La propuesta contempla aportaciones a un fondo del mercado de capitales
Se implementaría de forma gradual y equivaldrá al 2% del salario bruto
Supone un shock para unos ciudadanos poco acostumbrados a invertir
Los alemanes que despertaran de un sueño muy profundo no se lo creerían. Primero el Gobierno y después los legisladores estudiarán una nueva cotización obligatoria a las pensiones que destine al menos 30.000 millones de euros al año a un fondo del mercado de capitales, como parte de una amplia iniciativa para reforzar el sistema de pensiones del país. Este plan inspirado en el exitoso modelo que emplea Suecia desde hace años y que fue presentado de manera oficial este martes por una Comisión nombrada por el Ejecutivo supone todo un anatema para uno de los pueblos más temerosos y reacios a la inversión. Los ciudadanos alemanes se caracterizan por su apego a la seguridad y en el repaso patrimonial a la ciudadanía europea suelen destacar por su predilección por los depósitos y por el alquiler de vivienda. La reforma auspiciada por el Gobierno de Friedrich Merz rompe un precinto muy sensible.
Como ya se adelantó el pasado fin de semana tras una filtración a la prensa, el eje central de la treintena de propuestas lanzadas por la Comisión es la introducción de una cotización complementaria a las pensiones, que se implementaría de forma gradual y equivaldrá al 2% del salario bruto. Esta se canalizará hacia un fondo gestionado de forma centralizada y se invertirá en valores como acciones y bonos, basándose en el sistema adoptado por Suecia. Según la propuesta, se crearán cuentas de capital individuales como parte del plan. En última instancia, la afluencia de capital contribuirá a aumentar los niveles de las pensiones incluso en caso de una «grave crisis financiera y económica», como la crisis financiera mundial de 2007 y 2008, según el informe trasladado por la Comisión.
Tal y como explica Carsten Brzeski, analista jefe en ING y gran conocedor de los entresijos económicos alemanes, una parte de las cotizaciones, que se introduciría gradualmente desde el 0,5% del salario bruto hasta el 2% y se repartiría a partes iguales entre el empresario y el trabajador, se invertiría en los mercados de capitales a través de un fondo estatal y se abonaría de forma individual. «El objetivo es utilizar la rentabilidad del mercado para elevar modestamente el nivel de las pensiones por encima de lo que permitiría la actual fórmula de reparto por sí sola», sintetiza. «Dado que, al parecer, se esperan altos rendimientos, es probable que el dinero se invierta principalmente en acciones», aventura Ralph Solveen, economista de Commerzbank Research.
El ‘sobre naranja’ sueco
Este formato bebe de la buena fama del modelo sueco. El propio Merz, visto con recelo por algunos de sus conciudadanos al ser expresidente de la gestora de activos estadounidense BlackRock en Alemania, lo dijo abiertamente este martes: «Los escandinavos lo han hecho, nosotros también lo haremos».
El célebre ‘sobre naranja’ de Suecia es una comunicación anual que reciben todos los trabajadores y pensionistas en la que se resume de forma clara y personalizada toda la información relevante sobre su futura jubilación. En esa carta aparecen las cotizaciones acumuladas a lo largo de la vida laboral, el saldo de las cuentas individuales, la evolución de las inversiones realizadas en los fondos de pensiones y una estimación de la pensión que se percibirá en diferentes escenarios de edad de retiro. Su principal objetivo es ofrecer transparencia y permitir que cada ciudadano conozca con precisión cuál es su situación previsional.
Más allá de ser un simple documento informativo, el sobre naranja constituye una herramienta de planificación financiera. Al mostrar la relación entre las aportaciones realizadas y la prestación futura esperada, ayuda a los ciudadanos a tomar decisiones sobre ahorro, jubilación y consumo a largo plazo. El sistema sueco se apoya en la idea de que cada persona debe disponer de información suficiente para anticipar sus ingresos futuros y complementar, si lo considera necesario, los recursos que recibirá durante la jubilación.
El ‘sobre naranja’ también refleja la filosofía general del sistema sueco de pensiones que está basado en la transparencia, responsabilidad individual y adaptación a la realidad económica y demográfica (algo que otros países parece que no quieren asumir). La información que contiene permite entender cómo evolucionan las cuentas nocionales, las aportaciones a los planes ocupacionales y los fondos de capitalización individual, además de ofrecer una previsión actualizada de la pensión futura. Gracias a esta comunicación periódica, los ciudadanos pueden seguir año tras año la evolución de sus derechos de jubilación y ajustar sus planes financieros con suficiente antelación.
Berlín tenía que hacer algo
Pese a la pila de análisis advirtiendo sobre los problemas de sostenibilidad en las pensiones de muchos países europeos, abrir este ‘melón’ siempre es impopular para los políticos. Sin embargo, la Gran Coalición alemana no ha tenido más remedio que hacerlo en vista de las malas perspectivas demográficas y el tensionamiento de las finanzas tras cinco años sin crecimiento y con un estímulo masivo en infraestructura y defensa por delante.
«No hacer nada no es una opción», declaró Merz a los periodistas el martes en Berlín. «Tenemos que actuar ahora». La coalición entre demócratacristianos y socialdemócratas se acerca a la fecha límite para presentar una reforma de los sistemas de seguro médico, del impuesto sobre la renta y de pensiones de Alemania antes del receso parlamentario que comienza el 10 de julio. Los líderes de ambas formaciones han señalado que las medidas destinadas a dotar al sistema de pensiones de una base financiera sólida serán probablemente las más polémicas. El bloque liderado por la CDU de Merz y el SPD se reunirá el 1 de julio para limar diferencias y alcanzar un acuerdo global sobre la agenda de reformas. La coalición se juega su credibilidad en un momento en el que la ultraderecha antieuropea de AfD les adelanta por mucho en las encuestas.
La propuesta de reforma contiene preceptos difíciles de aceptar para la familia socialdemócrata. Las medidas que pueden resultar especialmente difíciles de aceptar para los votantes del SPD son la eliminación de la opción de jubilarse tras 45 años de cotización y la proposición de aumentar la edad de jubilación en ocho meses por cada año que se prolongue la esperanza de vida media. La posibilidad de elevar la edad de jubilación hasta los 70 años, aunque también aventura polémica, no se produciría hasta la década de 2090.
Sin embargo, la receta de ampliar la edad es ya una vieja conocida en este tipo de reformas y, por una cuestión entre cultural y sociológica, la propuesta de hacer aportaciones a un fondo es la que está dejando un sabor más amargo. Como se anticipaba, esta medida sería una novedad para los alemanes, reacios al riesgo y amantes del efectivo, que se han mostrado más reticentes que sus homólogos europeos a invertir sus grandes ahorros en los mercados de capitales.
Aversión a la inversión
Stephan Kemper, estratega jefe de inversiones de BNP Paribas Wealth Management, cree que el plan envía «una señal muy importante» a la hora de abordar el cambio demográfico de Alemania y podría mejorar la imagen de los mercados de capitales ante un público que durante mucho tiempo los ha visto con escepticismo. «Hasta ahora, los alemanesson ahorradores, no inversores. Para muchos, los mercados de capitales siguen asociándose con características negativas, como la especulación», afirma a Bloomberg.
«En Alemania existe un fuerte deseo de protección estatal en prácticamente todos los ámbitos de la vida: derechos de los consumidores, despido laboral, derechos de los inquilinos y privacidad de datos. El Estado promete seguridad en muchas esferas cotidianas. Esta promesa de protección ha sido durante mucho tiempo una fuente de estabilidad y armonía social, pero cada vez más se está convirtiendo en un riesgo para la prosperidad del país«, reflexionaba no hace mucho en un comentario para clientes Karsten Junius, economista jefe en J. Safra Sarasin Sustainable AM.
Según los propios datos del Bundesbank, solo el 18% de los hogares alemanes tienen parte de su riqueza invertida en renta variable. No obstante, desde el banco central alemán destacan que este porcentaje se ha ido incrementando continuamente en los últimos 12 años. Aun así, el instituto monetario admite que «los activos financieros de mayor riesgo, como las acciones y los fondos de inversión, suelen estar en manos de hogares con mayores recursos. Por el contrario, los hogares con menos recursos mantienen principalmente saldos en cuentas de ahorro y otras formas de inversión de bajo riesgo. Sin embargo, la proporción de hogares que invierten en fondos o acciones ha ido en aumento durante los últimos años».
Acudiendo a otras economías desarrolladas, en el Reino Unido, el 23% de los hogares participa en el mercado de valores, y en Estados Unidos, la cifra asciende a un impresionante 61%. Pero, ¿por qué los alemanes (y probablemente muchos otros europeos) son tan reacios a invertir en acciones? Aunque existen numerosas encuestas a hogares que han abordado esta cuestión, un grupo de investigadores alemanes decidió profundizar en el tema.
El caso ha dado para muchos artículos, encuestas e investigaciones. Como casi siempre, la respuesta es multifactorial. Joachim Klement, economista y divulgador financiero, analizaba la cuestión hace ahora un año y concluía que el escaso interés de los alemanes por la bolsa no se debe únicamente al miedo al riesgo, sino también a una profunda falta de conocimiento práctico sobre cómo invertir. Aunque alrededor del 18% de los hogares alemanes posee acciones y el 20,6% participa en fondos de inversión, los datos son realmente bajos para una sociedad ‘acreedora’ (los alemanes tienen mucho ahorro).
También influye la ‘pereza’
La conclusión más sorprendente del estudio es que la ‘pereza’ también es un notable barrera para invertir en el país. Aproximadamente la mitad de los entrevistados afirmó que no invierte porque cree que crear y gestionar una cartera de acciones o fondos es demasiado caro, complejo y laborioso. Klement subraya que esta percepción está completamente desfasada en una época de ETFs de bajo coste y plataformas de inversión digitales. La diferencia clave entre quienes invierten y quienes no lo hacen es que los primeros suelen contar con familiares, amigos o asesores de confianza que les ayudan a superar esa barrera inicial. Por ello, el economista sostiene que la educación financiera debería centrarse menos en recomendar acciones concretas y más en explicar lo fácil que resulta empezar a invertir.
Otro de los hallazgos más llamativos es que tanto inversores como no inversores creen que basta con comprar entre una y cinco acciones y seguir su evolución semanalmente o incluso a diario. Para Klement, esta estrategia es un error grave, ya que implica carteras excesivamente concentradas y fomenta decisiones emocionales a corto plazo. Además, muchos entrevistados consideran que diversificar es complicado y costoso, sin plantearse siquiera la posibilidad de utilizar fondos de inversión o ETF, que permiten invertir en cientos de empresas de forma sencilla y barata.
A la espera de encontrar cierto apoyo en la centroizquierda y en su base de clase trabajadora, otros agentes sociales se han pronunciado sobre la reforma. La Cámara de Comercio e Industria Alemana ha calificado las propuestas de muy esperadas, acogiendo con satisfacción tanto el fondo como las restricciones, pero ha advertido de que el aumento del 2% en las cotizaciones -que deberán asumir, cabe recordar de nuevo, a partes iguales los empresarios y los trabajadores- elevará las cotizaciones sociales a más del 40% del salario bruto de media, lo que lastraría la competitividad de Alemania.
El sector financiero alemán también ha acogido en general con satisfacción el plan, afirmando que un fondo de mercado sería una vía crucial para financiar las pensiones. Los directivos bancarios, entre ellos el consejero delegado de Deutsche Bank, Christian Sewing, y la consejera delegada de Commerzbank, Bettina Orlopp, han reforzado los llamamientos para ampliar la cobertura de las pensiones a cargo de la empresa.


