PEDRO SÁNCHEZ ANTE EL ESPEJO. DE PEDRO ‘EL GUAPO’ A PEDRO ‘EL DEMACRADO’

 

Sus fotos parecen el retrato de Dorian Gray. Pero Sánchez no ha vendido su alma al diablo, sino que nos ha vendido a todos los españoles

La historia del Retrato de Dorian Grey (Óscar Wilde) gira en torno al joven Dorian Gray cuyo retrato es pintado por un artista y amigo encaprichado con la belleza de Dorian. Dorian queda cautivado con la visión hedonista del mundo por el aristócrata: que la belleza y la satisfacción sensual son las únicas cosas que merece la pena perseguir en la vida. Tras comprender que su belleza se desvanecerá, Dorian expresa su deseo de vender su alma para asegurarse de que sea el cuadro, y no él, quien envejezca y se desvanezca. El deseo es concedido, y Dorian se mantiene joven y bello; mientras tanto, su retrato envejece y registra visualmente cada uno de sus pecados 

 

Cabe destacar que uno de los motivos del éxito de Pedro Sánchez ha sido su belleza, el conocido como efecto halo, por el cual tendemos a valorar mejor a las personas que consideramos atractivas, y eso puede influir en que le atribuyamos otras consideraciones positivas solo por su aspecto físico. Pero no solo han ido cayendo una a una todas las máscaras con las que había construido su imagen pública, además su aspecto desmejorado y su maquillaje parecen el retrato de Dorian Gray.

 

 

Es habitual referirse a Pedro Sánchez como un narcisista, término de origen en un mito grecolatino. Narciso era un joven de gran belleza que se enamoró de sí mismo al ver su imagen en el arroyo y, tras contemplarse absorto y ser incapaz de separarse de su reflejo, acabó arrojándose al agua y en el lugar donde estaba nació una hermosa flor: el narciso.

 

Una persona narcisista presenta los siguientes rasgos: sentido grandioso de la importancia con logros y talentos exagerados; fantasías de éxito ilimitado, poder y belleza; demanda excesiva de admiración, explotación de las relaciones interpersonales para fines propios; falta de empatía y comportamiento arrogante y engreído. A simple vista, da la impresión de que Pedro Sánchez se ajusta bastante a esta caracterización: «yo estoy bien», «si quieren ayuda, que la pidan» o «son las 5 y no he comido».

 

Según los especialistas Sánchez lleva hilos tensores en los pómulos, y como ha perdido mucho peso, ahora se ven perfectamente. Son tratamientos biocompatibles, pero que no se reabsorben, de hecho forman síntesis de tejido alrededor del hilo, incrementando el grosor del mismo, y si el paciente adelgaza se puede ver en dónde se los implantaron.

 

Sánchez ha adelgazado, tensado su postura, camina de manera más rígida, mira de manera más agresiva y sonríe de forma más irónica despectiva. Pelea por mantener lo estético compensando la tensión interna pues está viviendo con una inquietud que se le nota por fuera. Eso sí, su lema es resistir hasta el final y va a aguantar el tipo hasta que le echen sus socios o que haya una moción.

 

Sánchez padece ansiedad: se le nota en la mandíbula, en los músculos maseteros. Descarga la energía apretando los dientes, y probablemente tenga bruxismo (rechina, aprieta o cruje los dientes ) también padece onicofagia (morderse las uñas). El presidente no puede disfrutar de cosas tan sencillas como que le dé el sol o el aire, tomarse un café, relajarse. No puede salir a la calle [escena de su viaje a Paiporta]: le insultan, le increpan, a cada sitio donde va tiene que llevar un perímetro de seguridad inmenso.

 

Sánchez no presenta trastorno alguno desde la perspectiva psiquiátrica. No es un psicópata como dicen sus enemigos, pero su personalidad tiene núcleos interesantes: autoestima desmedida, narcisismo, afectividad baja. Poca autocrítica, lo que se llama vulgarmente soberbia, y negación de la realidad», algo que comparte con muchos otros políticos. Para él es vital su imagen. Se preocupa de sí mismo como figura en el centro de un escenario. De aquí su porte, su mirada, sus sonrisas controladas, su forma de dar la mano o sentarse.Un organismo así corre el riesgo psicológico de caer caiga en un cuadro de paranoia política, es decir, que pierda el contacto con la realidad, no crea lo que le dicen y no lo vea y se fabrique un mundo interior al que acantonarse patológicamente».

 

Sánchez niega la realidad [no convoca elecciones] y se inventa un relato [un plan de lucha contra la corrupción] para escapar del panorama horroroso en el que vive y que piensa no es cosa suya. Claro ejemplo de una autocrítica bajísima. Para él todos le han traicionado, él es un alma pura y no se siente responsable.

 

Sin duda, de entre todos los asuntos que le han afeado al presidente, el que más le ha afectado fue el de su mujer, Begoña Gómez, pero no porque esté ‘profundamente enamorado’ a estas alturas del matrimonio, si no porque al atacar a su mujer siente como si le atacaran a él en su núcleo.

 

Paradójicamente, esa persona que magnifica su grandiosidad es un ser vacío que no se gusta y necesita recurrir a las máscaras para mostrar una imagen mejorada. Todo, absolutamente todo en Sánchez, excepto su ambición desmedida, es máscara y falsedad.

 

Se presentó como el adalid del feminismo, pero lo cierto es que sus personas de confianza son unos puteros y él mismo ha vivido gran parte de su vida adulta del lucrativo negocio del lenocinio de su familia política. Junto a su esposa (que ha llegado a encabezar manifestaciones feministas a favor de la abolición de la prostitución) creó el relato de que era una ejecutiva con una brillante trayectoria académica cuando, en realidad no tiene ni una mala licenciatura, claro que tampoco Sánchez le va a la zaga con su tesis doctoral plagiada.

 

El problema es que Sánchez no ha vendido su alma al diablo, sino que nos ha vendido a todos los españoles para poder permanecer en el poder.

 

0 0 votes
Article Rating
Suscribirme
Notificarme de
guest
0 Comments
Recientes
Antiguos Más Votado
Inline Feedbacks
View all comments