único ámbito en el que España ha seguido lo que podría considerarse como una «política de Estado«: estable, coherente, decidida, sin vaivenes, con consenso. Es uno de los países en el que un porcentaje más elevado de la electricidad se obtenga con energía renovables (huertos solares, energía eólica, …). Desde hace más de 20 años, la sociedad española ha exigido (y sus líderes han legislado):

  • Limitación de cualquier proyecto de búsqueda de materias primasen suelo nacional. Por ejemplo, frenar el desarrollo de una industria del fracking y la paralización de prospecciones petrolíferas en Canarias.
  • No más nucleares, y cierre de las que ya hay en funcionamiento en el período más corto posible.
  • Impulso a las renovables, con subvenciones para ayudar al sector.
  • Seguridad absoluta en el suministro, con sistemas redundantes para situaciones en las que las renovables no pueden cubrir la demanda. Esto se ha conseguido y la red eléctrica española, tiene muy pocas incidencias en el suministro.

 

Todos y cada uno de los puntos de la anterior lista cuestan dinero. Debemos ser el único país del planeta que ha protestado cuando se ha dado la noticia de que quizás había petróleo en su subsuelo. Lo cierto es que España es uno de los líderes en el esfuerzo de la implantación de renovables y en esa transición energética tan deseadas. Y pocas pruebas hay más evidentes de ese esfuerzo, sacrificio y compromiso que precisamente “el recibo de la luz”.

 

Hemos escuchado, tras el informe del IPCC, que estamos en «una batalla» por la supervivencia. Una «guerra para salvar a la civilización. Una contienda por nuestros paisajes, nuestras formas de vida, el planeta que dejaremos a los que nos sucedan». Algunos ingenuos e ignorantes, al parecer, se creían que esta batalla se podía ganar colgando un selfie en Instagram abrazado a un árbol. A parte del juego sucio de muchas eléctricas (esperable en cualquier mercado por muy regulado que esté), casi lo único que se nos pide en esta batalla es pagar unos 20-30 euros más al mes en el recibo de la luz.

 

El precio más caro se seguirá pagando en la lucha contra el cambio climático pero la sociedad no parece lo suficientemente madura como para asumir esta verdad incómoda. Hay que evitar que el engaño siga dominando el debate político en materia energética. No se debe cargar contra las eléctricas la responsabilidad de la situación, aunque deban asumir una parte; hay que empezar a mirar a legisladores y políticos.

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