Los datos recogen una clara dualidad entre menores de 30 años parados y desanimados
Los jóvenes expulsados del mercado laboral ya suponen casi la mitad de los NEET
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España ha reducido su tasa de menores de 30 años que ni trabajan ni estudian a un mínimo del 11% frente al 20% que registraba hace una década. Pero esta mejora no ha logrado reducir la ‘dualidad’ que esconde este colectivo, entre jóvenes que están buscando empleo, que han protagonizado el grueso del descenso, y los ‘desanimados’, que ni lo intentan y se autoexcluyen del mercado laboral. Estos últimos suponen un 5% del total de la población ‘junior’ y sus datos arrojan síntomas de estancamiento. Esta doble velocidad apunta a que, pese a la mejora de la economía y el mercado laboral, los jóvenes que no encuentran trabajo tienen el mismo riesgo de verse expulsados de mercado laboral que hace una década.
España anota un mínimo de la población de jóvenes que ni se forman ni trabajan desde la Gran Recesión, gracias al descenso del paro y el menor abandono educativo, que por primera vez en 2025 han retrocedido por debajo del millón de afectados. Pero que la tasa de ‘ninis’ que ni siquiera buscan trabajo se mantenga supone un punto oscuro en esta evolución positiva, ya que implica un cierto efecto trasvase desde los que buscan activamente empleo.
Pocos conceptos más polémicos en el análisis del mercado laboral que el de ‘nini’, que hace referencia a los jóvenes que no están trabajando, pero tampoco estudian. Lo que surgió como una métrica para entender las dificultades que frustran el arranque de una carrera profesional, se ha convertido en un estigma despectivo para cientos de miles de ellos, cuando lo cierto es que la realidad de este colectivo es mucho más compleja.
El término «nini» (ni estudia ni trabaja) es una traducción castiza del acrónimo NEET (‘Neiter in employment nor education and training‘), una descripción que intenta resolver un ‘agujero’ en las estadísticas sobre el mercado laboral: los jóvenes son más propensos al ‘efecto desánimo‘, es decir, a renunciar a la búsqueda activa de empleo. Algo a lo que ayuda que pueden retasar la emancipación y seguir viviendo con sus padres. Pero si no aprovechan esos periodos para formarse o mejorar su educación, se convierten en un ‘tiempo perdido‘ que a acaba hundiendo sus oportunidades laborales a largo plazo.
Desde esta óptica, se entiende que la tasa NEET se haya considerado uno de los grandes indicadores de la eficacia de las medidas puestas en marcha por los gobiernos de la Unión Europea para acabar con el diferencial de desempleo de los jóvenes respecto al resto de la población, y elevar su preparación. Iniciativas tan conocidas como la Garantía Juvenil ponían el foco en este objetivo. Sobre todo, en España, el país con las mayores cifras de paro de los Veintisiete.
Sin embargo, en la opinión pública, ya desde antes de la crisis financiera, se ha instalado una visión peyorativa hacia los afectados por esta situación y se considera como sinónimo de joven que vive a costa de sus padres sin pensar en su futuro profesional. Esta visión comete un grave error de fondo: la expresión «ni estudia ni trabaja» es engañosa, cuando la mayoría de los NEETs son parados. Es decir, están buscando activamente empleo.
Como decíamos, el porcentaje de ‘ninis’ se encuentra en mínimos del 11% para los menores de treinta en el segundo trimestre del año. Muy por debajo de las tasas de paro del colectivo, que se sitúa en el 18,5%, respectivamente, según el último informe sobre empleo juvenil elaborado por el Ministerio de Trabajo con datos de la Encuesta de Población Activa del segundo trimestre. Entre los jóvenes menores de 25 años, el diferencial es mayor: 8,6% de ‘ninis’ frente al 20,5% de parados. El problema es que ambos datos no son comparables porque miden realidades diferentes.

La tasa de paro es el porcentaje de desempleados sobre el total de la población activa (es decir, la suma de ocupados y parados que, por definición, buscan activamente empleo). La tasa NEET, por su parte, se calcula como suma del número de todos los jóvenes en edad de trabajar que ni cursan ningún tipo de estudio ni formación y tampoco tiene empleo, con independencia de si lo buscan o no. Y se expresa como porcentaje sobre el total de la población joven (incluyendo ocupados y parados, pero también inactivos).
Esto se traduce en que la cifra total de ‘ninis’ es más alta que la del total de desempleados, aunque la tasa parezca inferior. Pero cuando se expresa como un agregado no se distingue entre los parados que no se forman y los inactivos. Y este matiz va más allá de las definiciones estadísticas: es fundamental para entender no solo las características del colectivo, sino la evolución que ha seguido en los últimos años.
Una mejora muy desigual
Trabajo no desglosa esta composición de la tasa NEET, pero un análisis de los datos trimestrales que utiliza para su informe revela que el retroceso se debe a los que han salido del paro. Los ‘ninis’ que buscan activamente empleo suponen un 6,2% de los jóvenes menores de 30 años, mientras que hace diez años, cuando arranca la serie histórica, se situaban en el 14%. Por su parte, los inactivos son un 4,8%, cuando hace una década eran un 6,6%. Con ello, la tasa total NEET ha pasado del 20,6% en el primer trimestre del 2015 al 11% del segundo de 2025.
Más relevante es comparar la evolución de ambas tasas. Aquí se aprecia que, en los años de recuperación tras la crisis financiera, los parados cayeron mientras los inactivos se mantuvieron prácticamente estables en el nivel del 6%.

En 2020, se produjo una notable subida de ambos grupos, pero a partir de 2021 prosiguieron la senda de descenso. En este caso, también los inactivos retrocedieron, hasta el nivel del 5%, umbral que han roto por primera vez en 2025, con un mínimo del 4,8%. Aun así, la brecha entre ambos grupos es la más baja desde 20215, lo que cuestiona la eficacia de las medidas para ‘activar’ a los desanimados, si las comparamos con los parados. Y es que la consecuencia es clara: los ‘ninis’ inactivos han ganado peso, pasando de suponer el 31% de los jóvenes que ni estudian ni trabajan al 43%.
Los datos también revelan una fuerte volatilidad trimestral que provoca fluctuaciones de entre tres y hasta tres puntos. Esto hace que la media anual de lo que va de 2025 sea del 11,4% (6,5 puntos parados y 4,9 inactivos), frente al 12,9% de 2019 (7,1 puntos de paros y 5,8% de inactivos). Aun así, estos datos son provisionales hasta que se conozcan los datos del tercer y cuarto trimestre. Entre julio y septiembre, en particular, se produce un notable repunte de la tasa NEET, seguramente por coincidir con los periodos no lectivos.
Bruselas sí detecta un estancamiento
Una fuente alternativa para analizar este fenómeno son los datos de Eurostat, que sí distingue entre desempleados e inactivos (fuera de la fuerza laboral). Esto se hace sobre los datos anuales, si bien los resultados son muy diferentes a los del INE y Trabajo. En este caso, la tasa anual de 2024 es más baja que la que estima el INE, se queda 12%. Eso sí: la Oficina Europea de Estadísticas apunta a un clarísimo estancamiento de los NEET inactivos. Supone un 5,8%, el mismo porcentaje que hace diez años. Según los datos de Bruselas, la ganancia de peso sobre el total es aún mayor que lo que refleja la EPA: han pasado del 30% al 48% del total de los ‘ninis’.
La discrepancia se debe a una diferente metodología, pero confirma que existe un problema si los jóvenes que no trabajan ni estudian, pero tampoco buscan empleo se mantienen en el mismo porcentaje pese a las reformas educativas y de la formación para reducir su peso en el mercado laboral. Ahora bien: ¿estos datos significan que estos jóvenes están desanimados ante la búsqueda de empleo o, simplemente, no quieren trabajar?
Aquí Eurostat introduce una precisión que los datos del INE y de Trabajo no hacen: desglosa la tasa NEET entre aquellos parados e inactivos que sí aceptarían un empleo y los que no. Y los resultados cambian: si los pardos son un 6,2% de los jóvenes, los quieren trabajar (busquen o no) se elevan al 8,9%, mientras los inactivos que no quieren trabajar caen al 3,7%.

En todo caso, la evolución sigue siendo similar a la que obtenemos si utilizamos las clasificaciones de parado e inactivos: los que sí tiene intención de trabajar son los únicos cuya tasa se ha reducido, ya sea porque han encontrado empleo o porque se están formando. En este caso, conviene precisar que el 40% de los parados menores de 30 años compatibilizan la búsqueda de empleo con formación, un porcentaje que se ha elevado en diez puntos en la última década,
Los datos de Eurostat permiten hacer una comparativa con nuestro vecinos de la UE. En 2025, nuestro país registraba una tasa NEET del 19,4%, por encima de la media europea del 15,4$ peor por debajo de Italia, Grecia, Rumanía, Bulgaria y Croacia. En 2024, había retrocedido al octavo puesto tras Rumanía, Italia, Lituania, Grecia, Chipre, Bulgaria y Francia, aunque aún por encima de de la media UE del 11,1%.

Eso sí, es tercer país en el que más ninis quieren trabajar (después de Italia y Grecia) pero el decimo sexto con la tasa mas alta de los que no quieren hacerlo. En todo caso, el dato de ‘ninis’ que quieren trabajar (aunque no cuenten técnicamente como parados) confirma que el problema sigue ligado a la falta de oportunidades laborales y el ‘efecto desánimo’ más que a una supuesta ‘vagancia’ o comodidad de los jóvenes.


