«Francia marca un rumbo para España que el Gobierno de Sánchez no puede tomar, pues ha basado su continuidad en el aumento del gasto social»
El primer ministro francés FranÇois Bayrou anunció hace unos días un presupuesto francés para 2026, de carácter restrictivo, con la finalidad de reducir el insoportable déficit público del país galo en torno a más de 43.000 millones de euros. Las críticas, así como su rechazo, no han hecho más que empezar. Francia como casi todos los grandes países miembros de la UE, entre ellos el nuestro, tiene graves desequilibrios presupuestarios. F. Bayrou ha manifestado que el sobreendeudamiento de Francia es una maldición. Seguramente casi todos lo comparten, pero nadie quiere dejar de comportarse como si la ‘grandeur de la France’ fuese eterna.
Junto a Francia, Italia y España presentan grandes desequilibrios de sus finanzas públicas, aunque el crecimiento español de los últimos ejercicios (fundado en el cebamiento de la demanda interna, turismo e inversión en empleo público y otros bienes, apoyado en los fondos Next Generation) dan la imagen de un país que crece cuando la Europa comunitaria decrece.
Esperemos que no sea un espejismo, dado los males estructurales de la Economía española que no terminan de corregirse desde hace décadas. Toda la UE va a tener que apretarse el cinturón si el aumento del gasto militar, acertado o no es otra cosa, se impone. De momento, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, ha anunciado un recorte del gasto en la PAC en torno al 20%.
Francia ha quemado ya dos primeros ministros (Attal y Barnier) y no sabemos qué ocurrirá con Bayrou, aunque su futuro no parece muy halagüeño. En las medidas de contención del déficit presupuestario francés, se conjugan medidas de control del gasto con otras como la creación de la Tasa Zucman (impuesto mínimo global del 2% sobre la riqueza de los multimillonarios) o la reversión o reducción de días feriados. No se quiere subir la presión fiscal ya muy elevada, y no sabemos qué otras contrapartidas podrá esgrimir Macron o su primer ministro.
Es cierto que Francia cuenta con el instrumento de la Constitución gaullista de 1958, de utilizar el artículo 49 de su Constitución que permite comprometer la responsabilidad del Gobierno a la aprobación presupuestaria. El anterior primer ministro Michel Barnier lo intentó y cayó.
Con todo, Francia marca un rumbo para España que el Gobierno de Sánchez no puede tomar, pues ha basado su continuidad en el aumento del gasto social, lo que a la larga, creará un problema político, cuando haya antes que tarde de reducir algunas de las dádivas actuales, máxime si el Estado reduce sus ingresos por la financiación autonómica, en especial de Cataluña.
Cuál será el futuro de la UE y de su economía tras la política arancelaria de Trump y la pujanza del mercado chino,está por ver. Pero seguramente siguiendo el sabio refranero castellano, «cuando veas las barbas de tu vecino pelar, pon las tuyas a remojar». Esperemos que si en España hay una alternativa al gobierno de Sánchez sea capaz de encauzar un gran pacto económico-social que permita salir al país adelante sin grandes desperfectos y desafecciones. Esperemos al otoño para ver cómo termina la propuesta de Macron-Bayrou, de reducción del déficit.
Fuente: El presupuesto francés y la reducción del déficit público



