PEDRO SANCHEZ: EL ESTADO SOY YO, ALGO HUELE A PODRIDO

El Estado soy yo es una frase apócrifa que Luis XIV de Francia habría pronunciado el 13 de abril de 1655 ante el Parlamento de París, a los dieciséis años de edad. Se duda que tal anécdota sea verídica pero lo que sí está documentado es que, en esa fecha, y ante el propio Parlement, el rey decretó diecisiete edictos tendentes a aumentar la recaudación fiscal. En el sistema feudal de Francia los señores de Versalles estuvieron directamente por debajo del rey de Francia, sin jefes supremos intermediarios entre ellos y el rey; y así Versalles se constituyó en una cárcel de cristal de la nobleza y aristocracia francesa que se distrajo en intrigas palaciegas internas dejando a Luis XIV como figura intocable, quien en su lecho de muerte (1715) dijo: «Me marcho, pero el Estado siempre permanecerá».

No deja de ser curioso que a su nieto y sucesor Luis XV, se le atribuya una frase mucho más displicente:  «Después de mí, el diluvio» como efectivamente ocurrió con su nieto y sucesor Luis XVI que acabó en la guillotina y fue el preludio de la I república francesa

 

Pedro Sánchez llegó como una especie de esperanza blanca después de Zapatero, pero ha abandonado la socialdemocracia por el populismo radical. Nadie como él implantó el fervoroso culto al líder. Frío, ególatra, con un sentido patrimonial del Estado y obsesionado hasta el paroxismo por el poder. El perfil de Pedro Sánchez Pérez-Castejón es claramente el de un narcisista sin medida, un caudillo indiscutible al que idolatran los suyos, algunos de los cuales le defenestraron como secretario general del PSOE pero luego, cuando resucitó de las cenizas por la militancia, engrosaron el club de los serviles a costa del erario público. Nadie puede dudar que el líder socialista ha practicado un exclusivo estilo de hacer política. Ha abandonado la socialdemocracia por el populismo radical, se ha vendido a los extremistas a quienes otorgó asientos en su Gobierno, ha mantenido una rendición sin precedentes ante los independentistas sin importarle trocear España, ha invadido el Poder Judicial, ha despreciado a los periodistas críticos, ha colonizado las instituciones, ha destrozado los pilares de una economía moderada con una salvaje fiscalidad, ha exhibido las mayores cifras de paro de toda Europa a pesar de la manipulación de las cifras oficiales de desempleo y se ha alineado en política exterior con las dictaduras latinoamericanas y teocráticas islamistas. En resumen un presidente agarrado a la silla para mantener el poder a toda costa. Un profesional del orden y mando sin atisbo de crítica o discusión.

 

Curiosamente, cuando llegó al liderazgo del PSOE se le definía como un joven formado, moderado y sin pasado contaminado. Eran las mejores credenciales de un diputado, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, desconocido para la mayoría, aunque ya bien conectado en la sombra con las Federaciones del PSOE. La presidencia de Sánchez está siendo nefasta y sus legislaturas, las más broncas y frágiles de la democracia. Pero su ego desmedido, su osadía sin límites, le han llevado a ejercer el poder con aquel lema de Luis XIV, el Rey Sol: «El Estado soy yo». Admirador desde niño de la Revolución Francesa y la Ilustración. Decían de él que era un político valiente y de savia nueva.

 

Cuando le echaron del liderazgo del partido y dejó su escaño en el Congreso, se metió en su coche de toda la vida, recorrió España entera, encandiló a la militancia y venció a Susana Díaz. Él solito contra el poderoso aparato del partido. Tras la moción de censura que expulsó a Mariano Rajoy, la transformación de Pedro fue vertiginosa. Se entregó a los radicales de Podemos y a los separatistas para mantener el poder como fuera, ejerció un control férreo del PSOE, al que ya solo le queda la «S» de Sánchez, y ejecutó un cordón sanitario contra el PP con el único discurso de frenar a la derecha y la ultraderecha, la «fachosfera», palabra acuñada por él, levantando muros que dividan a los españoles. Mantiene un lenguaje guerracivilista y una obsesión patológica por seguir en La Moncloa. Pedro Sánchez, un día la esperanza blanca, ha convertido al Gobierno y al PSOE en una organización dictatorial y devota hacia su persona rodeada de numerosos casos de escándalos y corrupción que le acosan incluso a título personal y familiar.

 

¡ALGO HUELE A PODRIDO Y TODOS SABEMOS DE DONDE VIENE ESE OLOR A CADÁVER!

SÁNCHEZ NO SÓLO ESTÁ MUERTO, EL PROBLEMA ES QUE NO QUIERE ADMITIRLO Y ARRASA CONTRA TODO LO QUE AÚN ESTÁ VIVO A DÍA DE HOY

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