TIEMPOS CONSPIRANOICOS: SÁNCHEZ, UN PRESIDENTE CON DÉFICIT DEMOCRÁTICO

 

Sus mentiras, su servilismo con los partidos que detestan a España y su admiración ilimitada por un personaje tan terriblemente oscuro como Zapatero, dan pie a la desconfianza sobre el comportamiento democrático del presidente.

 

A Sánchez, que debe de creer que los españoles son tontos, le faltó tiempo para salir en defensa de su fiscal general y declaró: «¿Quién va a pedir perdón?». Cabe una posibilidad: a lo mejor Sánchez no nos toma por imbéciles, sino que es el único español -tonto- que no comprendió que el borrado de los móviles eran la prueba más contundente de que el señor fiscal general del Estado quería deshacerse de los mensajes y llamadas que guardaban sus teléfonos

 

Días atrás ha pronunciado otra frase gloriosa cuando viajó a Latinoamérica y, junto a cuatro presidentes de la izquierda radical, dijo que en España «la corrupción generalizada y sistematizada se acabó en 2018». Hace falta tener muy poco respeto a los españoles y a uno mismo. Nunca en España ha habido un presidente con más personas procesadas pertenecientes a su entorno más cercano, familiar y político.

 

Estamos curados de espanto, pero en algún momento se acabará la actitud de socialistas que presumen de lealtad a las siglas porque defienden que hay que impedir que se abra paso un gobierno de ultraderecha. Algunos de sus supuestamente leales empiezan a confesar que están hartos de tragar con decisiones de Sánchez que les parecen inasumibles. La idea del voto en blanco empieza a abrirse paso.

 

Desde fuera del sanchismo surge una duda ¿Cuál es el grado de confianza que tiene Pedro Sánchez en sí mismo, en su Gobierno y en el equipo de dirección de su partido? Porque, si fuera un hombre seguro de que está trabajando bien por España no tendría miedo a convocar elecciones.

 

SUBVERSIÓN Y CORRUPCIÓN

No se trata de construir una teoría de la conspiración sino de observar un patrón que, con el paso de los años, se revela cada vez más consistente, a pesar de sus altibajos, chapuzas e improvisaciones.

 

Es verdad que la corrupción que envuelve al sanchismo es brutal. Pero detrás hay una hoja de ruta. Corrupción y totalitarismo no son incompatibles, son complementarios. El nazismo de Hitler y el fascismo de Mussolini , por no hablar del comunismo de Stalin y de nuestro franquismo, también estuvieron envueltos en una corrupción extraordinaria, con la que se enriquecieron tanto sus líderes como una tropa inacabable de oportunistas, intermediarios, conseguidores y empresarios sin escrúpulos. Los regímenes más ideologizados suelen estar atravesados por redes clientelares, corruptelas y cálculos de poder. La degeneración moral en estos casos no invalida el proyecto político: lo apuntala.

 

 

ZAPATERO: EL HOMBRE QUE VINO DE NINGUNA PARTE

Tras la estrepitosa derrota electoral de Joaquín Almunia en el 2000, el PSOE quedó en estado de shock. La mayoría absoluta conseguida por el PP el 12 de marzo de 2000 disparó todas las alarmas en el PSOE.

 

Se abrió entonces un proceso de sucesión interna donde el gran favorito era José Bono, presidente de Castilla-La Mancha, con una trayectoria mucho más conocida. Sin embargo, contra todo pronóstico, fue un gris diputado leonés, sin experiencia de gobierno ni peso mediático, quien se alzó con la Secretaría General.

 

Pocos en Ferraz le conocían y había quien lo recuerda como un personaje tan gris que se mimetizaba con las paredes de la sede socialista, sentado pacientemente a las puertas de algún despacho, aguardando turno para ser recibido. Que ese personaje acabara dirigiendo el partido y, más tarde, el país, no puede explicarse sólo por la voluntad personal o el azar.

 

Algunos analistas señalan que su triunfo se cimentó sobre todo en un conjunto de alianzas poco visibles, pactos de despacho y una operativa interna que aún hoy genera preguntas.

 

El 11 de marzo de 2004, tres días antes de las elecciones generales, un atentado terrorista sacudió Madrid. La torpe gestión del Gobierno de Aznar y el clima de tensión informativa alimentado desde Ferraz volcaron el resultado electoral a favor del PSOE. Zapatero, que hasta entonces no lideraba las encuestas ganó las elecciones y fue investido presidente. El atentado, que formalmente fue atribuido a una célula yihadista, no puede desvincularse del vuelco electoral que propició

 

Más allá de las dudas que rodean la investigación del 11-M, lo cierto es que el PSOE se benefició de forma directa. Fue a partir de entonces cuando se inició una transformación radical del sistema político español: negociación con ETA, reformas estatutarias en Cataluña que desbordaban la Constitución, y una nueva política exterior alineada con actores antes marginales como Venezuela o Marruecos.

 

PEDRO SÁNCHEZ: EL MISMO MANUAL

En 2014, Pedro Sánchez apareció como un candidato de recambio tras la crisis abierta por Alfredo Pérez Rubalcaba. Sólo un grupo testimonial de dirigentes le apoyó. Sin embargo, logró imponerse en unas primarias en las que se detectaron irregularidades y falta de control en el voto.

 

Tras su caída en 2016, orquestada por el Comité Federal del PSOE, Sánchez inició una campaña paralela. «La banda del Peugeot recorrió España en un coche que funcionaba con ilusión y poco más. Pero, ¿de dónde salía el dinero para esa tournée?

 

Las similitudes entre Zapatero y Sánchez son tan evidentes que parecen sacadas de un manual de «Cómo tomar un partido por asalto»: ascenso inesperado, construcción de poder al margen de las estructuras visibles, financiación opaca, uso intensivo del aparato mediático y una agenda internacional alejada de los intereses estratégicos de España. En ambos casos, el milagro se produjo entre tinieblas.

 

Esta fórmula, aplicada con éxito en dos momentos distintos, parece responder a la estrategia de tomar al asalto desde dentro el PSOE. El vaciamiento ideológico del PSOE, rellenado con el falso feminismo, el dogmatismo climático y el wokismo del socialismo del siglo XXI; su reorientación hacia alianzas políticas con fuerzas rupturistas; y su progresivo alejamiento del eje atlántico son indicios insoslayables de un cambio de paradigma.

 

El resultado es una España institucionalmente más débil,  sometida a tensiones centrífugas sin precedentes desde la Transición… y geoestratégicamente vendida.

 

Es verdad que la crisis financiera global de 2008 —la llamada Gran Recesión— supuso un freno inesperado de esa estrategia ese paréntesis lo ocuparon los años de Gobierno de Mariano Rajoy, que se limitó a una gestión tecnocrática, rehuyendo la confrontación política y así Sánchez accedió al Gobierno por la puerta de atrás y la estrategia se reinició con impulso renovado y ha durado ya demasiados años y demasiadas miserias de toda índole.

 

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