CADA VEZ MÁS ALEMANES NO LLEGAN A FIN DE MES

Casi un 17 % de la población alemana vive en condiciones de pobreza.

La pobreza infantil ha alcanzado un récord, pero afecta también a jubilados.

Crece el número de trabajadores que recurre a prestación social

Más de 800.000 empleados tienen que tirar de un complemento salarial subsidiado

Los ‘minijobs’ marcan el paso en una economía que está estancada

 

La economía global está cambiando rápido y algunos de los países que durante años han dominado la escena internacional están empezando a languidecer. Un buen ejemplo de ello es Alemania, cuya economía lleva años estancada, con un PIB per cápita que incluso retrocede (los alemanes ‘viven’ peor cada año) y unos salarios que empiezan a ser insuficientes para una parte creciente de la población. Nadie duda de la capacidad de la sociedad alemana para salir adelante (parten de un lugar bueno, son una nación muy rica y todavía competitiva), pero durante este proceso de transición habrá perdedores. Las recientes grietas en el mercado laboral son prueba de ello y cada vez son más los que necesitan de algún tipo de ayuda para llegar a fin de mes.

 

 

El subsidio de complemento del salario

En 2024, unos 826.000 trabajadores dependían de una prestación ciudadana que ayuda a complementar los ingresos salariales cuando estos son insuficientes para vivir. Esta es conocida como Bürgergeld. El Bürgergeld, que se puede traducir como ‘dinero ciudadano’ al castellano, es un equivalente al Ingreso Mínimo Vital (IMV) español que se introdujo en Alemania el 1 de enero de 2023 como sustituto del Arbeitslosengeld II. Esta figura se creó en 2005 concebida como una prestación al desempleo para los parados de larga duración. Ahora, el Bürgergeld sacado adelante durante el gobierno tripartito del SPD con verdes y liberales, ya caído, se concede a personas en edad legal de trabajar cuyos ingresos no superan la cantidad considerada como mínima para poder satisfacer sus necesidades básicas. La prestación cubre gastos de alimentación, ropa, vivienda (incluyendo alquiler y calefacción), seguro médico y una rebaja en los gastos de transporte.

 

Este nuevo repunte en los perceptores con empleo es un claro síntoma de que algo se ha atascado en el tradicional motor de Europa, con un PIB que apenas se ha movido desde entonces. Los factores ha sido una China que ha pasado de excepcional cliente de Berlín a feroz competidor y la guerra de Ucrania . que ha dejado a Alemania sin uno de sus mayores tesoros: una ingente cantidad de gas que arribaba en tarifa plana a su intensiva en energía industria.

 

Esta suma de factores, aunada a problemas internos (mucha burocracia, conformismo de los grandes partidos, falta de inversión en infraestructuras, exceso de austeridad en algunos momentos, invierno demográfico) y shocks coyunturales han provocado una ‘crisis existencial’ en la industria, especialmente en la del automóvil, las constantes noticias de despidos en centenarias y punteras empresas alemanas han instalado a los ciudadanos en el desaliento. El consumo no resucita y los alemanes, con cada vez más apuros para salir adelante, destinan lo que pueden al ahorro. La reacción más humana ante la incertidumbre.

 

Mercado laboral

El deterioro del mercado laboral es unas de las grandes fotografías de este pesimista álbum. En junio, el desempleo en Alemania aumentó a los 2,97 millones. Es la cifra más alta en una década. Gran parte del crecimiento del empleo se produjo en empleos a tiempo parcial y con bajos salarios.

 

En Alemania, el año 2024 marcó una notable disminución en el total de horas de trabajo en comparación con el año anterior, el tiempo de trabajo total de todos los empleados se redujo un 0,1%, lo que ha suscitado un hondo debate público, con el nuevo canciller, el conservador Friedrich Merz, lamentando que los alemanes ‘trabajen poco’ y la patronal reclamando medidas como acabar con algunos festivos.

 

A pesar de la disminución en las horas trabajadas, el número de personas empleadas experimentó un ligero aumento, no obstante, los economistas explican que este crecimiento se atribuyó principalmente al aumento del empleo a tiempo parcial, que aumentó un 1,2%. Por el contrario, el número de trabajadores a tiempo completo disminuyó un 0,2%. La proporción de trabajadores a tiempo parcial se sitúa actualmente en el 39,5%, lo que refleja un aumento de 0,3 puntos porcentuales con respecto a 2023. Una tendencia significativa observada fue la disminución del número de trabajadores autónomos, que se redujo un 1,9%, hasta alcanzar los 3,77 millones. De fondo resuena el eco de esos minijobs (trabajos de menos horas) que tan buen propaganda tuvieron durante la era Merkel (se presumía de pleno empleo) y que aún ahora permiten a los alemanes cubrir el mes.

 

En promedio, cada empleado trabajó 1.332 horas el año pasado, lo que supone 3,5 horas menos que en 2023. Además, el número de horas extra disminuyó, lo que afecta también de forma directa a los salarios. Los expertos creen que esta reducción general de la jornada refleja los cambios en el mercado laboral alemán. A medida que las empresas se adaptan a la evolución de las condiciones económicas y a las preferencias de los empleados, es posible que la tendencia hacia el trabajo a tiempo parcial siga en aumento con el consecuente impacto en los salarios.

 

Dentro las personas que necesitan de la renta complementaria para ‘sobrevivir’, «hay que reconocer que la mayoría de estas personas no trabajan a tiempo completo. La mayoría están en formación o trabajan a tiempo parcial», afirma Holger Schäfer, economista sénior de economía del mercado laboral del Instituto Económico Alemán de Colonia (IW). «El salario mínimo no servirá de nada en estos casos, porque la razón por la que la gente no puede ganarse la vida con sus ingresos no se debe al bajo salario por hora, sino a la escasez de horas trabajadas», apunta en un reportaje publicado por DW. Las cifras lo confirman: de los 826.000 trabajadores que reciben prestaciones, solo unos 81.000 trabajan a tiempo completo.

 

El rompecabezas del mercado laboral y las horas trabajados lo aborda un quirúrgico paper publicado este mes por el FMI: «También frena a Alemania el alto grado de estabilidad del empleo, reforzado por medidas como el trabajo a jornada reducida. Aunque esto pueda parecer positivo para la población activa, en realidad ha ralentizado el cambio estructural y la reasignación a sectores más productivos, ya que hay menos presión sobre las empresas y los empleados para que se adapten a una economía cambiante».

 

Nuevo Gobierno

La presión no puede ser mayor para el gobierno entrante tras el fracaso de los socialdemócratas del SPD. La alianza entre los dos partidos sistémicos (conservadores -CDU- y socialdemócratas -SPD-) ha insuflado algo de optimismo con su mesiánico estímulo fiscal y pretensiones al mismo tiempo de bajar impuestos y de subir el salario mínimo hasta los 15 euros la hora. Sin embargo, existen dudas de que los dos partidos tradicionales en el poder tengan el impulso reformista necesario visto lo ocurrido en las últimas décadas. Puertas adentro, ambos socios tendrán que lidiar con resistencias internas: si desde los conservadores (CDU) hay voces que abogan por una política con menos prestaciones y subsidios, ya que, denuncian, desincentivan el trabajo, en el SPD se defienden medidas como el Bürgergeld o la subida del salario mínimo.

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