EL CRECIMIENTO DE LA ECONOMÍA ESPAÑOLA, EN MANOS DE LOS TRABAJADORES EXTRANJEROS: OCUPAN EL 70% DE LOS NUEVOS EMPLEOS

El crecimiento basado en el empleo extranjero impulsa el PIB, pero frena la convergencia en productividad con Europa

España se ha posicionado en los últimos años como una de las economías desarrolladas que encabezan el crecimiento económico. En 2025, dentro de la Unión Europea, se ha consolidado como la economía que más ha crecido. Según los datos del INE de la semana pasada, cerró el año con un avance del PIB del 2,8%, tan solo superado por el PIB polaco, que lo hizo un 3,6%. No obstante, según advirtió el Banco Central Europeo (BCE), la mejora económica se ha debido fundamentalmente al impacto del incremento de la población en edad de trabajar y de la tasa de empleo de los extranjeros.

En concreto, «de los 2,3 millones de empleos netos creados entre 2018 y 2024,el 67,3% han sido ocupados por personas de origen migrante«, apuntan desde el Consejo Económico y Social (CES) en su último informe: La realidad migratoria en España. Sin embargo, este protagonismo en la creación de empleo no se traduce en una mejora equivalente de las condiciones laborales, lo que plantea dudas sobre la calidad del crecimiento y la competitividad de la economía española.

Desde el CES toman de referencia la última Encuesta de Estructura Salarial (EAES) disponible, correspondiente al año 2023 y, señalan que «en cuanto a la distribución de los asalariados extranjeros por ocupaciones, se constata que el 80% están en ocupaciones con salarios inferiores a la media» —ubicada en los 28.050 euros anuales—, mientras que entre los ocupados españoles, esta cifra se reduce hasta el 60%.

Un desequilibrio que se explica porque los extranjeros «se concentran mayoritariamente en las ocupaciones con menores requisitos de cualificación o especialización, como las relacionadas con servicios de restauración, personales o comerciales o las elementales, caracterizadas por tareas sencillas y rutinarias con un elevado componente manual y escasa autonomía (…), que alcanzan conjuntamente dos tercios del total», añaden.

 

Camareros, albañiles o mecánicos: los 1,3 millones de empleos en sectores clave que quedarían desiertos sin los inmigrantes

Brecha por nacionalidad

En este sentido, otro aspecto relevante del informe del CES es el análisis detallado que hacen sobre los cambios distributivos que se han producido por ramas de actividad desde 2018 y hasta 2024 entre trabajadores españoles y extranjeros, mostrando cómo los inmigrantes ocupan las vacantes de los autóctonos.

Entre las diez actividades donde más empleo se ha creado en este periodo destacan: la sanidad, la educación, la programación e informática, la construcción, la jardinería, el transporte, la arquitectura e ingeniería, los servicios sociales sin alojamiento y la asistencia en establecimientos residenciales. En total, estas actividades representan el 59% del empleo creado total. No obstante, al analizar la composición nacional del empleo, se observa un patrón desigual.

 

Los trabajadores extranjeros se concentran especialmente en ramas como la construcción de edificios, donde el empleo creció en casi 113.000 ocupados extranjeros frente a apenas 2.700 españoles, o en jardinería, con 84.000 nuevos empleados foráneos frente a 20.000 autóctonos. Por el contrario, en actividades de mayor cualificación se produce el efecto inverso: en educación —que, junto a la sanidad, se asocia «al sector público y, por tanto, con barreras adicionales de acceso para las personas trabajadoras extranjeras», explica el CES— el incremento fue de 172.000 trabajadores nuevos españoles frente a menos de 40.000 extranjeros, y en arquitectura e ingeniería, de 80.000 frente a 17.000.

 

El peso de los extranjeros en la construcción se duplica desde 2013 y ya son uno de cada cuatro trabajadores

Este comportamiento también se replica en las cinco actividades que más han destruido empleo: agricultura, ganadería y caza; trabajo doméstico, fabricación de vehículos, metalurgia y confección de prendas de vestir. En estos sectores, la caída del empleo entre los trabajadores españoles ha sido más acusada, mientras que la ocupación extranjera ha amortiguado el descenso. Es el caso de la agricultura, la rama con mayor pérdida de empleo, donde los ocupados españoles se redujeron en 75.000 trabajadores, frente a un aumento de 17.500 extranjeros. Una dinámica que se reproduce en las otras actividades, lo que refleja que la mano de obra extranjera ocupa las vacantes de los autóctonos.

 

Más empleo, pero sin mejora en la productividad: los límites del modelo

Pero como en todo, hay luces y sombras. Si bien, en el plano económico, la población inmigrante es fundamental para cubrir los puestos vacantes, también es cierto que su aportación al crecimiento del PIB per cápita —que representa la riqueza promedio generada por habitante— se sustenta principalmente en el aumento del empleo y no en mejoras de productividad.

 

Según el CES, entre 2022 y 2024, el avance del PIB per cápita total en un 2,9% se explica «en más de la mitad por el incremento de la tasa de empleo y una cuarta parte por el crecimiento de la productividad por hora». Sin embargo, al analizar solo la contribución de la población extranjera, en este caso, la mejora «se explica en más de un 70% por el incremento de la tasa de empleo, seguido por el factor demográfico y el factor de jornada, mientras que la evolución de la productividad tiene una contribución negativa, como reflejo de la menor productividad agregada de la población extranjera que suele ocupar en mayor medida puestos de trabajo en ramas de actividad donde la productividad es inferior a la media».

 

De esta forma, el patrón de crecimiento económico de España, basado en el empleo en vez de la productividad, hace que se siga manteniendo «una brecha importante respecto a otras economías europeas (en lo referente al PIB per cápita), que responde, principalmente, a la menor productividad en España«, señalan desde el CES. Y concluyen que «a esta realidad, estaría contribuyendo el que una parte sustancial del crecimiento se basa en actividades intensivas en mano de obra en las que se concentra mayoritariamente el trabajo aportado por los flujos migratorios».

 

Es decir, el modelo de crecimiento apoyado en la creación de empleo —y en particular en el empleo extranjero— refuerza el dinamismo a corto plazo, pero con una menor capacidad para generar mejoras sostenidas de productividad y competitividad frente a otras economías europeas. Y explica por qué los buenos datos macroeconómicos no se trasladan al día a día de los ciudadanos.

 

España crece, pero la riqueza se reparte entre más: la renta media avanza la mitad que el PIBEspaña crece y produce más, pero esa mejora se reparte entre un número cada vez mayor de habitantes. Si se […]

 

El crecimiento de la economía española, en manos de los trabajadores extranjeros

 

El crecimiento basado en el empleo extranjero impulsa el PIB, pero frena la convergencia en productividad con Europa

 

España se ha posicionado en los últimos años como una de las economías desarrolladas que encabezan el crecimiento económico. En 2025, dentro de la Unión Europea, se ha consolidado como la economía que más ha crecido. Según los datos del INE de la semana pasada, cerró el año con un avance del PIB del 2,8%, tan solo superado por el PIB polaco, que lo hizo un 3,6%. No obstante, según advirtió el Banco Central Europeo (BCE), la mejora económica se ha debido fundamentalmente al impacto del incremento de la población en edad de trabajar y de la tasa de empleo de los extranjeros.

 

En concreto, «de los 2,3 millones de empleos netos creados entre 2018 y 2024,el 67,3% han sido ocupados por personas de origen migrante«, apuntan desde el Consejo Económico y Social (CES) en su último informe: La realidad migratoria en España. Sin embargo, este protagonismo en la creación de empleo no se traduce en una mejora equivalente de las condiciones laborales, lo que plantea dudas sobre la calidad del crecimiento y la competitividad de la economía española.

 

Desde el CES toman de referencia la última Encuesta de Estructura Salarial (EAES) disponible, correspondiente al año 2023 y, señalan que «en cuanto a la distribución de los asalariados extranjeros por ocupaciones, se constata que el 80% están en ocupaciones con salarios inferiores a la media» —ubicada en los 28.050 euros anuales—, mientras que entre los ocupados españoles, esta cifra se reduce hasta el 60%.

 

Un desequilibrio que se explica porque los extranjeros «se concentran mayoritariamente en las ocupaciones con menores requisitos de cualificación o especialización, como las relacionadas con servicios de restauración, personales o comerciales o las elementales, caracterizadas por tareas sencillas y rutinarias con un elevado componente manual y escasa autonomía (…), que alcanzan conjuntamente dos tercios del total», añaden.

Camareros, albañiles o mecánicos: los 1,3 millones de empleos en sectores clave que quedarían desiertos sin los inmigrantes

 

Brecha por nacionalidad

En este sentido, otro aspecto relevante del informe del CES es el análisis detallado que hacen sobre los cambios distributivos que se han producido por ramas de actividad desde 2018 y hasta 2024 entre trabajadores españoles y extranjeros, mostrando cómo los inmigrantes ocupan las vacantes de los autóctonos.

 

Entre las diez actividades donde más empleo se ha creado en este periodo destacan: la sanidad, la educación, la programación e informática, la construcción, la jardinería, el transporte, la arquitectura e ingeniería, los servicios sociales sin alojamiento y la asistencia en establecimientos residenciales. En total, estas actividades representan el 59% del empleo creado total. No obstante, al analizar la composición nacional del empleo, se observa un patrón desigual.

 

Los trabajadores extranjeros se concentran especialmente en ramas como la construcción de edificios, donde el empleo creció en casi 113.000 ocupados extranjeros frente a apenas 2.700 españoles, o en jardinería, con 84.000 nuevos empleados foráneos frente a 20.000 autóctonos. Por el contrario, en actividades de mayor cualificación se produce el efecto inverso: en educación —que, junto a la sanidad, se asocia «al sector público y, por tanto, con barreras adicionales de acceso para las personas trabajadoras extranjeras», explica el CES— el incremento fue de 172.000 trabajadores nuevos españoles frente a menos de 40.000 extranjeros, y en arquitectura e ingeniería, de 80.000 frente a 17.000.

 

El peso de los extranjeros en la construcción se duplica desde 2013 y ya son uno de cada cuatro trabajadores

Este comportamiento también se replica en las cinco actividades que más han destruido empleo: agricultura, ganadería y caza; trabajo doméstico, fabricación de vehículos, metalurgia y confección de prendas de vestir. En estos sectores, la caída del empleo entre los trabajadores españoles ha sido más acusada, mientras que la ocupación extranjera ha amortiguado el descenso. Es el caso de la agricultura, la rama con mayor pérdida de empleo, donde los ocupados españoles se redujeron en 75.000 trabajadores, frente a un aumento de 17.500 extranjeros. Una dinámica que se reproduce en las otras actividades, lo que refleja que la mano de obra extranjera ocupa las vacantes de los autóctonos.

 

Más empleo, pero sin mejora en la productividad: los límites del modelo

Pero como en todo, hay luces y sombras. Si bien, en el plano económico, la población inmigrante es fundamental para cubrir los puestos vacantes, también es cierto que su aportación al crecimiento del PIB per cápita —que representa la riqueza promedio generada por habitante— se sustenta principalmente en el aumento del empleo y no en mejoras de productividad.

 

Según el CES, entre 2022 y 2024, el avance del PIB per cápita total en un 2,9% se explica «en más de la mitad por el incremento de la tasa de empleo y una cuarta parte por el crecimiento de la productividad por hora». Sin embargo, al analizar solo la contribución de la población extranjera, en este caso, la mejora «se explica en más de un 70% por el incremento de la tasa de empleo, seguido por el factor demográfico y el factor de jornada, mientras que la evolución de la productividad tiene una contribución negativa, como reflejo de la menor productividad agregada de la población extranjera que suele ocupar en mayor medida puestos de trabajo en ramas de actividad donde la productividad es inferior a la media».

 

De esta forma, el patrón de crecimiento económico de España, basado en el empleo en vez de la productividad, hace que se siga manteniendo «una brecha importante respecto a otras economías europeas (en lo referente al PIB per cápita), que responde, principalmente, a la menor productividad en España«, señalan desde el CES. Y concluyen que «a esta realidad, estaría contribuyendo el que una parte sustancial del crecimiento se basa en actividades intensivas en mano de obra en las que se concentra mayoritariamente el trabajo aportado por los flujos migratorios».

 

Es decir, el modelo de crecimiento apoyado en la creación de empleo —y en particular en el empleo extranjero— refuerza el dinamismo a corto plazo, pero con una menor capacidad para generar mejoras sostenidas de productividad y competitividad frente a otras economías europeas. Y explica por qué los buenos datos macroeconómicos no se trasladan al día a día de los ciudadanos.

 

Fuente: El crecimiento de la economía española, en manos de los trabajadores extranjeros

 

ESPAÑA CRECE, PERO LA RIQUEZA SE REPARTE ENTRE MÁS: LA RENTA MEDIA AVANZA LA MITAD QUE EL PIB

Descontada la inflación, el PIB español ha crecido un 7,9% desde 2019 y el PIB per cápita un 3,4%

España crece y produce más, pero esa mejora se reparte entre un número cada vez mayor de habitantes. Si se descuenta el efecto de la inflación, el PIB (Producto Interior Bruto) real ha avanzado un 7,9% desde 2019, mientras que el PIB per cápita —la riqueza media por persona— lo ha hecho un 3,4%. La economista senior de Funcas (Fundación de las Cajas de Ahorros), María Jesús Fernández, lo resume así: «El PIB aumenta porque hay más gente produciendo, no porque cada trabajador produzca más».

Ese «más gente» tiene traducción demográfica. Desde 2019, España ha incorporado más de dos millones de extranjeros (2.009.646) hasta el cierre de 2024, según los datos del INE (Instituto Nacional de Estadísticas). Un aumento que ha impulsado sectores como el turismo o la construcción, contribuyendo al aumento del PIB, pero también a que ese crecimiento se haya tenido que distribuir entre una población más amplia.

 

¿Por qué los ciudadanos no perciben la mejora?

Las últimas previsiones del FMI (Fondo Monetario Interacional) sitúan a España como la economía avanzaba que más crecerá en 2025. Tras la salida de la pandemia, el país ha logrado mantener un ritmo de crecimiento muy superior al de la media europea, impulsado por la fortaleza del empleo y la recuperación del consumo. Sin embargo, los ciudadanos no parecen percibir esa mejora. Según la encuesta de Funcas, más de la mitad de los españoles —el 55 %— considera que la situación económica del país es peor que antes de la pandemia.

 

Banco de España: el 76% de los trabajos creados desde 2019 han sido ocupados por nacidos en el extranjero

 

Pese a esa desconexión entre los datos y la percepción ciudadana, los organismos internacionales mantienen una lectura positiva del caso español, aunque con su propio diagnóstico sobre qué está detrás de esta mejora. Según señaló a finales de agosto la presidenta del BCE (Banco Central Europeo), Christine Lagarde: «El sólido desempeño del PIB de España tras la pandemia, que ha contribuido a sostener el agregado de la zona euro, se debe en gran medida a la contribución de la mano de obra extranjera».

 

Por eso, conviene distinguir entre PIB y PIB per cápita. El primero mide el valor total de lo que produce un país y el segundo, cuánto corresponde de media a cada habitante. Y ahí se encuentra la diferencia clave. Desde 2019, el PIB español ha crecido un 27,1%, al pasar de 1,25 a 1,59 billones de euros en 2024. Por su lado, el PIB per cápita —la riqueza media por habitante— ha aumentado un 22,6%, desde los 26.625 euros por habitante en 2019 hasta los 32.633.

 

Pero, ¿y la inflación?

Ahora bien, estas cifras están expresadas en precios corrientes, es decir, no se descuenta el efecto de la inflación. Para conocer cuánto ha mejorado realmente la economía en términos de poder adquisitivo, los economistas utilizan el deflactor del PIB, un indicador que descuenta el aumento de los precios y permite medir el crecimiento real.

Pues bien, según los datos de Contabilidad Nacional del INE, el deflactor del PIB ha acumulado un alza del 19,2% desde 2019. Si se elimina este efecto distorsionador, el crecimiento real del PIB se reduce a un 7,9%, y el del PIB per cápita a un 3,4%. Es decir, la economía española produce actualmente más que antes de la pandemia, pero el avance de la riqueza por persona es menos de la mitad del registrado por el PIB total.

 

Empleo, productividad e inversión

En definitiva, el dinamismo de los últimos años ha sido posible gracias al aumento de la población activa, especialmente de origen extranjero, que ha permitido sostener el empleo y atender la demanda en sectores con escasez de mano de obra. Pero para que este avance se traduzca en una mejora que perciban todos los ciudadanos, no basta con sumar más trabajadores al mercado laboral. De acuerdo con la economista senior de Funcas, María Jesús Fernández, el PIB solo puede crecer de forma sostenida a través de tres vías: más población, más inversión y mayor productividad.

 

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En este sentido, durante el último lustro, la inversión ha mostrado un comportamiento desigual. La inversión pública ha repuntado con fuerza —en parte gracias a los fondos europeos—, pero la privada, tanto la de las empresas como la de los hogares, se ha mantenido por debajo de los niveles de 2019. Algo parecido ocurre con la productividad, que apenas ha mejorado por hora trabajada y la productividad media por trabajador, incluso, ha caído por debajo de sus niveles prepandemia.

 

Fernández lo sintetiza así: «El crecimiento reciente ha sido muy intensivo en empleo, pero no en eficiencia». En su opinión, una economía que aspire a mantener su dinamismo y que este sea percibido por su población no puede depender únicamente del empleo. Además de la incorporación de más trabajadores, necesita fortalecer la inversión y ganar productividad, los otros dos pilares sobre los que se sostiene un crecimiento duradero.

 

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Fuente: España crece, pero la riqueza se reparte entre más

 

 

 

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