La respuesta de Donald J. Trump, ante el repunte de las cifras de paro, cesar a la funcionaria responsable de la elaboración de estas estadísticas, ha supuesto una cuestión también sensible en nuestro país: la fiabilidad de los datos del mercado laboral
A diferencia de su homólogo estadounidense, el Gobierno de Pedro Sánchez no tiene muchos motivos para quejarse de la evolución del empleo, si bien en los últimos años hemos asistido a una intensificación del debate sobre la calidad de los registros, especialmente tras la reforma laboral. Pero el señalamiento de un supuesto maquillaje ha partido de la oposición y se ha esgrimido como ataque a los responsables políticos (es decir, los ministros del ramo), no a quienes tienen la competencia directa de recopilar los datos.
Las permanentes polémicas que rodean a otros organismos estadísticos, como el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), han abonado el terreno para la desconfianza sobre un posible intento de esos responsables políticos de «maquillar» los datos.
En España hay diversas estadísticas de empleo y desempleo, recopiladas y publicadas por organismos diferentes: los principales son el SEPE (que informa de registros de demandantes de empleo y parados, por un lado, y de contratos por otro), la TGSS (que analiza las afiliaciones) y el INE, que elabora de manera trimestral la Encuesta de Población Activa (EPA). Los responsables de los tres organismos son cargos políticos —es decir, los determina el Consejo de Ministros— pero esto no significa que tengan control directo sobre la elaboración de las cifras.
Empezando por el SEPE, los datos provienen de los registros de los servicios públicos autonómicos, que son los que tienen la competencia para gestionar las demandas de empleo. De hecho, en polémicas como la de los fijos discontinuos, las consejerías de Empleo ‘populares’ se han mantenido en silencio pues el aumento de los fijos discontinuos ha contribuido a reducir el paro, varias regiones ‘populares’ son las más beneficiadas.
En la TGSS la digitalización ha propiciado la mejora de la información que se puede obtener de los datos de afiliación y además no es un registro a último día de mes, como el del SEPE, sino una media de los afiliados, con el objetivo de reducir la volatilidad diaria de la afiliación. Se introdujo un nuevo modelo de datos desestacionalizados (reduciendo el efecto de la mencionada volatilidad), que arroja unos datos diferentes a los de la serie tradicional de afiliación media aunque la mayoría de los medios siguen utilizando como referencia la anterior estadística.
Por su parte, en el INE, dependiente del Ministerio de Economía, su metodología está coordinada con la Oficina Europea de Estadísticas (Eurostat), que usa estas cifras para sus propias estadísticas laborales.
Pero al margen de su intención, todos esos trabajos estadísticos (financiados con dinero público) exigen un rigor técnico y quedan sujetos a controles administrativos continuos. Además del escrutinio de los propios funcionarios.
El mayor problema no es ya la injerencia política en los datos de paro, sino la sospecha de que existe.
Fuente: ¿Y si Sánchez imita a Trump y despide a los responsables de contar el paro?



