Los partidarios del magnicidio han provocado la muerte de reyes, presidentes del Estado y de Gobierno durante los meses más calurosos del año
Parece que el verano es la época idónea para los magnicidios. En lo único en que se han puesto de acuerdo anarquistas, etarras, miembros del IRA, nacionalistas radicales de todo pelaje o simples asesinos. La lista es larga, pues parece que el calor estival es un buen momento para tirotear, volar, apuñalar… a las personas más poderosas del planeta.
El magnicidio que más ha influido en la historia del mundo es el producido en Sarajevo 28 de junio 1914, un atentado que provocó la muerte del heredero del trono austro-húngaro, el archiduque Francisco Fernando y su mujer, por nacionalistas serbios. Este asesinato provocó el estallido de la Primera Guerra Mundial que trajo el advenimiento de un mundo nuevo en el que iban a desaparecer cuatro imperios: alemán, austro-húngaro, ruso y turco.
El magnicidio más exitoso desde el punto de vista de los terroristas fue cometido por el IRA, por las víctimas que provocó, contra lord Mountbatten, el 27 de agosto de 1979. El IRA había logrado introducir la noche anterior una bomba de 23 kilos en el barco en el que iban a navegar e hicieron detonar su bomba por control remoto, asesinando en el acto al nieto de Mountbatten, Nicholas, de 14 años, y al grumete de 15 años e hiriendo gravemente al resto de los tripulantes. Lord Mountbatten aún vivía cuando unos pescadores lograron rescatarle pero cuando llegó a la costa ya estaba muerto. La misma suerte corrió al día siguiente en el hospital su consuegra.
El 28 de julio de 1872 tuvo lugar el atentado fallido contra Amadeo I de Saboya, de camino al Palacio del Retiro durante sus salidas nocturnas para hacerse popular entre la población. En la esquina de la calle Arenal, Amadeo y su mujer María Victoria fueron atados por un grupo de hombres. Los reyes salieron ilesos. Nunca se supo la autoría del atentado ya que los dos bandos políticos se echaron la culpa mutuamente.
El 20 de junio de 1893 se produjo un atentado mediante bomba en la casa de Cánovas del Castillo. La bomba estalla en las manos del terrorista anarquista que la puso. El próximo 8 de agosto será el 125 aniversario del asesinato de Antonio Cánovas en 1897 mientras tomaba las aguas en el balneario de Santa Águeda en Mondragón (Guipuzcoa). El presidente del gobierno recibió tres tiros que le causaron la muerte mientras leía los periódicos. Iba sin escolta.
El 24 de septiembre de 1893 tuvo lugar el atentado fallido al general Arsenio Martínez Campos, gobernador militar de Cataluña, durante un desfile militar en la Gran Vía de Barcelona. El autor del atentado lanzó dos bombas contra las patas del caballo y lateral del carro del capitán general al grito de «Viva la Anarquía», causándole heridas leves a él y matando a un guardia civil
En 7 de junio de 1896 tuvo lugar el atentado contra la Procesión del Corpus en Barcelona. Los autores del atentado lanzaron un artefacto explosivo, desde una ventana de un piso alto, en el momento en que la Procesión del Corpus de la Iglesia de Santa María atravesaba la confluencia de las calles de los Cambios nuevos y Arenas del Cambio, causando la muerte de 12 personas, que eran ciudadanos corrientes. Las principales personalidades y autoridades públicas iban tras la custodia y no se vieron afectados.
El 22 de julio de 1910 tuvo lugar en Barcelona el segundo atentado fallido contra Antonio Maura, cuando se encontraba en la estación de Francia en Barcelona con rumbo a Palma de Mallorca. Maura recibe tres disparos a quemarropa en presencia de su familia. El 7 de julio de 1910 en una jornada en el Congreso, el líder y fundador del PSOE, Pablo Iglesias, había pronunciado las siguientes palabras: «el partido que yo aquí represento aspira a concluir con los antagonismos sociales […] estaremos en la legalidad mientras la legalidad nos permita adquirir lo que necesitamos; fuera de la legalidad cuando ella no nos permita realizar nuestras aspiraciones […] hemos llegado al extremo de considerar que antes que Su Señoría suba al poder debemos llegar al atentado personal.” Al día siguiente del atentado se formuló una protesta en el Congreso a la que Pablo Iglesias no se adhirió.
De los cuatro presidentes estadounidenses asesinados, dos de ellos lo fueron en verano: James A. Garfield (2 de julio de 1881) y McKinley (6 de septiembre de 1901). Los otros dos son Lincoln y Kennedy.
Un primer ministro francés, Alexandre Millerand, y un ministro de exteriores alemán, Walther Rathenau, fueron asesinados en julio de 1922. El primero muerto a tiros por un anarquista, el segundo por miembros de un grupo ultranacionalista alemán.
De Gaulle sufrió varios intentos de asesinato. En agosto de 1944, cuando celebraba la liberación de París por primera vez, fue tiroteado en pleno desfile. El 22 de agosto de 1962 la OAS intentó asesinarlo en el famoso atentado de Petit Clamart. Las catorce balas que impactaron en el Citröen de De Gaulle no causaron ningún herido.
Los casi desconocidos atentados perpetrados contra Franco han tenido casi siempre un claro espíritu veraniego. Un grupo guerrillero ametralló el coche del general Franco cuando inauguraba en Ponferrada, el 28 julio de 1949, la central térmica de Compostilla. Once años después, 20 agosto de 1960, un grupo anarquista intentó asesinar a Franco cuando estaba de vacaciones en San Sebastián.
En julio de 1995 ETA intentó asesinar, sin llegar a cometer el atentado, al entonces Rey Juan Carlos I. La Audiencia Nacional condenó a los etarras a 109 años de prisión el 21 de julio de 1997 y reflejó en la sentencia que el ahora ex monarca estuvo en tres ocasiones en el punto de mira de Sertucha, el francotirador etarra, que no disparó porque no tenía forma de huir.
El verano parece ser la estación para el asesinato de grandes personalidades,
para cometer un magnicidio.
OJO QUE ESTAMOS EN VERANO Y AL PARECER LOS CALORES DESQUICIAN




