EL 45º ANIVERSARIO DE LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA UNA CELEBRACIÓN AGRIDULCE

Cuando tu presidente entrega la soberanía española para seguir en el poder

 

¡ LA TRANSICIÓN TIENE LA CULPA !

El empeño de algunos en desacreditar la Transición está calando en la sociedad. Incluso hay quien habla despectivamente del «régimen de la Transición», en un intento de equiparar aquellos años con el Régimen, como se denominaba de manera aséptica a la dictadura franquista. No es más que un intento mezquino e injusto de demonizar la Transición, atribuyéndole nuestras desgracias actuales, retratándola como un proceso retrógrado, cuando en realidad nos catapultó a la modernidad, política y culturalmente.

 

Muchos de los que vivimos la Transición pensamos que «o que debemos cuestionar son las cosas que estamos haciendo mal nosotros ahora, sin echar la culpa constantemente a la Transición. ¿Cómo olvidar aquellos años en que se tomaba nuestra Transición como ejemplo para otros procesos de democratización? ¿Hay cuentas pendientes que saldar aún? Tanto responsabilizar a generaciones previas, como el proceso inverso en el que los mayores critican a los jóvenes, simplifica realidades complejas. La discusión sobre la cultura de la Transición parece un debate futbolero con una dinámica polarizadora que no lleva a nada, no produce conocimiento. Ahora se imponen los presupuestos populistas que se apropian de la palabra libertad.

 

La Transición tuvo luces y sombras. Pero entre denigrarla e idealizarla, hay un enorme trecho. Los que la vivimos no podemos olvidar, y menos aún menospreciar aquel tiempo en que España estaba de moda en el mundo. También es cierto que se recuerda y documenta la Transición como una época modélica y pacífica, repleta de figuras que velaron en pro de las libertades de los ciudadanos españoles tras un régimen opresor y dictatorial. Pensar en la Transición es pensar en democracia, en consenso, diálogo, pactos, Constitución y derechos. Sin embargo hay que desmitificar esa visión pues está también repleta de mentiras, conspiraciones, corrupción y crímenes. Durante la Transición hubo una guerra sucia tremenda y este periodo no fue pacífico porque hubo alrededor de 1.000 muertes violentas por motivos políticos, hubo terrorismo de Estado demostrado, mafias policiales, represión, manipulación informativa e impunidad judicial de la ultraderecha, a lo que hay que sumar el azote terrorista de ETA .

 

El famoso consenso con el que se describe a la Transición se alcanzó bajo el paraguas del miedo, a través de la extorsión y la amenaza golpista pues no solo se produjo el 23-F, sino que hubo unas 7 intentonas golpistas. Hay quien defiende que en aquellos años “se cambió todo para no cambiar nada”, pues las viejas estructuras del régimen se adaptaron al nuevo panorama democrático. “

 

Cualquier otro país, sin el complejo de inferioridad y el masoquismo que nos atenaza a los españoles, se sentiría orgulloso de sus logros. De hecho, no nos vendría mal un poco de aquel «espíritu de la Transición», en lo político y en lo cultural, en estos tiempos turbulentos. Todas las generaciones tienden a responsabilizar de sus males a la generación anterior. Parece ley de vida. Lo que sí está claro es que deberíamos centrarnos en lo que estamos haciendo mal ahora y dejar de escudarnos en la herencia de la Transición.

 

La Transición tiene como hija predilecta la aprobación en referéndum de la Constitución Española que ahora parece ser está en serio peligro de ser violada por intereses corto placistas para mantenerse en el poder de algunos “los que guían a los ciegos”

 

¡ TODOS CONTRA LA CONSTITUCIÓN !

Los amigos de Sánchez han conseguido que el debate principal sea si la Constitución ha caducado, lo hacen a través de las palabras y de los hechos. La triste consecuencia es que si es constitucional todo aquello que Sánchez necesite para gobernar, aunque no se ajuste a la ley y haya que deslegitimar al poder judicial, es que la Constitución no existe como concepto.

 

Recordemos que dicho texto es instrumental, no un libro sagrado, y que admite su reforma o vivir contra ella. El PSOE podría haberse presentado a las elecciones del 23-J con la promesa de violar la Constitución, o con una propuesta de reforma constitucional para asentar su gobierno en la colonización del Estado. De esta manera los ciudadanos hubieran sabido a qué atenerse. Pero no hizo ni una cosa ni otra. Sánchez decidió proseguir el debilitamiento del sistema constitucional a medida que las exigencias nacionalistas han ido llegando a Moncloa.

 

Sánchez cree que puede ir violando la Constitución porque al final los españoles acaban tragando y ha tenido el cinismo de decirlo en una entrevista. Lo dijo con el descaro del que se sabe impune y ve impotente a la oposición. Así pasó con los indultos, una solución de la que ahora disfrutamos todos porque, como ha declarado ahora Cataluña y España viven más tranquilas. Se puede mentir más, pero tampoco hay más tiempo.

 

El presidente es hoy el primer enemigo de la Constitución. No quiere más que acumular poder para gobernar a su antojo. El presidente mantiene la fachada del edificio mientras por dentro está demoliendo paredes y escaleras. Cuando ya solo queden las vigas la casa será inhabitable. La demolición no se está haciendo a escondidas. La reunión en Ginebra con los golpistas prófugos de 2017 significa que las instituciones constitucionales no sirven para resolver problemas. El presidente es hoy el primer enemigo de la Constitución y no quiere más que acumular poder para gobernar a su antojo.

 

A los españoles empieza a importarles poco la Constitución que comienza a ser como la sardina del entierro, ya que el número de actos indignantes contra el texto son numerosos. El 45º aniversario de la Constitución no es en esta ocasión un cumpleaños más. Las negociaciones a hurtadillas para aprobar la ley de amnistía, exigida como moneda de cambio para la investidura de Pedro Sánchez, ha convertido no solo esta efeméride en un tablero donde se dirimen las fuerzas entre el PSOE y sus socios y la oposición, sino también en una especie de bisturí con el que unos pretenden diseminar sin anestesia la salud de la Carta Magna y otros tratan de suturar las invectivas que debilitan sus principios básicos.

 

Toda Constitución se puede reformar o sustituir, pero violarla y decir que ha sido por amor es muy feo. Si el Gobierno, PSOE, Sumar y otros grupos políticos creen que el texto de 1978 está en ruinas, al menos sería deseable la transparencia y la sinceridad. Lo indigno es que no lo digan porque todavía la Constitución es útil a sus intereses particulares para ir avanzando hacia una ruptura que les beneficie, pues si hoy se abriera un proceso constituyente basado en la nación soberana, no en particularismos arcaicos no están tan convencidos de que la partida quedara a su favor. Y a estos no les interesa la libertad ni la democracia, solo estar en el poder.

 

La tarta de este aniversario tiene, por tanto, un cierto sabor agridulce pues lo que ahora se pretende para ajustar el traje a medida que exige Junts era hasta el pasado 23 de julio inconstitucional incluso para el partido mayoritario que sustenta al nuevo Gobierno. La aritmética parlamentaria y, sobre todo, el objetivo supremo de seguir en La Moncloa ha cambiado drásticamente el juego, pero no así las reglas que lo arbitran. Al menos por ahora.

 

La Ley Fundamental ha demostrado en estos 45 años de vida que caben todas las opiniones y diferencias, una prueba más de la fortaleza que ha permitido el mayor desarrollo social y económico de España a lo largo de su historia. Incluso ha corroborado que es posible asumir cambios en su articulado, como así lo atestiguan los aprobados en los años 1992 y 2011. Por eso, el error de base al que nos enfrentamos es querer reformar la casa de todos sin tener en cuenta la opinión de la gran mayoría.

 

Cierto es también que las reformas constitucionales en España son rígidas y complejas y que precisan de la aprobación de tres quintas partes de las dos Cámaras. Pero todo puede plantearse mientras no se impongan metamorfosis a calzador y con dudoso proceder.

 

Lo peor es que la tarta la vamos a pagar a escote entre todos para que el mayor trozo se lo coman solo unos pocos que, además, no se sienten amparados por la Constitución. Y así resultará imposible evitar la indigestión.

 

1 comentario en «EL 45º ANIVERSARIO DE LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA UNA CELEBRACIÓN AGRIDULCE»

  1. La celebración del 45 aniversario de la Constitución Española se produce en un ambiente de fuerte crispación política, lo que tampoco es noticia pues llevamos tantos años metidos en la exageración y la hipérbole que tantas veces nos anuncian el fin de nuestro régimen constitucional e incluso de nuestro Estado. Acabaremos creyendo esa frase falsamente atribuida a Bismark sobre que España es el país más fuerte del mundo, dado que los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido.

    En realidad, nuestro Estado sí es fuerte, y nuestra Constitución también. No fuerte como el rígido roble que se rompe ante una borrasca, sino como la flexible caña de bambú .

    ¿Afecta a la separación de poderes la proyectada Ley Orgánica de Amnistía? Lo cierto es que al poder legislativo le corresponde aprobar las leyes y a los tribunales aplicarlas. El legislativo legisla, y el poder judicial aplica, pero el legislativo no aplica, y el poder judicial no legisla y la Ley de Amnistía no cambia eso. Sí afectaría, por ejemplo, que el Congreso en comisiones de investigación llamara a declarar a jueces para preguntarles porque tomaron tal o tal otra decisión. Eso sí sería una injerencia de un poder sobre otro, y la vulneración de la independencia judicial, que no es una garantía del juez sino del sistema. Pero eso es otra cuestión diferente.

    El año que viene celebraremos el 46 aniversario de la Constitución. que seguirá ahí, rigiendo en silencio y aplicada por jueces y funcionarios públicos.

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