Con cada dato oficial que se publica del paro, el Gobierno dedica buena parte de sus comentarios a celebrar el supuesto fin de la temporalidad en España. «Son datos espectaculares«, «la contratación por primera vez es de calidad«… ha festejado en diferentes ocasiones la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. Sin embargo, no hay más que bucear en los datos para percatarse del evidente efecto maquillaje que esconden las cifras de los ministerios de Trabajo y Seguridad Social. El más escandaloso ha sido el trasvase de contratos temporales al formato de fijos-discontinuos.
La más reciente reforma laboral ha tenido unos primeros efectos evidentes y notables. La contratación temporal se ha recortado desde el 90% hasta el 51% (datos de abril). El número total de contratos, situado cada año en unas cifras récord por culpa de la elevada rotación –muchos contratos para cubrir un solo puesto de trabajo–, se ha reducido en un millón respecto a los más de dos millones que llegaban a firmarse cada mes antes de la reforma. También han disminuido los contratos ultrabreves, los de menos de siete días, desde que se penaliza a las empresas con un aumento de cotizaciones: se han registrado un 38,3% menos que hasta agosto de 2019, antes de la pandemia.
Para hacerse una idea del cambio: hasta agosto se han firmado ya el doble de contratos indefinidos, 4,47 millones, que en todo el año 2019. Y el triple de los que se habían suscrito hasta agosto de ese año.
Pero, la reforma de Yolanda Díaz tiene un coste para las empresas: la indemnización por despedir a un indefinido –20 días, 33 días si resulta improcedente– es superior a la de un temporal –12 días– y las cotizaciones por emplear a un trabajador durante 30 o menos también son mayores. Además las empresas pueden estar ya recortando las horas de trabajo, es decir, aumentando los contratos a tiempo parcial o los fijos discontinuos. Las cifras conocidas hasta el momento a través de los registros de contratos del Servicio Público de Empleo (SEPE) revelan que desde enero hasta agosto el número de contratos indefinidos a tiempo parcial se ha multiplicado por 3,5 en comparación con idéntico periodo de 2019. Al tiempo que se han desplomado los temporales con jornada parcial, un 49% respecto a la prepandemia. Los indefinidos a tiempo completo también han crecido, sólo un poco menos que los de jornada parcial.
Pero el desvío más claro está ocurriendo hacia los contratos fijos discontinuos, cuyo número se ha multiplicado nada menos que por 8,5 en lo que va de año respecto a los ocho primeros meses de 2019. Los fijos discontinuos son, en realidad, contratos a tiempo parcial “acumulado en el año”, y la prueba definitiva de si se están disfrazando temporales como indefinidos se obtendrá cuando las empresas tengan que volver a llamar a estos trabajadores en la próxima temporada de actividad, oues esos contratos no obligan a nadie: la empresa puede no llamarles, y el trabajador puede tener otro empleo durante el periodo de inactividad y ese aumento espectacular de los contratos fijos discontinuos ha tenido un efecto “muy pequeño” en la afiliación a la Seguridad Social.
La reforma laboral ha tenido impacto “en las estadísticas, pero no un impacto real en las condiciones de trabajo”. En realidad los indefinidos duren cada vez menos, pues los fijos discontinuos son indefinidos, pero no fijos, aunque los llamemos así
Además, en plena pérdida de fuelle de los contratos temporales, las empresas están trasladando su modalidad de contrato más corta, por debajo de siete días, a la siguiente, entre siete y 15 días. Así, en el acumulado hasta agosto, la única categoría que crece respecto a 2021 y 2019 es la de los contratos de entre una y dos semanas, que suman 639.417, un 11% más que el año pasado y un 0,5% más que antes de la pandemia. Lo que no ha mejorado mucho es la duración media de los contratos. Aunque llegó a situarse en 60,63 días en marzo, no ha dejado de caer desde entonces, hundiéndose en sólo 39 días en agosto. En cualquier caso, en lo que va de año permanece en 49 días, sólo un poco por encima de la duración media hasta agosto de 2019.
Pobreza laboral
El indicador más fidedigno del impacto de la reforma laboral será menos el descenso de la tasa de temporalidad –el 22,3% en junio, cuatro puntos menos que en 2019– que el número anual de horas trabajadas. Esa será la señal de que se ha reducido la pobreza laboral, que los trabajadores más precarios hayan aumentado su retribución anual porque han podido trabajar más horas”.
El pasado febrero, cuando la reforma laboral apenas había comenzado a surtir efectos, la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, proclamó en una entrevista en El País que con la nueva norma se había acabado “despedir los viernes para contratar el lunes”. Pero lo cierto es que, de momento, las empresas no han cambiado esa pauta de comportamiento. Las estadísticas de afiliación diaria de la Seguridad Social siguen en agosto el mismo ritmo de siempre. El 1 de agosto se dieron de alta 282.355 afiliados, pero se dieron de baja aún más, 339.960. El último día del mes perdieron su trabajo 320.052 personas. Y continúan hinchadas las cifras de altas y bajas cada lunes, cuando se triplican las de cualquier otro día de la semana. Es decir, se sigue contratando y despidiendo a mansalva semana a semana y mes a mes.
400.000 menos afiliados en agosto
Los datos de desempleo suelen ser especialmente malos los días 31 de agosto, y este 31 de agosto de 2022 se produjeron 270.000 despidos.
Es algo que buscaba impedir la reforma laboral, pero sus efectos no se han notado este verano. Desde que se aprobó la nueva legislación, los contratos indefinidos firmados han batido récords de los que ha sacado pecho el Gobierno. No obstante, no puede hacerlo a la vista de las bajas que se han registrado al final de agosto.
En la misma fecha de agosto del año pasado, sin la reforma laboral, fueron 20.000 más, 289.982. Fue el segundo día que más empleo se destruyó desde que se tienen registros.
En términos generales, agosto no ha sido un mal mes. Se destruyeron 190.000 empleos y el paro aumentó en 40.400 personas, pero es la tendencia habitual del mes que marca el fin de la temporada turística, y las cifras son mejores que en años anteriores. De media, en los últimos tres agostos prepandemia se dieron de baja 198.000 personas, es decir, 8.000 más que en esta ocasión, y también hay que tener en cuenta que ahora hay 677.000 trabajadores más que hace un año.
Entre el 31 de julio y el 31 de agosto fueron 409.429 las bajas registradas en la Seguridad Social, de los 20.275.194 afiliados a finales de julio a los 19.865.765 de finales de agosto. Durante los años prepandemia la misma comparativa nunca superó las 280.000 bajas.
En el mismo periodo de 2017 y 2018 se dieron de baja, de media, 257.120 personas. En 2019 fueron muchas menos, tan solo 35.580. El mayor pico registrado desde 2008 fue en 2016, con 353.000 bajas en ese mes, y esa cifra ha sido superada este año. Otra vez al pódium, aunque esta vez al primer premio.
En Seguridad Social no encuentran una explicación convincente al fenómeno. Hay que recordar que antes de aprobar la reforma laboral el empleo temporal en España afectaba a 4,4 millones de asalariados, un 26,3% del total. Suponía una gran anomalía en comparación con la Unión Europea, donde la tasa de temporalidad es del 15%.
Fuentes de Seguridad Social también reconocen que la Inspección de Trabajo «llega a donde llega» y que es muy difícil comprobar si todas las empresas están cumpliendo con la legislación vigente. En España el ratio es de un inspector o subinspector de Trabajo por cada 10.546 empleados, y de uno por cada 707 empresas.
Diferentes formas de contratar y de despedir
Lo cierto es que la reforma laboral no solo ha cambiado la manera de emplear, también de despedir. Ante el repunte de las modalidades indefinidas, que suponen el 40% de los nuevos contratos, las empresas han adaptado las fórmulas para hacer ajustes de plantilla, sorteando las prevenciones que incluye la propia norma. Los datos de agosto dan una buena muestra de ello.
El 64,2% de las bajas de afiliación al Régimen General de la Seguridad Social en el mes de agosto se debió a las actividades eventuales, ya fuera por el fin de un contrato temporal (51,6%) o el pase a la inactividad de un contrato fijo discontinuo (un 12,6%).
Es un porcentaje casi en diez puntos inferior al registrado en el mismo mes de 2019 (73,8%). La evolución se explica por la reducción de los contratos de duración determinada, que se traduce en un retroceso de 20 puntos porcentuales en las bajas por caducidad de un contrato temporal, mientas que las derivadas de los fijos discontinuos se han disparado un 415%.
Se da la paradoja de que estos se han convertido en la primera causa de baja de afiliación de un trabajador con contrato indefinido, superando a las renuncias y bajas dimisiones, pese al notable incremento de estas últimas: suponen el 9,8% del total de bajas registradas, cuando hace dos años solo suponían el 2,9%. Aun así, entonces eran el principal motivo por el que los asalariados desaparecían de las estadísticas.
Esta evolución confirma el impacto del intenso incremente de la contratación indefinida y la volatilidad que ha provocado en términos de altas y bajas que a un vuelco de las dinámicas de renuncia. De hecho, las bajas de afiliación de los fijos discontinuos (que a pasar a la inactividad se dan de baja a la Seguridad Social pero no cuentan como parados a efectos de las estadísticas del ministerio de Trabajo), han crecido tres veces más que las dimisiones.
Algo que refuerza esta tendencia es que antes de la reforma y la explosión de contratos indefinidos, las dimisiones se concentraban en los temporales. Algo que parece lógico: tienen menos desincentivos que un asalariado fijo para arriesgarse a cambiar de trabajo.
Pero ahora la dinámica se ha invertido y son los fijos los que lideran, con diferencia las dimisiones. Aunque las renuncias de trabajadores fijos también han echado un freno en agosto cayendo un 9%, el primer retroceso desde octubre de 2021, antes de la entrada en vigor de la norma. Parece que el empeoramiento del mercado laboral actúa como un elemento disuasorio para estas renuncias.

El truco del periodo de prueba
Pero el auge espectacular de estos fenómenos corre el riesgo de ocultar otras dos realidades llamativas que apuntan a que, en este nuevo panorama, las empresas elevan el recurso tanto del despido como de otras fórmulas similares, aunque de menor coste. Es el caso de las extinciones por no cumplir el periodo de prueba, una alternativa que permite despedir sin indemnización tras un periodo de varios meses trabajando.
Tras la reforma laboral han anotado un incremento histórico para los indefinidos: se han disparado un 587% desde los niveles de agosto de 2019. Y eso que en ese mes también han dado un respiro y han retrocedieron un 26% respecto a julio.
En este cambio puede pasar desapercibido lo que ocurre con los despidos, propiamente dichos. Ocupan un lugar reducido entre las bajas registradas cada mes, poco más de un 4%, aunque esto se explica porque la principal causa para dejar un empleo está ligada su carácter eventual y a la elevada rotación del mercado laboral, sobre todo en los últimos años de crecimiento del empleo (descontando el impacto de la pandemia en los primeros meses de 2020).
El fracaso del prohibido despedir
Sin embargo, su evolución se ha disparado en 2022 y registra cifras similares a las de los perores momentos de la crisis financiera, si descontamos el pico de los primeros meses 2020. Las bajas por despidos aumentan un 126% respecto al mes de agosto de hace dos años.
Pese al incremento de la contratación indefinida, esta evolución no deja de sorprender si tenemos en cuenta que la propia reforma laboral recoge medidas que intentan prolongarlas fórmulas del «prohibido despedir» de 2020, desarrollando mecanismos de nuevos ERTE (el conocido como Mecanismo RED).
Como si el Gobierno temiera que esto no iba a ser suficiente para frenar los despidos, las medias de emergencia a causa de la situación provocada por la crisis de Ucrania también incluyen fórmulas que ligaban las ayudas a empresas al mantenimiento del empleo. A la luz de la evolución de los datos, queda claro que esta inquietud estaba más que justificada.
La complejidad de los datos
Estimar el número de trabajadores afectados realmente por estos despidos y extinciones es complicado por el propio diseño, a veces contradictorio, de las estadísticas de Seguridad Social. Por un lado, los datos de altas y bajas de afiliación señalan que entre el 1 y el 31 de agosto se registraron 1.964.783 bajas solo en el régimen general (frente a 1.584.461 altas). Pero el registro que detalla los motivos de baja reduce el saldo solo a 75.872,47.
En el caso de las bajas por empleos de carácter eventual, pasaríamos de 48.755,32 bajas anotadas en los datos de en afiliación media a 1,28 millones en los de variación mensual.
Esto resulta especialmente pasmoso cuando se utilizan para medir el verdadero alcance de fenómenos como la Gran Renuncia: los datos de afiliación media de agosto recogen 7.490 dimisiones de trabajadores indefinidos, el 9,9% del total. Si extrapolamos este porcentaje al total supondrían 192.548 personas solo en un mes.
Hay que tener muy presente que esta estadística se diseñó para analizar tendencias sin dejarse llevar por la volatilidad de la afiliación (cada día se pueden llegan a registra decenas de miles de bajas y altas de afiliación).
No pretende elaborar un registro mensual estricto, como pueden ser los datos de paro, mucho menos asemejarse a las estadísticas de despidos y renuncias que elaboran, por ejemplo, los servicios de estadísticas de empleo de Estados Unidos.
Pero, en cualquier caso, estas tendencias de evolución y variación facilitan las claves de la evolución del mercado laboral. Además, lo hacen mes a mes.
Lo cierto es que en los primeros ocho meses del año (y tras la reforma) el número de trabajadores que han firmado más de un contrato indefinido en un mismo mes ha sido de 175.183 personas, 11 veces más que en el mismo periodo de 2021, que era de 14.980 personas. Es decir, aumenta la cantidad de personas que encadenan más de un contrato en el mes porque su duración es inferior a los 30 días.
Hay asalariados que incluso tienen varios contratos indefinidos en vigor a la vez, y si antes se firmaban una media de unos 150.000 contratos indefinidos por mes y el número de empleados que firmaba más de un contrato en ese periodo era de entre 1.500 y 2.000 (un 1%), ahora de los 600.000 contratos indefinidos que se pueden firmar mensualmente, hay alrededor de 40.000 personas con más de uno al mes (un 6%).
Y sube la parcialidad. Otra conclusión que podemos extraer de los primeros datos tras la reforma es que se ha incrementado la segunda causa de pobreza en el empleo: la parcialidad. En el primer trimestre, casi la mitad de los nuevos trabajadores indefinidos tenían un contrato a tiempo parcial, una cifra que multiplica por ocho el número que se registraba en el mismo periodo de los años previos a la pandemia.






