EL CUIDADO DE LOS MÁS VULNERABLE ES LO QUE NOS HACE HUMANOS Y LA CLAVE DEL ÉXITO COMO ESPECIE

La capacidad para tolerar y comprender nuestras diferencias son una fortaleza y no una debilidad: “Lo que nos caracteriza como especie es nuestra fe ciega en que el otro nos va a respetar”

 

La paleoantropóloga María Martinón-Torres, directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), lleva años estudiando sobre la esencia del comportamiento humano, esas improntas pasadas que nos han llevado hasta lo que somos ahora. A pesar de la violencia, de las guerras, del mal causado, la experta lo tiene claro: “Lo que nos caracteriza como especie es nuestra fe ciega en que el otro nos va a respetar y tolerar”.

 

La doctora incide en que lo que hoy consideramos como debilidades, desde un punto de vista evolutivo pueden no serlo: “Es una paradoja que muchas veces tenemos la idea de que una enfermedad es un fracaso, pero lo que vemos son los intentos del cuerpo por responder ante una amenaza”. Homo sapiens es una especie que “no deja atrás a los suyos”, aunque sean dependientes, y que está donde está gracias a los que vinieron antes: “Para nuestra especie, que basa su supervivencia en el conocimiento y en la anticipación de los problemas, tener la posibilidad de coexistir con nuestros abuelos y bisabuelos es un lujo”.

Somos una especie que se caracteriza por estar hecha de seres dependientes desde muy pronto hasta muy tarde, y lo que nos da, sobre todo, es fortaleza. Hay que recordar que lo que como especie nos caracteriza es el carácter prosocial, nuestra preocupación y nuestra inversión diaria de esfuerzo hacia el otro. En nuestro sistema social, la manera en la que funcionamos siempre es descansando en el otro.

 

Esa fe, en muchos casos ciega, en que el otro, como tú, te va a respetar y tolerar es lo que nos caracteriza, tanto en el día a día como en la organización de la sociedad, creando instituciones para el cuidado. No hay especie que invierta más esfuerzos de tiempo, económicos y emocionales en el cuidado que la nuestra. Eso es lo que también nos permite ser una especie de individuos imperfectos, en la idea de que es aceptable –y además, a veces enriquecedor– que cada uno de nosotros seamos diferentes. Podemos permitirnos ser más vulnerables o menos fuertes en sentido físico, ya que el cuidado de los demás va a compensar esa debilidad. Esa necesidad del cuidado que hemos tenido como especie para salir adelante es el motor de lo que somos a día de hoy. Es esa necesidad por la que vivimos muchos más años que cualquier otra especie de primate. Hemos nacido para cuidar en todas las edades, incluso a aquellos que ni siquiera tienen con nosotros un parentesco familiar.

 

Para nuestra especie, que basa su supervivencia en el conocimiento y en la anticipación de los problemas, tener la posibilidad de coexistir con gente de una tercera edad o más, con nuestros abuelos y bisabuelos, es un lujo.

 

Somos una especie que vive bajo la sombra del ciprés sabiendo que se va a morir y por lo que dedica más recursos a retrasar ese momento, no solo en temas de cuidado, también espiritual. La manera de combatir esa angustia vital es hacer cosas que puedan permanecer o que nos puedan sobrevivir, a través de obras de arte, por ejemplo. Saber que el mundo seguirá cuando nosotros no estemos y dedicarle tiempo a ese mundo es algo singular del ser humano. Somos una especie que no deja a los muertos atrás. Todos arrastramos muertos con nosotros y los mantenemos vivos, a través de los recuerdos, la morriña, los funerales, los aniversarios. Las personas que se mueren no dejan de ser alguien, incluso hay más respeto a veces por los muertos que por los vivos. El miedo a la pérdida y el dolor nos condiciona desde hace muchísimo tiempo, y cuando se hace algo que va más allá de lo práctico, hay un sentimiento de trascendencia

 

Desde el punto de vista evolutivo, el pesimismo es un fracaso. La capacidad de ver lo que hay y lo que sucede, el miedo, la preocupación medida, es el punto fuerte, el no ver salida o solución, eso sí es un fracaso evolutivo porque además nos ciega y no nos deja ver. Tenemos que empezar a dejar los mensajes catastrofistas. Un aspecto positivo es pensar en el mérito que tiene que una especie dedique esfuerzos en intentar corregir problemas que ella no verá. Hay que darle un voto de confianza a Homo Sapiens.

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