
Un informe de la Comisión Europea señala que la inmensa mayoría de los trabajos creados en España se concentran en sectores poco productivos.
De un tiempo a esta parte, cada vez que se hacen públicos los datos de empleo en nuestro país tenemos al Gobierno de Pedro Sánchez saliendo a presumir de ellos, mientras se vanagloria de cómo crece el empleo, supuestamente por sus políticas. Sin embargo, en pocas o en ninguna ocasión se detienen a explicarnos cómo es ese empleo, cuál es su calidad o qué valor añadido aporta a la economía.
Gracias a un reciente informe de la Comisión Europea sobre España, podemos comprobar cómo el nuevo empleo creado en los últimos años se concentra, en su mayoría, en sectores de baja productividad, lo que impide que los salarios puedan crecer de manera sostenible.
Más del 82% de los nuevos empleos son de baja productividad
En este informe podemos leer que «la creación de empleo sigue concentrándose en varias actividades del sector servicios de menor productividad, lo que suscita preocupación en cuanto a la competitividad de la economía española. El crecimiento del empleo se ha caracterizado por una fuerte concentración de nuevos puestos de trabajo en sectores de baja productividad. A pesar de la señal positiva de creación de empleo en los sectores más productivos, los sectores de baja productividad representan más del 82% de los nuevos puestos de trabajo creados. La baja productividad limita el potencial de aumentos salariales sostenibles».
Es decir, más del 82% de los empleos que se han creado se concentran en sectores de baja productividad, lo que limita las potenciales subidas salariales, ya que en estos sectores no se puede aumentar la productividad tanto como en otros.
El estudio también señala que «a pesar de las mejoras, la calidad del empleo sigue siendo un reto persistente, en un contexto de crecimiento muy débil de la productividad. La tasa de pobreza de las personas empleadas está estancada en niveles relativamente elevados, en el contexto de una evolución moderada de los salarios reales y de la productividad que limita el potencial de aumentos salariales sostenibles».
Crítica al SMI y a sus efectos
Por otro lado, se puede leer que «el bajo crecimiento de los salarios reales, combinado con el fuerte crecimiento del salario mínimo, ha provocado una compresión del espectro salarial alrededor del salario mínimo, sin tener un efecto notable en la tasa de pobreza de las personas empleadas«.
Esto quiere decir que cada vez existen menos diferencias entre quienes cobran el salario mínimo y quienes cobran un poco más, además de que estas subidas no estarían siendo especialmente útiles a la hora de reducir la tasa de pobreza de las personas que trabajan.
A continuación, se nos dice que «en términos reales, el crecimiento del SMI sigue siendo modesto. En el pasado, la contribución a la recuperación de los salarios fue impulsada en parte por un aumento del 61% del SMI desde 2018 (hasta situarse en 1.184 euros al mes en 2025). Sin embargo, el aumento en términos reales del SMI registrado desde 2020 (un 1,2%) es de entre los más escasos de la UE, y las previsiones apuntan a que el crecimiento real de los salarios de los años 2026-2027 tampoco será muy pujante (un 0,6% y un 0,1%), situando a España en los niveles más bajos de la UE. Debido a los aumentos del SMI, se ha producido una mayor concentración en torno a los niveles más bajos de la distribución salarial, sin alteraciones sustanciales en la estructura salarial global».
Así pues, este análisis de la Comisión Europea retrata dos cosas en torno al empleo. Por un lado, que la inmensa mayoría de los trabajos creados se concentran en sectores poco productivos; por otro, que el efecto del SMI a la hora de reducir la pobreza no está siendo efectivo, ya que cada vez hay menos diferencia entre quienes cobran el SMI y quienes cobran un poco más.
fUENTE:Bruselas desmonta a Sánchez: el 82% del empleo creado es de baja productividad – Libre Mercado
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